{"id":1257,"date":"2021-06-30T09:00:27","date_gmt":"2021-06-30T09:00:27","guid":{"rendered":"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1257"},"modified":"2022-07-25T01:44:10","modified_gmt":"2022-07-25T01:44:10","slug":"reaccionarios-esteticos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1257","title":{"rendered":"REACCIONARIOS EST\u00c9TICOS"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>The Last Days of Disco<\/em><\/strong><strong> (Whit Stillman, 1998)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-1.png\" alt=\"The Last Days of Disco Whit Stillman 1\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2993\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-1.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-1-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-1-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-1-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>You know the Woodstock generation of the 1960s that were so full of themselves and conceited? None of those people could dance<\/em> <\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\">Charlotte<\/p>\n<p><strong>1.<\/strong> <u>LA CA\u00cdDA DE LA GRACIA<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">La historia del cine ha estado presa de la nostalgia desde la aparici\u00f3n del sonoro. Una falsa memoria que tiende a engrandecer lo que fue y ser\u00e1 puro presente encapsulado en fotogramas seguidos de negros, ocultados a nuestra visi\u00f3n por la persistencia retiniana \u2500placentero error del mal documentado\u2500 que nos enga\u00f1a y hace part\u00edcipes de la que seg\u00fan Jean-Luc Godard es la estafa m\u00e1s bella del mundo. La nostalgia, como el cine, es tambi\u00e9n una estafa, reservada a turistas de las pantallas demasiado necesitados de aferrarse a iconos que para el resto de cin\u00e9filos no son m\u00e1s que cuerpos relacion\u00e1ndose con objetos, carne y huesos conservados en celuloide durante d\u00e9cadas para el disfrute necr\u00f3filo del espectador del futuro. El nost\u00e1lgico se empe\u00f1a en elevar el cuerpo a cuerpo glorioso, aislando momentos e im\u00e1genes en postales amarillentas que para nadie salvo \u00e9l conservan ning\u00fan misterio. La nostalgia se encuentra en el lado opuesto de la melancol\u00eda, y no tiene que ver con la experiencia de la sala oscura, ni con el perpetuo presente, actualizado y desgajado por el movimiento constante, encapsulado en un tiempo inagotable que contemplamos en el retrovisor de un veh\u00edculo abocado a un viaje sin paradas. Los g\u00e9neros no vienen con el cine, son solo consortes de las im\u00e1genes \u2500obsequiosos o peluseros seg\u00fan la cita\u2500 que, sin embargo, predeterminan hasta un trazo, y ya. Meramente estaban ah\u00ed, y sus continuas mutaciones y ensamblajes con la imagen translucen elementos coyunturales dentro de un conjunto que se abre en m\u00faltiples direcciones. El g\u00e9nero, como la nostalgia, no representa al cine, le queda una relaci\u00f3n con \u00e9l. Relaci\u00f3n de amantes empe\u00f1ados en reencontrarse a pesar de cuantiosos encontronazos desventurados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>The Last Days of Disco<\/em> presenta su escena final en el interior y exterior de un vag\u00f3n de metro, culminando el \u00faltimo plano con el veh\u00edculo captado desde fuera adentr\u00e1ndose en la oscuridad de un t\u00fanel; terminar\u00e1 acopl\u00e1ndose a la tenebrosidad de los cr\u00e9ditos finales, pero antes restan unas cuantas luces que sortear, previas al apag\u00f3n definitivo para nuestra mirada. Dos personajes, empero, deciden afrontar este trayecto bailando. Josh y Alice se cortejan al albur de la vibraci\u00f3n de sus cuerpos, el azul de la camisa contra el rojo del vestido, y el arrastre de las complexiones es