{"id":1470,"date":"2021-12-05T09:00:17","date_gmt":"2021-12-05T09:00:17","guid":{"rendered":"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1470"},"modified":"2025-05-24T06:16:10","modified_gmt":"2025-05-24T06:16:10","slug":"trixie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1470","title":{"rendered":"LOS PICAPORTES DEL FEUDO"},"content":{"rendered":"<p><strong>ESPECIAL ALAN RUDOLPH<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2060\">Los filmes de Alan Rudolph; por Dan Sallitt<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1629\">Trouble in Mind (1985); por Dave Kehr<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1470\">Trixie (2000)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1691\">Investigating Sex [Intimate Affairs] (2001)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2472\">Ray Meets Helen (2017)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2529\">El productor como apostador; por Alan Rudolph<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2481\">Interview \u2013 Alan Rudolph<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2487\">Entrevista \u2013 Alan Rudolph<\/a><\/p>\n<p><strong><em>Trixie<\/em><\/strong><strong> (Alan Rudolph, 2000)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Trixie-Alan-Rudolph-1.png\" alt=\"Trixie Alan Rudolph 1\" width=\"704\" height=\"384\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1510\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Trixie-Alan-Rudolph-1.png 704w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Trixie-Alan-Rudolph-1-300x164.png 300w\" sizes=\"(max-width: 704px) 100vw, 704px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Era evidente que la vida nocturna de Buscott era muy limitada, y aunque la gente beb\u00eda enormes cantidades de cerveza, todo el mundo parec\u00eda haber cenado antes en su casa. Adem\u00e1s, cada vez que \u00e9l entraba en un bar, todas las conversaciones quedaban interrumpidas, y todos se mostraron desconcertantemente mudos cuando se trataba de hablar de la f\u00e1brica, de los Petrefact, o de cualquiera de los dem\u00e1s temas que \u00e9l planteaba, en un evidente esfuerzo por tomar conciencia directa de la explotaci\u00f3n que todos ellos padec\u00edan.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><em>Vicios ancestrales<\/em> (<em>Ancestral Vices<\/em>), Tom Sharpe<\/p>\n<p><strong>1.<\/strong> <u>A ORILLAS DEL BELLE-VISTA<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">Los rumores los transporta la niebla matutina en Capitol City, y es sencillo escamotearlos, tambi\u00e9n l\u00edcito, posando los pies sobre la madera del motel entretanto divisamos el muelle con chimeneas, el politiqueo de peces peque\u00f1os en grandes cuencos, los animadores de madrugada, turno de ocho horas, p. m. a a. m. minuto m\u00e1s minuto menos, reviviendo el pu\u00f1etazo de Cagney a Bogart, el p\u00fablico requiere cantarinas mezcolanzas de <em>souvenirs<\/em> andrajosos para seguir tirando dados, dando a la cachiporra con el aliento en las manos, la suerte quiz\u00e1 les acompa\u00f1e pero Trixie Zurbo, agente de seguridad reci\u00e9n traspasada a guardiana de la casa de juegos de Crescents Cove, es capaz de otear en varios movimientos, durante el inicio de un auge sentimental chiflado, el hurto del desvergonzado con camisa hortera. La distracci\u00f3n era aparente, tal vez s\u00ed estuviera con la cabeza en <em>The Furman Report<\/em> o en alguna historia de Evelyn Piper tonificada en un Vancouver remodelado. No fichamos a esta obsesiva masticadora de chicles, sin embargo s\u00ed presentimos que las miradas hacia Dex Lang ser\u00e1n el inicio de su ascensi\u00f3n cara nubes m\u00e1s claras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco encontraremos de ambidiestro en