{"id":1144,"date":"2021-04-30T09:00:12","date_gmt":"2021-04-30T09:00:12","guid":{"rendered":"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1144"},"modified":"2023-11-18T23:47:43","modified_gmt":"2023-11-18T23:47:43","slug":"el-camino-retomado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1144","title":{"rendered":"EL CAMINO RETOMADO"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\"><strong>Unos peque\u00f1os apuntes, devorados progresivamente por espectros, sobre <em>The Place Where the Sun Sits<\/em> [<em>Taiy\u00f4 no suwaru basho<\/em>] (Hitoshi Yazaki, 2014). Porci\u00f3n chica de un filme inabarcable, poblado de enigmas.<\/strong><\/p>\n<p><strong>1.<\/strong> <u>VENTILADORES Y P\u00c9TALOS<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>A vosotros toca, si vuestros corazones no desmayan, profundizar y resolver; en cuanto a m\u00ed, pobre cuentista, voy a mostraros unos destinos horribles entre todos los destinos. Ser\u00e9is mucho m\u00e1s felices que yo si pod\u00e9is creer que una Providencia ha sido el tejedor de semejantes vidas, y si pod\u00e9is descubrir el objetivo y la misi\u00f3n de existencias como \u00e9stas.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><em>Madame Putifar<\/em>, P\u00e9trus Borel (El Lic\u00e1ntropo)<\/p>\n<p align=\"justify\">Elegir mostrar una sucesi\u00f3n de acontecimientos separados por diez a\u00f1os de diferencia, y entresacar de ellos los paralelismos, brechas, heridas y pasiones enterradas, no es tarea f\u00e1cil. Exige a un cineasta, antes escritor, en primer lugar lector de una novela (Mizuki Tsujimura), plantearse un esqueleto s\u00f3lido, un andamiaje desde el que viajar y retornar, tomar el billete de ida y cambiarse de tren a mitad de trayecto, sin que en este transbordo se produzca una barata concomitancia entre lo que fue, es y seguir\u00e1 siendo. En otras palabras, el <em>match cut<\/em> como el amigo peligroso con el que irnos de fiesta una mala noche, a sabiendas de que volveremos a terminar en la cuneta rememorando los motivos de que <em>Laura era as\u00ed, y porque no se atrevi\u00f3 a pedir la mano a fulano, ahora est\u00e1 con mengano<\/em>. S\u00ed, es lindo, permaneceremos sentados fingi\u00e9ndonos camaradas y novelaremos nuestras vidas para, juntos los dos, hacernos creer en una suerte de senda marcada. Al traste con esas madrugadas. Las concordancias, aqu\u00ed, se dan en diagonal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que sorprende, extra\u00f1a y desconcierta en esta historia situada en dos momentos en el tiempo, instituto y trabajo, los que viven en la capital, Tokio, y los que permanecen en el lugar de nacimiento, es la insistencia queda en no reconciliar no ya lo ocurrido con lo hoga\u00f1o, sino el presente con vagos signos en demas\u00eda directos, frontalmente literarios. Son dos las personas que vivieron una serie de experiencias vitales en sus a\u00f1os de estudiantes. Presentadora de radio y televisi\u00f3n por un lado, actriz de notable fama por otro. Kyoko Takama y Kyoko Suzuhara, mismo nombre, diferente apellido. La llegada a la escuela de la segunda, nueva alumna en clase, es recibida por su futura amiga con una ligera turbaci\u00f3n, alguien que mira al otro asombrado ligeramente, tambi\u00e9n intimidado, porque ve en \u00e9l una ingenuidad peque\u00f1ita; quiz\u00e1 la observadora se encuentre perdida en su propio trayecto, desviada hacia una posici\u00f3n emocional esquiva, arisca y dubitativa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El plano medio del descubrimiento est\u00e1 acompa\u00f1ado de un movimiento, y es el del pelo de la chica, movido artificialmente por una fuente externa, decisi\u00f3n consciente del cineasta de a\u00f1adir algo de peque\u00f1a epifan\u00eda, en retrospectiva, a un instante en negrilla para el l\u00e1piz del futuro bi\u00f3grafo. Despu\u00e9s de que Takama sienta su cabello airearse por la ventana abierta de la clase, dentro de la di\u00e9gesis del filme, arrebata el contraplano: Suzuhara mira al fuera de campo del exterior mientras unos p\u00e9talos ennoblecen y ani\u00f1an su talle. Vuelta a Takama, que pretende acercarse a la moza, al regresar al contracampo, la c\u00e1mara se aproxima temblorosa hacia la nueva estudiante, ya no cae ning\u00fan p\u00e9talo, pero es cuando el movimiento del aparato remata y la reci\u00e9n llegada se da cuenta de que est\u00e1 siendo observada y, en consecuencia, examina tambi\u00e9n, que vuelven a derramarse unas pocas hojas m\u00e1s. Un peque\u00f1o detalle, deudor en grado cero del accidente, una pizca de <em>manierismo digital<\/em> que no llega a