prolongado por los pasajeros del vag\u00f3n, que tras un fundido a negro se exhibe ausente de los dos personajes que antes se hallaban en el primer t\u00e9rmino del plano. La celebraci\u00f3n ultima extendi\u00e9ndose a los viajeros inminentes que esperan el pr\u00f3ximo metro. En el a\u00f1o 1998, incluso una pel\u00edcula medio <em>pla\u00f1idera<\/em> hacia un tiempo perdido, poblada de <em>yuppies<\/em> (<em>young upwardly-mobile professionals<\/em>), decide optar por la presteza en contra de la estasis, mantener la materia viva que puebla el celuloide de los fotogramas en sempiterna celeridad, franqueando cancelas, desentra\u00f1ando los secretos que esconden los umbrales de una gran discoteca que es a su vez un laberinto de salas adjuntas y trastiendas o s\u00f3tanos. Los resquicios del relato policial se encuentran en el  <em>underground<\/em> del recinto, dinero manchado, droga escondida, negocios sucios que no son sino excrecencias de los tri\u00e1ngulos y parejas que poco a poco la pel\u00edcula va reestructurando. Descenso vitalicio, dulce declinaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una de las cuestiones con las que se encara el cine actual a la hora de plantearse modelos de producci\u00f3n en funci\u00f3n de nuevos proyectos es aquella surgida al tener que enfrentarse a unos ciertos paradigmas sin que estos se conviertan en mero decoro, l\u00e1mina de anatom\u00eda, ilustraci\u00f3n naftalinesca intentando rememorar esencias de otra \u00e9poca. Podemos intuir los dos polos del espectro que resultar\u00edan desafortunados en la pr\u00e1ctica de un cineasta, digamos, deseoso de evitar algunos lugares comunes. A tiempo de reavivar, en este caso, la gran comedia americana, si nos ce\u00f1imos muy de cerca a esa premisa, terminaremos abarat\u00e1ndonos en copia p\u00e1lida, fantasma acad\u00e9mico de un pasado glorioso que intentaremos replicar con el respeto que nos imparte ser miembros no oficiales de un clan nada oficial. O, al contrario, est\u00e1 la opci\u00f3n de exacerbar los paradigmas, exaltar el barroquismo de las esencias, y as\u00ed ir a parar al fastidioso manierismo matusal\u00e9n de las formas, la hip\u00e9rbole como respuesta man\u00edaca a un mundo que nos ha dejado colgados. La nostalgia por el relato perdido es una cuesti\u00f3n mercantil, y quiz\u00e1 ser\u00eda m\u00e1s pertinente referirnos a mito e historia. Incluso dentro del \u00e1mbito tan acotado de lo que entendemos por relato, cabr\u00eda comenzar a cuestionarse su dependencia de la m\u00e1quina-cine ya que, en su esencia, las im\u00e1genes prefiguran los relatos y no al rev\u00e9s (el deseo de Raoul Ruiz). De callejeo por estos dos filos de la navaja discurre una gran parte del cine contempor\u00e1neo, empe\u00f1ado en permanecer f\u00fatil estampa, intento de acercamiento a un pasado glorioso que el cineasta despistado intenta imitar. Aherrojar el ayer de manera consciente es lo \u00faltimo que har\u00edan esos que hoy consideramos \u201ccineastas cl\u00e1sicos\u201d. Se antoja necesario, a la inversa, tensar la relaci\u00f3n con el relato, no tratarlo como mero antagonista con el objetivo de ir a la contra, sino entender que cada a\u00f1o, d\u00e9cada o siglo renueva sus propios signos, actualiza sus se\u00f1ales, y es la tarea del cineasta elaborar im\u00e1genes donde en ellas lo resultante, tras pasar por la s\u00edntesis del montaje, es ya la realidad trastocada, dada la vuelta, el espejo de lo real, <em>la realidad de su reflejo<\/em> (Godard).