dicho Adonis protector, tan sincero en su estupidez como cualquier mat\u00f3n de su alrededor, sean el guardaespaldas del senador Drummond Avery o los de su c\u00f3mplice mercachifle, el rid\u00edculo y siniestro amante Walter &#8220;Red&#8221; Rafferty, vigilado por unos Laurel y Hardy con m\u00e1s peligro fingido que otra cosa, pues est\u00e1n ah\u00ed para desestabilizar el yate, en una reuni\u00f3n de siete; ah, faltaba una, Dawn Sloane, Dorothy si la conocemos bien, la chica de Red. En fin, el hervidero de escasa utilidad, ac\u00e1 tiene usted la enredadera de enga\u00f1os, traiciones, cintas \u2500implican amenazas\u2500, asesinatos \u2500Dawn paga el precio de cantar tan mal, pero nos sigue dando l\u00e1stima, y pronto pensamos que ten\u00eda su aquel el timbre de la dama\u2500. Basta, los datos desbordan, \u00bfno? Rudolph comienza as\u00ed, una sucesi\u00f3n de superposiciones, cr\u00e9ditos sobreimpresos mediante, donde la historia no puede andarse con rodeos, debe situar <em>ya <\/em>a Trixie lejos de casa, hacerla compa\u00f1era difusa de Ruby Pearli para obtener consejos a tomar con discreci\u00f3n y amiga noble con Kirk Stans, el de las cantarinas. Hollamos este reino miniaturizado en el cual se enumeran con los dedos de las manos los lugares donde seguiremos movi\u00e9ndonos <em>entre una roca y el profundo mar azul<\/em>, se establecen las reglas de la inspecci\u00f3n, la bienaventuranza de los suertudos cuenta lo justo para Trixie, ella cree en sus ojos, y estos ven demasiado, luego, tras calar la fortaleza mejor, comprendemos que ve\u00edan lo cabal a fin de construir su propio aprendizaje moral, desquitada de los suficientes parientes. Lanzada sin pistola pero con cerebro al epicentro del mapa, Rudolph la presencia desde m\u00faltiples posiciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Corte, plano, reencuadre, <em>zoom in<\/em>, acercamientos o retrocesos con <em>dolly<\/em>, plano detalle (unas manos ante el senador pasan de inseguras a matasiete en cuesti\u00f3n de minutos). Reconocemos la herencia: Robert Altman, sapiente de la dictadura del encuadre, eleg\u00eda conmoverlo, a \u00e9l, no a nosotros, y en ese balanceo, tan mareante como el del Forum Club partiendo y tornando del <em>hall<\/em> a las mesas, uno alcanzaba a hacerse la vista, captar el desequilibrio gravitatorio en este suelo que llamamos tierra firme, el paralelismo natural al enloquecimiento de un Otto Preminger tard\u00edo, pero con la fragmentaci\u00f3n querida aliada. En Rudolph obtenemos similares agasajos si nos fijamos\u2026 \u00bfen qu\u00e9? Demonios, todav\u00eda no lo vislumbramos. Ya, ahora s\u00ed, dentro de esta divisi\u00f3n de puntos de vista, no tenemos un bosque, sino un matorral, y se mantiene con ligeros cambios de escena a escena, las maniobras del timonel conocedor de las posibles fintas en el caso de que la mar embravezca, si la ocasi\u00f3n \u2500y cr\u00e9anme, esta se da no pocas veces\u2500 de la Zurbo dando propinas al botones y al jefe (legado materno) requiere que la multiplicidad de tomas se detenga y \u00a1zas! aparezca para nuestra atenci\u00f3n el escarnio en el labio, la a\u00f1oranza en los ojos. Ah, Rudolph no estaba siendo perezoso, su falta de estilo visual premeditado en esta pel\u00edcula \u2500palabras textuales, el rostro de Emily Watson ped\u00eda poco m\u00e1s\u2500 no chocaba con renunciar al cat\u00e1logo de trucos de marino dotado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El oleaje lo encauza desamarrado de Altman, los ensambles de puesta en forma remiten a ayeres arrinconados, futuros no atisbados en el arranque de siglo. Llegando a Kurt Vonnegut, la enga\u00f1osa simpleza del plantel de frases de calibre conciso, describiendo con cariz sucinto de veterano. Por debajo de esta