recargar lo suficiente la imagen de pictorialismo remilgado. Breve encuentro, unos signos para la vida. El ventilador y unos p\u00e9talos de m\u00e1s. El destello de las miradas cruzadas permanecer\u00e1 en nuestro inconsciente, y al retomar el filme, deseosos de atar los cabos y reconocer ya todos los nombres desde el comienzo, se produce la bella confluencia: Takama mira con genuino inter\u00e9s, pero algo la llama a alejarse, marcar distancia, comenzar el recreo de las iron\u00edas bordando la doblez. Suzuhara, no obstante, permanece at\u00f3nita, la espectadora moral y silenciosa de los a\u00f1os que recorren su calendario. Ambas escriben su nombre en la pizarra, pero en plano detalle el de la chica silenciosa es borrado por la mano de Takama. No sabemos de qui\u00e9n es la extremidad, un espectador occidental ni discernir\u00e1 a ciencia cierta qu\u00e9 es lo que escribe a cambio del apellido previo, pero intuir\u00e1 que se trata del apelativo que segundos antes hab\u00eda concedido a su nueva compa\u00f1era: Rin-chan. Un tiempo despu\u00e9s, todav\u00eda en la problem\u00e1tica juventud, en la ruptura de su amistad, el sobrenombre ser\u00e1 borrado y el apellido original restituido al entrometerse una supuesta <em>traici\u00f3n<\/em> en el v\u00ednculo.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-1.png\" alt=\"The Place Where the Sun Sits (Hitoshi Yazaki, 2014)-1\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1165\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-1.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-1-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-1-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-1-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-2.png\" alt=\"The Place Where the Sun Sits (Hitoshi Yazaki, 2014)-2\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1166\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-2.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-2-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-2-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-2-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><strong>2.<\/strong> <u>YUKI MIZUKAMI DIVISA EL CIELO Y EL CLIMA ENMUDECE<\/u><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><em>Podr\u00e1s tener mil romances, nunca con sinceridad<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><em>No huyas de m\u00ed<\/em>, versi\u00f3n ac\u00fastica (Kenny y los El\u00e9ctricos)<\/p>\n<p align=\"justify\">Ella es el personaje que recorre el filme paralelizando sus estrategias, denotando su marabunta emocional en reserva, a la manera de los int\u00e9rpretes que, desde nuestra infancia, llevamos en nuestro coraz\u00f3n y no nos abandonan, una Ruby Gentry japonesa, a la que podr\u00edamos ver matando despu\u00e9s de llenarse de ilusi\u00f3n ante una tarta regalada por pap\u00e1, pues as\u00ed operaba el cambio de sentimientos, de v\u00e9rtigo como una ruleta rusa, que una vez domin\u00f3 con mano firme esa gran factor\u00eda de pesadillas americanas. La primera vez que uno ve este filme, Yuki no impresiona, se escapan las intenciones de esta mujer por momentos de luto, en otros con el m\u00e1s inocente pijama casero, al por lo menos firmante. Claro, ella viaj\u00f3 a la capital, a Tokio, dejando atr\u00e1s el pasado \u2500algo a lo que volver con cuidado\u2500, no sea que vaya a matar nuestra amada con reparos independencia. Diez a\u00f1os antes de ser un nombre de relumbre en el mundo del dise\u00f1o bajo la marca <em>Holly<\/em>, so\u00f1aba con Audrey Hepburn y rele\u00eda la novela de Capote que luego adapt\u00f3 Blake Edwards, repitiendo continuamente esos desayunos en Tiffany&#8217;s. Quer\u00eda conseguir esa gracia, independencia y libertad de la Golightly. Como la chica guapa pero sin despampanar al m\u00e1s chulo de la clase, Kiyose, comparte confidencias con la \u201crara\u201d, maltratada y finalmente decidida Michiko. Juntas se reparten auriculares mientras Yuki presume de jersey nuevo. Pero del cari\u00f1o a la crueldad, cuando se es joven, median unos d\u00edas, un deseo de cambiar de bando, quiz\u00e1 de ser perverso por el mero hecho de saber qu\u00e9 se siente <em>por una vez en la vida<\/em>. As\u00ed, unos tejemanejes que no viene a cuento desgajar hacen que, puesta del lado de Takama, desprecie la confianza de su amiga inadaptada, y termine propiciando su encierro en la sala oscura del campo de baloncesto del polideportivo. Una oscuridad que atrapar\u00e1 <em>tanto<\/em> en <em>off<\/em> a la pobre Michiko que, despu\u00e9s de las tinieblas, resta un plano de ella huyendo en bicicleta hacia