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Whit Stillman es un cineasta que trabaja dentro de lo que podr\u00edamos entender como \u201ccomedia\u201d, ateni\u00e9ndonos al espectro, en el sentido de conjunto y fantasma, de los g\u00e9neros. Primera premisa: un grupo muta conforme transcurre el filme. Segunda premisa: el mentado grupo no puede durar, las ininterrumpidas conversiones sufridas en su ubre a lo largo de dispares temporadas tienen como singular destino la disgregraci\u00f3n. Estos metrajes son deseos confidenciales. \u00bfEn qu\u00e9 se fundamentan los citados afanes? En el anhelo de la cuadrilla, cohesi\u00f3n social, un mundo estructurado, donde los enlaces entre lo privado y lo p\u00fablico sean claros, un espacio donde el individuo entienda con limpidez su parcela dentro de la red de conexiones colectivas. Por suerte, este deseo no da lugar a un cine de la nostalgia por el tiempo perdido. La asunci\u00f3n de la ca\u00edda de la gracia no se opone al movimiento ni al retrovisor.<\/p>\n<p><strong>2.<\/strong> <u>EL PASAJE<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">Energ\u00edas retomadas, figuras que siguen movi\u00e9ndose con el viento amotinado, miradas hacia delante, desplazadas y recorridas por una tracci\u00f3n invisible a trav\u00e9s de los <em>travellings<\/em> grupales en los que Stillman emigra a sus personajes de local en local (de la discoteca al <em>pub<\/em>, del <em>pub<\/em> al dormitorio, del dormitorio a la oficina). El pasado no anida como un fantasma aciago en los bordes del encuadre, pues los espacios son molestamente materiales, los personajes deben habitarlos como si fuese su presente, sin necesidad por parte del creador de la di\u00e9gesis de hacerlos significar de inmediato: recordemos la ausencia de nuevas tecnolog\u00edas en <em>Damsels in Distress<\/em> (Stillman, 2011). Desenfocar el fondo por sistema se antoja perezoso, mejor prestar atenci\u00f3n a lo que contiene (ni mera decoraci\u00f3n ni met\u00e1fora, mimamos la entonaci\u00f3n personalizada). Un espacio, un personaje. Entender cu\u00e1ndo es necesario encuadrar a un tr\u00edo y cu\u00e1ndo lo es hacer lo propio con una pareja. Contrapunto entre tr\u00edo y pareja. Rehusar del primer plano si lo que nos interesa es la din\u00e1mica entre los tres y los dos. El academicismo no busca adecuaci\u00f3n de formas, se contenta con la simplificaci\u00f3n de moldes antiguos en busca del ansiado tema o sem\u00e1nticas caducas. Stillman, al respetar y hacer honor a la sintaxis sint\u00e9tica, retoma lo que otros cineastas llamados neocl\u00e1sicos han olvidado, lo primario: saber filmar una puerta, como aquella que Tom cierra cuando Alice entra en su habitaci\u00f3n con \u00e9l, porque no hay nada m\u00e1s que ver, solo unos fotogramas del pasillo a oscuras. El secreto reside detr\u00e1s de esa puerta, como en el cine de Lubitsch.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Violet, en <em>Damsels in Distress<\/em>, expresaba un amor sincero por los clich\u00e9s y dichos trillados. Uno se preguntar\u00e1 el motivo: <em>Because they&#8217;re largely true. The hundreds, perhaps thousands, of such clich\u00e9s and hackneyed expressions that our language has bequeathed us are a stunning treasure trove of human insight and knowledge.<\/em> Vamos a tomar uno de esos t\u00f3picos y devolverle un poquito de dignidad. Habitar un g\u00e9nero supone lidiar con sus ambientes, y la gran comedia cl\u00e1sica ha sido un troquel que ha consistido en personajes abriendo y cerrando puertas (t\u00f3pico certero). Basta pensar en la extrema simplicidad con la que Chaplin film\u00f3  <em>A Countess from Hong Kong<\/em> (1967). Quedan unos seres con necesidad de seguir traspasando umbrales, perdiendo y ganando clandestinidades a medida que los pasos se acrecientan. \u00bfCon qu\u00e9 guisa lo a\u00f1ejo no se convierte en molde mortuorio? Dejando unos cuantos fotogramas de m\u00e1s entre palabra y mirada, conteniendo un gesto revelador en el n\u00facleo de una frase. Desbordando la cansina taxonom\u00eda tem\u00e1tica, preferimos centrarnos ahora en encuadres que emergen y