concreci\u00f3n, la construcci\u00f3n letal, el lento desarme de los chalados, regocijo en la locura del pasado de vueltas y, aunque tarde, la conmiseraci\u00f3n ganada a pulso. No muy lejos de esta maniobra, en los planos donde se rompe la sucesi\u00f3n de la escena desarroll\u00e1ndose (tan reducido temor al corte como en una pel\u00edcula americana de 1931) con la liviandad aturdida del demiurgo a bordo del feudo, palpamos la medalla del capit\u00e1n: un contrapicado tras un robo en una tienda de ultramarinos descoloca a Trixie, el aparato la filma en dos espejos junto a Dawn Sloane y solo en retrospectiva sentimos el afecto de la \u00faltima vez. No volveremos a ver a la segunda con vida, y su defunci\u00f3n marca la propulsi\u00f3n de la investigaci\u00f3n, el interrogante habitual sobre los probables carrosos, apuntando las papeletas, como cabr\u00eda esperar, antiguos amantes a los que habr\u00e1 que poner en su lugar antes de que las cintas (no las de Nixon) desaparezcan de la escena del crimen. Las marcas de estilo no son sino consecuencias inevitables de la regla no escrita del cine de Rudolph: si la vista ultradotada del marino decide llenar de afecto el escenario, concordaremos en que esto no se debe a las a\u00f1oranzas de otras tierras, sino a la hermandad invisible del cineasta con los soldados de su condominio, la c\u00e1mara acent\u00faa los momentos donde lo \u00faltimo esperado por unos ojos rutinados era una tilde. Llega el signo de puntuaci\u00f3n, presto, cargado de asertividad rom\u00e1ntica. La realidad se trastoca, y el mundo de Rudolph se funde con los picaportes porque, Beatrice, cari\u00f1o, <em>\u00bfqu\u00e9 es real?<\/em><\/p>\n<p><strong>2.<\/strong> <u><em>WAKE UP, GO TO SLEEP, GO ON STAGE, MAKE LOVE<\/em><\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">En el contorno, el estratega menos pensado tambi\u00e9n embellece para s\u00ed su situaci\u00f3n, v\u00e9anse las diversas digresiones de Avery hacia los idilios inoportunos de pasados presidentes de los EUA, leves anotaciones acerca de Bebe Rebozo-hombre escolta en torno a delitos amorosos gubernamentales o alusiones a la secretaria de FDR restando importancia a su propio descaro; villan\u00eda menoscabada con empat\u00eda sonada. Inclusive el \u00faltimo momento de este politicucho cero interesado en escuchar sobre motos de nieve las an\u00e9cdotas de sus comensales golpea la estructura de la pel\u00edcula como si una llanta despegara de la ronda de planos, m\u00e1s a\u00fan, su encuadre terminal vuela hacia la desesperaci\u00f3n novelera del que se intuye constructor de su propio relato. Bingo, la conciencia de uno mismo es lo que la mayor\u00eda de personajes aqu\u00ed parecen poseer hasta dejarlos inestables, pero es el viaje rumbo a ese estado del ser el efectuado por Zurbo, sin intentar rebasar la l\u00ednea donde analizar demasiado la propia situaci\u00f3n devendr\u00eda en fragilidad sentimental, caso de Dex Lang. Trixie cimenta alrededor de este car\u00e1cter masculino una valla ante la que, por muchas paradas en el hospital inevitables dada la confusi\u00f3n de los arrabales, ninguna bala podr\u00e1 detener las neuronas de la exvigilante de supermercado. Un traje blindado, el\u00e1stico para sentir la honestidad del hu\u00e9sped, rudo cuando se presta el envite a la amenaza frontal, y una pistola sin balas pueden dejar en pelota picada a cuatro gamberros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alto, solo hemos mencionado una vez a Ruby Pearli, injusto olvido del escritor, pues bien, ella joven promesa, personaje y actriz, conoce m\u00e1s de lo debido, empieza a meter sus ojos p\u00edcaros en el mundo de Trixie d\u00e1ndoselas de experta en el juego, manchada. Por Dios, hasta admite haber compartido intimidades con el c\u00f3mico