el pueblo, lejos del instituto y las absurdas luchas de egos entre las chavalas. Por medio de Suzuhara, hallaremos que una d\u00e9cada m\u00e1s tarde ya es ama de casa y madre de dos hijos en Niigata. Nos quedamos tranquilos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Yuki, \u00bfqu\u00e9 es de ella? Pues al final tambi\u00e9n sufre el despecho de Takama, en la forma de un robo de falda. La inmediata reacci\u00f3n es seca, sin concesiones, tan evasiva como sus miradas a un eclipse, acompa\u00f1ada de multitud de colegiales, ataviada con unas gafas de cartulina. La emoci\u00f3n indefinida que me posee al contemplar este avistamiento por segunda vez me trae a la cabeza las ojeadas al fuera de campo de la librer\u00eda de Jenny en <em>Le champignon des Carpathes <\/em>(Jean-Claude Biette, 1990). Aqu\u00ed Yazaki ni le filma los ojos, pues est\u00e1n tapados, sin embargo, ella mira algo que se le escapa, conforme a nosotros se nos escapa ella, y en esta red donde nos perdemos personajes y espectador sentimos v\u00e9rtigo, la trepidaci\u00f3n minimal del cine que nos echa por la borda del precipicio y luego nos recoge con una cuerda de dudosa firmeza, no vaya a ser que pillemos confianza excesiva.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el presente, tras volver al hogar familiar, la vemos de nuevo como una ni\u00f1a. Antes hab\u00edamos comprobado lo arisca y <em>tierna<\/em> que era al mismo tiempo con Shimazu, enamorado en secreto de ella; lamentablemente para \u00e9l, en diez a\u00f1os da la sensaci\u00f3n de que esa ternura nunca se manifest\u00f3 directamente, o con la intensidad deseada. Al infortunado le quedaban unos vistazos r\u00e1pidos a uno de los fetiches de su deseada Yuki: su nombre impreso en sus posesiones m\u00e1s \u00edntimas, del almuerzo a la ropa interior. Los fantasmas de la juventud desembocan en obsesi\u00f3n y erotoman\u00eda, filmada entre maniqu\u00edes ese oscuro objeto del deseo, en una noche pasajera y que deseamos dure sin reparos, como cuando se introduce la luna llena en las pel\u00edculas que guardamos en nuestro esp\u00edritu, desde una Roma amedentradora avizorada por Monte Hellman en <em>Road to Nowhere<\/em> (2010) hasta las luces inacabables de las metr\u00f3polis digitales de Michael Mann. El juego entre Yuki y Shimazu se prolonga, con un gato sostenido por el macho al que se proh\u00edbe entrar en la habitaci\u00f3n femenina, tan delicadamente ataviada de objetos banales como en <em>Strawberry Shortcakes <\/em>(Yazaki, 2006) lo estaban las de las cuatro chicas (atenci\u00f3n a la manopla encima de la lamparita, qu\u00e9 bella imagen, innecesaria explicaci\u00f3n, pero es<em> tan<\/em> de Yuki\u2026).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De vuelta a la casa familiar, la visi\u00f3n de Takama en la televisi\u00f3n le trae de regreso las travesuras m\u00e1s inocentes a la mente, lo percibimos en su sonrisa, en ese decirle a pap\u00e1 que vaya comiendo, pero en el exterior, la llamada a Suzuhara, ahora ocupada en el proscenio enfrente de un rinoceronte de atrezo, le trae de vuelta la confusi\u00f3n sentimental. La actriz no tiene tiempo para hablar del pasado, una vez que, sin ganas de revivir viejas batallas, Yuki menciona el nombre de Takama. El cambio sucede, en la atm\u00f3sfera (las nubes asolan el cielo), en la localizaci\u00f3n, de los tejados al cementerio, donde en un mismo plano pero pas\u00e1ndose el turno se cruzar\u00e1 la Yuki del pasado con la presente, de luto, yendo a visitar a su abuela, deseando que pueda volver una y otra vez para desahogar sus penas ante la l\u00e1pida. Los confidentes de la <em>femme fatale<\/em> son los muertos. El humo de incienso ahoga la pantalla con la muesca libertaria del tufo de los cigarrillos de Kyoko y Ema en <em>Mubans\u00f4<\/em> (Yazaki, 2016), fumando al lado de un r\u00edo en un atardecer que seguimos sin poder olvidar. Se reporta, al t\u00e9rmino de la oraci\u00f3n, un cambio en Yuki, y despu\u00e9s de una \u00faltima llamada a Shimazu, su eterno rechazado, para decirle que est\u00e1 en la Quinta Avenida de Nueva York, mira al cielo, sin eclipse esta vez, se inclina ligeramente a modo de reverencia y la c\u00e1mara, en un paneo sin grandes aspavientos, pero efectuado por un consciente Yazaki de que ser\u00e1 la \u00faltima vez que la muchacha se manifieste ante nuestros ojos, la muestra bajando las l\u00e1pidas, escaleras abajo, mientras un tren pasa, uno de tantos. Yuki desciende de <em>la monta\u00f1a m\u00e1s alta<\/em>, en medio de los muertos, como Mary Elizabeth y el reverendo William Asbury en el filme de Henry King (1951). Al