desaparecen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La marcha incesante unida a la materialidad de lo filmado ocasiona que pocas cosas en el cine de Stillman se conviertan en in\u00fatil met\u00e1fora o s\u00edmbolo banal listo para dictar sentencia sobre una \u00e9poca o generaci\u00f3n. Otorgar razones a lo que habita el primer y segundo t\u00e9rmino del plano, acondicionar el choque, la contradicci\u00f3n, complemento o discanto. El pasaje ocasiona la creaci\u00f3n de un tiempo concreto que se extiende, la madrugada que se precipita cuando los personajes son expulsados del club y pasan las horas tard\u00edas en un bar llamado Rex\u2019s. Desde las dos velas que Charlotte enciende hasta que Alice finge quedarse dormida, herida y triste por el rechazo de Tom, que se hab\u00eda dejado enga\u00f1ar por la m\u00e1scara que su pretendiente hab\u00eda adoptado para parecer m\u00e1s atrevida y descarada de lo que en realidad era. \u00bfY si los <em>sc\u00e9narios<\/em> no fuesen m\u00e1s que m\u00e1scaras con las que los personajes, m\u00e1s que pretender ser algo que no son, empiezan a ser justo despu\u00e9s de colocarse el disfraz? Ser y parecer se confunden, terminan siendo la misma entidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 es lo que reside detr\u00e1s de las caperuzas? \u00bfQu\u00e9 se esconde bajo las posturas? No es de nuestra incumbencia conocer la g\u00e9nesis de las verdaderas motivaciones o pretextos de Alice, Tom, Charlotte o Jimmy. Nos basta con saber que los tienen, aunque vayan mutando o su integridad se resienta por momentos. No se trata de emular una antigua formaci\u00f3n, sino de inventar nuevas candilejas, mantener la cadencia atareada. Por eso los personajes de esta pel\u00edcula no dejan de agitarse, suben y bajan escaleras, atraviesan soportales, viajan en taxi, abandonan el pa\u00eds, usan el metro, horadan una discoteca-gran sal\u00f3n social. Son prontitudes que convocan emociones, articul\u00e1ndose estas dentro de una misma escena, matizadas por una melod\u00eda entrante o saliente, por un gesto de m\u00e1s o de menos (Alice negando y luego afirmando que Josh no es un perfecto demente, o su sonrisa p\u00edcara dirigida hacia Charlotte la primera vez que consiguen entrar al club, antes de que los dos personajes salgan del plano y se inmiscuyan en la fiesta). He ah\u00ed el drama y la tensi\u00f3n de la escena, una se\u00f1a introducida en los \u00faltimos cuatro fotogramas del plano, que dejar\u00e1 una estela indeleble en el siguiente encuadre. Esa es la manera de continuar jugando a <em>hacer comedias o filmar dramas<\/em>: cambiar las velocidades, intentar que los objetos se renueven, incluso aunque sean l\u00e1mparas, libretas o m\u00e1quinas fotocopiadoras pertenecientes a los primeros a\u00f1os 80. Visajes, siluetas y aureolas retroceden o avanzan diez fotogramas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Stillman enmarca su pel\u00edcula y, por extensi\u00f3n, su obra, en un recorrido rampa abajo. No se podr\u00e1 bailar con el mismo garbo cuando la moda de la m\u00fasica disco d\u00e9 paso a nuevas sensaciones. Las m\u00e1scaras sufren y se caen por su propio peso, se rasgan los contornos del antifaz. Introducidas las grietas que hacen explotar el cuadril\u00e1tero, <em>Amazing Grace<\/em> acompa\u00f1a la caminata avergonzada de Alice hasta la farmacia. El objetivo: tratar una enfermedad ven\u00e9rea. El oto\u00f1o da paso a la primavera, el \u00e9xtasis liquida c\u00f3mputos reform\u00e1ndose en asunci\u00f3n de responsabilidades, recepci\u00f3n de golpes, los excedentes del relato policial acaban por manchar el destino de algunos personajes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero cuidado, no perdamos de vista la idiosincrasia de estos tr\u00e1nsitos, actos descoyuntados en escenarios