venido a menos de Stans, luego descubierto convicto de siete a\u00f1os (disculpas aceptadas, era en defensa propia). Zurbo no se deja engalanar por ella pero en el curso de dispares encuentros se ve que empieza a convencerse algo de la inocencia pel\u00edn fastidiada de Pearli, una chica con la ilusi\u00f3n sospechosa de la versada en las minucias del juego, empero los detalles duelen, la vida deja herencia, un hijo \u00bfde qui\u00e9n? y la excitaci\u00f3n por Ruby comienza a derrochar tragedia intrascendente, llegada la mitad del metraje, considerando el pavoneo delante del personal\u2026 el enga\u00f1o deshecho al completo. <em>No me digas que no conoces la diferencia entre un luchador y un amante<\/em>. La gradaci\u00f3n nos queda clara, la acompa\u00f1amos corteses, ella dar\u00e1 los consejos adecuados de abrigo, prendas, incluso practicar\u00e1 onanismos <em>velados<\/em> al p\u00edcaro demacrado Avery, para incriminar, ayudar, dejarse ir, ocultarse del cuadro. Ruby Pearly, <em>b\u00e9same mucho, s&#8217;il vous plait<\/em>. Su sarao es el viacrucis sentimental de la pulpa del filme. Ning\u00fan cineasta ha logrado capturar esa fina l\u00ednea de malicia de Brittany Murphy por la que uno ser\u00eda capaz de adulterar, llorar, llegar hasta el fin de la historia para cambiar el desenlace. Rudolph, orgulloso de su compa\u00f1era, sabe que tiene algo especial. En nuestra memoria quedar\u00e1 como testimonio de la actriz, su verdad oculta detr\u00e1s del micr\u00f3fono.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los nombres terminan apareci\u00e9ndonos con el paso de los minutos: Dorothy, ya mencionado, se escond\u00eda tras Dawn, pero tambi\u00e9n Charlie tras Dex Lang, lo o\u00edmos de sus padres, riqueza americana a\u00f1orada por el hijo pr\u00f3digo. Trixie contempla estos tiovivos alterados intentando llegar a unos m\u00ednimos de sinceridad ante tanta alima\u00f1a procurando hacerse con una porci\u00f3n del consorcio. Las gotas derramadas frente al reto inesperado, los quebradizos sollozos aumentan a la par de su fortitud, uno va haciendo el camino creciendo en sabidur\u00eda discerniendo esta de las intimidades sigilosas. No es posible alcanzar erudici\u00f3n ni instrucci\u00f3n si no somos capaces de dejarnos derrumbar un poco, pues la esperanza de la investigaci\u00f3n, la conclusi\u00f3n de la odisea mal deletreada, ordena inconsistencia. Si queremos <em>ver<\/em> a nuestro oponente, si lo logramos captar, finalizaremos con una pizca de pena. Y Trixie es un personaje no tr\u00e1gico en consecuencia de esto, <em>simplemente es el que hac\u00eda falta<\/em>. Si no somos nosotros, tiene que ser ella. La victoria de la actriz, retenimiento del cineasta, es reclamar, sin colmar la horizontalidad que romper\u00eda sus poros plisados, una suma de piedad, rabia, ternura, c\u00f3ctel, este s\u00ed, impronunciable, mal ajustado, cuya exposici\u00f3n en p\u00fablico proporciona la salida de cuadro de los dem\u00e1s, la entrada en primer t\u00e9rmino de ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>La verdad, el todo y la verdad y nada m\u00e1s que la verdad<\/em> se asienta poco a poco en aquellos inclinados a asumir la rebaja del \u00edndice de brillantez a las cantidades precisas para repartir justicia dentro de los torreones, por lo tanto el estupor adquiere tras varios conatos la forma de rebeld\u00eda enraizada en el aprendizaje m\u00e1s l\u00edcito, hacer el amor, declarar la guerra, batirse en dial\u00e9cticas pululando a trav\u00e9s de los bordes de la amenaza. Dispuestos a recapitular en la siguiente p\u00e1gina del informe como descarados y picajosos, si alguien mira con miedo hacia el supuesto inocente, ser\u00e1 sospechoso de asesinato. Feliz hallazgo cuando los malapropismos de la protagonista