esfumarse esta escena en el tiempo, creo con sinceridad que es el personaje m\u00e1s atravesado que ha filmado el director japon\u00e9s; ella est\u00e1 sobre la tierra, perpetuo acertijo, sin materializarse claramente su sana y pel\u00edn maligna perversidad \u2500pienso en la Reiko de <em>Banka<\/em> (Heinosuke Gosho, 1957)\u2500, y de manera simult\u00e1nea auguramos que a nadie le costar\u00e1 m\u00e1s dejar de lado el pasado, pues cada personaje, en este filme de encuadres poco simpatizantes con el espectador en busca de <em>im\u00e1genes nuevas<\/em> (malditos ingenuos somos, pero ojal\u00e1 no mudemos el car\u00e1cter), se enfrenta a los rastros de su historia mediante diversas estrategias, teniendo invariablemente que ver con una elecci\u00f3n: d\u00f3nde residir, c\u00f3mo gesticular y bajo qu\u00e9 guisa hablar en relaci\u00f3n a esos a\u00f1os donde un c\u00edrculo de siete muchachas riendo y so\u00f1ando con el mundo por venir, mientras eran golpeadas en sus tiernas faces por el reflejo de los CDs de los muchachos llenos de bravura al impactar el sol en su pl\u00e1stico, cre\u00eda en secreto que <em>el grupo era para siempre<\/em>, como cualquier persona de diecis\u00e9is a\u00f1os con una m\u00ednima ilusi\u00f3n por el ma\u00f1ana.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-3.png\" alt=\"The Place Where the Sun Sits (Hitoshi Yazaki, 2014)-3\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1167\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-3.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-3-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-3-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-3-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-4.png\" alt=\"The Place Where the Sun Sits (Hitoshi Yazaki, 2014)-4\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1168\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-4.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-4-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-4-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/The-Place-Where-the-Sun-Sits-Hitoshi-Yazaki-2014-4-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><strong>3.<\/strong> <u>A T\u00cdTULO DE HASTA LUEGO<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">El futuro, en el filme de Yazaki, no se estructura en base a la dualidad de dos estudiantes, como todo parece indicar en la primera escena del filme, al contrario, se desconfigura, manteniendo su insistente firmeza, a la larga la que nos despista, para luego volver a recolocarse, guiados por miradas silenciosas que intentan hacer las paces, desde el pasado, desde el presente, Suzuhara invit\u00e1ndonos en el instituto a escucharla y verla tocar el piano, Takama sellando con la piedra (anta\u00f1o el s\u00edmbolo de la ruptura sentimental, ahora capituladora del \u00e1lbum de los recuerdos escolares), Shimazu haciendo la mudanza \u2500en medio de ella nos despedimos de su semblante l\u00e1nguido\u2500.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Retrocedemos a la sala oscura, aquella donde Takama se hac\u00eda ilusiones de ser Amaterasu (busquen la historia de Ama-no-Iwato en cualquier libro, les har\u00e1 pasar un feliz rato), sintiendo que all\u00ed, en las cuevas, en la sala de los trastos del instituto, era ba\u00f1ada por la luz que los de afuera hab\u00edan perdido. Al cabo del relato, la asunci\u00f3n de lo que se ha ido abandonando por el camino de los a\u00f1os desola hasta hacer llorar, una amiga, un amor, las miradas sin segundas, ahorita es <em>una desgracia<\/em>, y eso ultima haciendo entristecer incluso a la mism\u00edsima diosa del sol. Yazaki no precisa hacer arder la pista de juego en un vano enfrentamiento para dar fin a su cuento adaptado. No, una pregunta, la que todo aquel pose\u00eddo por sus a\u00f1os donde se cre\u00eda que el mundo era su corcel, se termina haciendo, y es aquella que, en voz baja, duda honestamente, hacia uno mismo, al que escucha, si por fin, de una maldita vez, puede ser libre. Claro, Takama, <em>no hay ninguna puerta deteni\u00e9ndote<\/em>.<\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Dedicada a James L. Brooks (la Lisa de<\/em> How Do You Know <em>inscribir\u00eda la \u00faltima frase de este escrito en un p\u00f3sit de su nevera)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Unos peque\u00f1os apuntes, devorados progresivamente por espectros, sobre The Place Where the Sun Sits [Taiy\u00f4 no suwaru basho] (Hitoshi Yazaki, 2014). Porci\u00f3n chica de un filme inabarcable, poblado de enigmas. 1. 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