adjuntos. Los alrededores de la discoteca son tan irreales y artificiales como los de un musical de Vincente Minnelli rodado en Cinemascope. Retomamos la artificialidad del cine cl\u00e1sico sin intentar volver a ella de bruces (<em>anti-retro<\/em>). El control del universo se antoja imposible, la r\u00e9plica de sensibilidades pret\u00e9ritas terminar\u00eda torn\u00e1ndose forzada. \u00bfQu\u00e9 hacemos entonces? Permanecer en la escena, como Howard Hawks en la \u00faltima parte de su carrera. Pensar en el momento y no tanto en las briznas que unen los instantes, ocuparse del segundo y no de la infinitud, trascender lo justo, ser un poco reaccionarios est\u00e9ticos, como dir\u00eda Alice. Si ser reaccionarios significa mantenernos fieles al corte, sustraer en vez de a\u00f1adir, quedarnos quietos en vez de movernos con el aparato o recuperar la elegancia de los movimientos, entonces no nos deber\u00eda avergonzar que nos cuelguen esa etiqueta. Mantener la continuidad de una tradici\u00f3n dentro de la historia del cine no atesora correspondencia con replicar una realidad supuestamente \u201cdesfasada\u201d, pues no existe desfase en el viaje perpetuo de la semblanza, y el pasado contamina sin clemencia al presente, dejando huellas, ecos en el viento, piedra tallada, figuras vigilantes (<em>To the valiant seamen who perished in the Maine, by fate unwarned, in death unafraid<\/em>). Guardas de la umbr\u00eda, calles llenas de bullicio, fauna nocturna (homosexuales, travestis, inmigrantes, afroamericanos\u2026) que mira con recelo a los habitantes de la pompa (el <em>d\u00e9calage<\/em> social que el declive enfatiza). Los personajes de Stillman retoman el gusto por el acto cotidiano (abrocharse unas playeras, el paseo matutino, la preparaci\u00f3n de cenas apresuradas, la b\u00fasqueda de apartamento, los caf\u00e9s espor\u00e1dicos, los proleg\u00f3menos antes de irse a dormir\u2026). Es en el pasaje de las im\u00e1genes y en el rastro que dejan, sin prolongar su estancia, donde encontramos nuestro refugio de la tormenta.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-2.png\" alt=\"The Last Days of Disco Whit Stillman 2\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2994\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-2.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-2-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-2-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-2-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-3.png\" alt=\"The Last Days of Disco Whit Stillman 3\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2995\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-3.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-3-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-3-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-3-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><strong>3.<\/strong> <u>ANTIFACES SELECTOS<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">Entramos en el club, las m\u00e1scaras se confunden, la agudeza se vigoriza, el tr\u00e1fico acelera la zancada. Ajetreo social tomado como juego, pasatiempo de <em>yuppies<\/em> orgullosos de serlo, discordantes y con tendencia a autoexplicarse. \u00bfQu\u00e9 es lo que sus largos mon\u00f3logos desarrollan? Charlas sobre f\u00e1bulas de Esopo o disquisiciones alrededor de <em>Lady and the Tramp<\/em> (Clyde Geronimi, Hamilton Luske, Wilfred Jackson, 1955). En definitiva, rodeos constantes, persistentes digresiones alrededor de un anecdotario inagotable que constituye una fuente fulgurante de relatos tomando forma merced a la palabra oral. Palabras que traicionan, mienten, ocultan, ocasionalmente revelan y con frecuencia ironizan sobre el mundo y los sujetos. Personajes un poco m\u00e1s ingeniosos de lo normal, habitantes de la sala