proporcionan una estable convivencia con el suburbio, el centro, los lados, la batalla y el dormitorio, el <em>cool<\/em> que nos importa, la modernidad rechazada por el director, ignorada por el personaje. No existe esa intencionalidad odiosa en los filos de un relato tan absurdo en los hechos, innegable en los incidentes emocionales, la moral de la ficci\u00f3n se arrima a la veracidad receptiva de un espectador dispuesto a desnudar su naturaleza caprichosa; se le pide ser llevado al sal\u00f3n principal para desgajar su careo hasta la confusi\u00f3n, convertido si la haza\u00f1a ha sido digna de agasajo en feliz s\u00edncope.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el Forum Club de Capitol Drive la duraci\u00f3n del suceso es tensada en dos ocasiones, la primera partiendo el filme a la mitad, ocasionando un duelo verbal entre Trixie y Avery, la segunda resultando en la fraudulenta sensaci\u00f3n de que el caso ha quedado resuelto. En ambas, Rudolph y sus personajes se descubren aunque pretendan hacerse pasar por inquisidores. Los jueces de la obra desean contactar con el fondo, descubrir el punto oculto del contraplano, el tic del oponente, cari\u00f1os enjaezados de reticencias, iron\u00edas escupidas con el esmero del lince; estas intentonas derivan en caos, desatino americano, mezcla de t\u00e9rminos espaciales, salpicadura de verbos, uno hacia el vest\u00edbulo, otro hacia el cielo clamando por la paranoia durable. La que los toca, hunde, cierra el pestillo al final del d\u00eda, mira a un punto perdido cent\u00edmetros al lado del objetivo y en ese trance sagaz se manifiesta bajo la forma de un suspiro en los ojos. Tras la aventura de Crescents Cove, ahora Trixie es mujer y no muchacha. Ella se queda observando la far\u00e1ndula cuando el batiburrillo sin saberlo se ha puesto a sus pies.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Trixie-Alan-Rudolph-2.png\" alt=\"Trixie Alan Rudolph 2\" width=\"704\" height=\"384\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1511\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Trixie-Alan-Rudolph-2.png 704w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Trixie-Alan-Rudolph-2-300x164.png 300w\" sizes=\"(max-width: 704px) 100vw, 704px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Trixie-Alan-Rudolph-3.png\" alt=\"Trixie Alan Rudolph 3\" width=\"704\" height=\"384\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1512\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Trixie-Alan-Rudolph-3.png 704w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Trixie-Alan-Rudolph-3-300x164.png 300w\" sizes=\"(max-width: 704px) 100vw, 704px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESPECIAL ALAN RUDOLPH Los filmes de Alan Rudolph; por Dan Sallitt Trouble in Mind (1985); por Dave Kehr Trixie (2000) Investigating Sex [Intimate Affairs] (2001) Ray Meets Helen (2017) El productor como apostador; por Alan<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26,367],"tags":[84,175,5,178,177,176],"class_list":["post-1470","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criticas","category-revista","tag-84","tag-alan-rudolph","tag-estados-unidos","tag-kurt-vonnegut","tag-robert-altman","tag-trixie"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1470"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1470"}],"version-history":[{"count":32,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1470\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1796,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1470\/revisions\/1796"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1470"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1470"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1470"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}