de espejos cinematogr\u00e1fica reflejante del laberinto transmutado en <em>after hours<\/em>. Cuando la historia de los g\u00e9neros pasaba por el esplendor del primer clasicismo estadounidense, antes de 1934 (aplicaci\u00f3n del C\u00f3digo Hays), la mutabilidad de los filmes y de sus formas-temas era tajante, la alegr\u00eda por cambiar de disfraz y derivar una apariencia en cinco atuendos diferentes ti\u00f1\u00f3 una enorme cantidad de pel\u00edculas, antes de las maniobras termita para evadir lo prohibido. Stillman retorna a esos primeros a\u00f1os 30 desde el propio cuerpo del filme, una c\u00e1mara que va desnudando m\u00e1scaras como capas sin ning\u00fan prop\u00f3sito de traspasar lo que esos organismos esconden, sin presunci\u00f3n alguna de convertir al aparato en el instrumento de un porn\u00f3grafo que registra los perfiles aplan\u00e1ndolos. Los personajes que habitan ese mundo espejado no son exactamente reales, ni se pretende que sus comportamientos emulen una suerte de mal entendido naturalismo. Por el contrario, filmar supone una doble operaci\u00f3n: vestir y desnudar a la vez algo que es <em>justo una imagen<\/em>. Tan eminentes son los labios llenos de verborrea como los ojos que escuchan atentos, emitiendo reacciones de sorpresa, incredulidad, asombro o estremecimiento (difuminar las reacciones, hacer que estas resulten indiscernibles est\u00e1 en la base del cine). <em>The Last Days of Disco<\/em> dirige sus planos e intervalos hacia el punto en el que el corte punza sobre lo anteriormente dicho, hacia el fotograma exacto donde el gesto empieza a mudar en travieso y juguetear con el mundo que visiona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Maniatado por las expectativas previas ante el visionado de un filme posterior a 1960, lo que el espectador m\u00e1s acomodado espera es reafirmar sus paradigmas, encapsular y codificar sus analog\u00edas narrativas (otra de las condenas de la cr\u00edtica\/teor\u00eda de cine) para luego someterse al ejercicio de un reconocimiento. Exigua sorpresa reside en esa estructura encadenada al bucle, temas condenados a repetirse porque se cree que guardan algo de una primigenia original. Esto tiene escasa relaci\u00f3n con la historia del cine, el devenir de las im\u00e1genes y las incalculables posibilidades que estas ofrecen cuando somos capaces de medir las proporciones del espejo, lente de la c\u00e1mara, <em>backstage<\/em> deformante, prestidigitadora aventajada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s all\u00e1 de los cuerpos y las extensiones que habitan, se cierne la <em>terra incognita<\/em> que sobrepasa los l\u00edmites de lo social, las vestimentas cambiantes y las m\u00e1scaras de la noche. Cuando decidimos acotar lo filmable, desistir de querer registrarlo todo, m\u00e1s nos acercamos a ese ideal  <em>antiguo<\/em> de mundo concreto transmutado, peque\u00f1os focos en los que la cosa-cine deposita su atenci\u00f3n por unas pocas horas. La comedia cl\u00e1sica ten\u00eda por funci\u00f3n mezclar lo privado y lo p\u00fablico, entrelazarlos de tal manera que vi\u00e9semos qu\u00e9 ten\u00eda de p\u00fablico lo privado y de privado lo p\u00fablico. Hacernos entender que, indistintamente de en qu\u00e9 \u00e1mbito nos movi\u00e9semos, siempre terminar\u00edamos por disfrazarnos, por dejar, consciente e inconscientemente, que las dimensiones sociales fuesen las regidoras de nuestros comportamientos. El g\u00e9nero c\u00f3mico se ha divertido sin sosiego jugueteando con los l\u00edmites de los recintos, introduciendo un disfraz inadecuado para un espacio que requer\u00eda otro ropaje, permiti\u00e9ndose trastocar la perfecta organizaci\u00f3n de un per\u00edmetro depositando un personaje-dinamita que pon\u00eda en evidencia los fr\u00e1giles relieves que adoptamos simplemente para seguir viviendo. Hay algo de sutil gracia en estos disfraces, y lo que la comedia ha logrado trascender, al menos en sus mejores manifestaciones, ha sido la necesidad de exclusivamente exponer y humillar el antifaz. Lejos estas bajezas de las operaciones efectuadas por Richard Quine, Lubitsch, Hawks, McCarey y, por extensi\u00f3n, Stillman: se trata de hacer ver que debajo del disfraz reside un rostro que se nos escapa y no logramos aprehender, pero que el arte de ponerse cinco m\u00e1scaras sobre la cara tambi\u00e9n tiene algo que merece la pena elogiar, una cierta minuciosidad en la infravalorada pr\u00e1ctica del ingenio, la evasi\u00f3n, el desv\u00edo, el truco. <em>Screwball comedy<\/em>, perfeccionamiento moral. Aprender a desmantelar la triste rutina de los espacios concatenados de nuestro d\u00eda a d\u00eda a trav\u00e9s de la l\u00ednea que cuestiona, del gag que tensa y de la velocidad de unos labios que hablan sin vomitar, m\u00e1s bien danzan con las bocas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Debajo de los disfraces de <em>The Wizard of Oz<\/em> (Victor Fleming, 1939) se esconde la <em>yuppie scum<\/em>. Dorothy Gale y el Hombre de Hojalata bailan en el club y luego en Rex\u2019s, despu\u00e9s de ser expulsados tras el descubrimiento del infiltrado Jimmy. <em>Yuppies<\/em> ataviados <em>\u00e0 la retro<\/em> con un doble objetivo: esconderse (en el caso de Jimmy) y hacer m\u00e1s jovial la fiesta (personajes restantes). Homosexualidad pretendida, trastornos depresivos reprimidos, infecciones contra\u00eddas en la primera aventura sexual, pret\u00e9ritas habladur\u00edas malintencionadas. <em>Recommend: very kind decline<\/em>. Cuando la mayor parte de los secretos que van dando cuerpo a la pel\u00edcula se revelen y salgan a la luz, el grupo pasar\u00e1 a adquirir su formaci\u00f3n final. Pensemos en las pel\u00edculas de Hawks y en su negativa a introducir primeros planos sin motivo: se pueden contar no m\u00e1s de cinco en <em>Rio Bravo<\/em> (1959). Los grandes directores de comedias han entendido que de poco sirve filmar la cara si la ocasi\u00f3n pide que veamos los brazos y parte del cuerpo (el famoso plano americano). Su trabajo era circunvalar torsos y captar las leves variaciones que sus andares denotaban en espacios delimitados socialmente. De hechura similar, en el transcurso de un <em>travelling<\/em> se pueden prefigurar cuatro destinos (los de Des, Charlotte, Alice y Josh). Dos se quedan arriba y otros dos se dirigen hacia el metro. Pero los cuatro contin\u00faan desplaz\u00e1ndose, incapaces de no evolucionar, de quedarse quietos. Multiplicaci\u00f3n de las apariencias, vestidos, trajes, pijamas, zapatos, tacones, corbatas, cigarros, alcohol (<em>Pernod<\/em>, <em>Vodka-Tonic<\/em>)\u2026 Caretas con las que exponerse al otro y hablar m\u00e1s libre ante los dem\u00e1s. <\/p>\n<p><strong>4.<\/strong> <u><em>DISCO WILL NEVER BE OVER<\/em><\/u><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Sent\u00ed repudio, casi asco, por esa gente y su incansable actividad repetida. Aparecieron muchas veces, arriba, en los bordes. Estar en una isla habitada por fantasmas artificiales era la m\u00e1s insoportable de las pesadillas; estar enamorado de una de esas im\u00e1genes era peor que estar enamorado de un fantasma (tal vez siempre hemos querido que la persona amada tenga una existencia de fantasma).<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><em>La invenci\u00f3n de Morel<\/em>, Bioy Casares<\/p>\n<p align=\"justify\">Una bola de discoteca refleja en centenares de espejos un club perdido en el tiempo, suspendido en el perpetuo presente que contemplamos por un retrovisor que funciona a modo de grabaci\u00f3n congelada, reactualizada con el movimiento. En esos espejos provenientes de la bola colgando podemos ver el pasado, presente y futuro. Pasa el rato, gira la bola, vamos perdiendo la noci\u00f3n del tiempo y los tres momentos (<em>antes, durante y despu\u00e9s<\/em>) se van haciendo indiscernibles. Es el baile el que los ha confundido, la tracci\u00f3n de los cuerpos que luchan por liberarse del espacio-tiempo, trascender la materia, alcanzar el punto de fuga, elevarse por encima de su clase. Bailotear es desafiar al mundo y, al mismo tiempo, ser uno mismo con el barro y los meteoros; fundirse con el escenario, desaparecer por detr\u00e1s de la cortina. Danzar es ahuyentar al fantasma, matarlo de espanto. El cine contempor\u00e1neo se ha empe\u00f1ado en resucitar mediante cirug\u00eda est\u00e9tica venida a menos esos espectros artificiales. A cambio, se ha encontrado sumergido en una pesadilla-bucle, la del reflejo demasiado enamorado de una imagen. Fotogramas capturados en una isla, invenciones de Morel, cristales partidos, vidrios rotos. Cuanto m\u00e1s se empe\u00f1a el cinemat\u00f3grafo en rememorar reflejos pret\u00e9ritos, m\u00e1s d\u00e9bil se vuelve, m\u00e1s p\u00e1lidos se tornan sus cristales. No nos hemos dado cuenta de que la bola siempre ha estado ah\u00ed, que no es necesario reconquistar sus reflejos, ya que los tenemos delante, a cent\u00edmetros de distancia. La historia del cine no admite divisiones ni taxonom\u00edas caprichosas, pues forma parte de un movimiento transmutado que se ve de un solo vistazo. Relatarla implica otear el pormenor prodigioso, escala rumbosa de gallard\u00eda.<\/p>\n<p><strong>5.<\/strong> <u>CONFIDENCIA PARA REMATAR<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>The Last Days of Disco<\/em> es la pel\u00edcula extraviada de mi mocedad, el espejo en el que ahora me miro y avisto las oportunidades intransitadas de los d\u00edas consumidos. Dentro de este filme, Alice en particular capta mi atenci\u00f3n. Se establecen una serie de emparejamientos: mi mirada y la del personaje, los luceros de este y el ojo del cineasta, el int\u00e9rprete con el mundo que la c\u00e1mara registra. Juego de espejos que decide no reflejar lo absoluto. Cada participante entiende que la naturaleza de lo retornado por la luna es transparente y opaca al mismo tiempo. Stillman no ambiciona desnudar a Alice cada vez que su c\u00e1mara la filma, sino camuflarla, para que nos mire, para que nos incite a seguir jugando, para que nos susurre <em>noli me tangere<\/em>. La mirada de Alice es la de un desaf\u00edo. La imagen del espejo no es la de la <em>realidad<\/em>, y los cuerpos que este nos devuelve est\u00e1n despojados de psicolog\u00eda, pasado y futuro, v\u00ednculos familiares\u2026 \u00bfQu\u00e9 les queda? El presente que ellos mismos habitaron cuando el espejo los reflejaba y que nosotros actualizamos al unirnos a la sala circular de reflejos. En esa sala comienza la partida, entre el cineasta, Alice y nosotros. <em>El juego del ojo<\/em>. La m\u00fasica disco, la comedia y Alice no son fantasmas. Convendremos en designarlos algunos de nuestros pillos reflejos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-4.png\" alt=\"The Last Days of Disco Whit Stillman 4\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2996\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-4.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-4-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-4-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/The-Last-Days-of-Disco-Whit-Stillman-4-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>A Serge Daney<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>The Last Days of Disco (Whit Stillman, 1998) You know the Woodstock generation of the 1960s that were so full of themselves and conceited? None of those people could dance Charlotte 1. 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