{"id":1913,"date":"2021-10-31T09:00:33","date_gmt":"2021-10-31T09:00:33","guid":{"rendered":"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1913"},"modified":"2024-11-02T20:58:34","modified_gmt":"2024-11-02T20:58:34","slug":"cual-es-tu-nombre-hoy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1913","title":{"rendered":"\u00bfCU\u00c1L ES TU NOMBRE HOY?"},"content":{"rendered":"<p><strong>Y\u00d4ICHI HIGASHI<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=725\">Four Seasons: Natsuko [Shiki Natsuko] (1980)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1913\">Somebody\u2019s Xylophone [Dareka no mokkin] (2016)<\/a><\/p>\n<p align=\"justify\">Fran\u00e7ois Truffaut: Es realmente una pena que su pel\u00edcula no recibiera ning\u00fan premio all\u00ed. Me gust\u00f3 mucho.<\/p>\n<p align=\"justify\">Kirio Urayama: (Risas) Se lo agradezco. Pero si la pel\u00edcula no recibi\u00f3 ning\u00fan premio, debe haber razones para que eso ocurriera.<\/p>\n<p align=\"justify\">Truffaut: La raz\u00f3n es porque ambos, tanto el jurado como el p\u00fablico, son perezosos. Todos est\u00e1n ocupados con los recibimientos y acaban verdaderamente agotados. Por eso las pel\u00edculas valientes yacen sin ser vistas, pasan desapercibidas. Tomemos por ejemplo una pel\u00edcula como <em>La isla desnuda<\/em> [<em>Hadaka no shima<\/em>] (1960), de Kaneto Shind\u00f4. Es una pel\u00edcula que no fue considerada como deber\u00eda. Pel\u00edculas como <em>Foundry Town<\/em> [<em>Ky\u00fbpora no aru machi<\/em>] (Urayama, 1962), que tratan m\u00faltiples temas con talento y correcci\u00f3n y adem\u00e1s lo hacen con un toque realista, no son bien valoradas por los festivales internacionales.<\/p>\n<p style = \"text-align: right\">Conversaci\u00f3n entre Truffaut y Urayama en la 15\u00aa edici\u00f3n del Festival de Cannes (1962)<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Somebody&#8217;s Xylophone<\/em> [<em>Dareka no mokkin<\/em>] (Y\u00f4ichi Higashi, 2016)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono1.png\" alt=\"Somebody&#039;s Xylophone (Y\u00f4ichi Higashi, 2016) - 1\" width=\"1924\" height=\"1040\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1917\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono1.png 1924w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono1-300x162.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono1-1024x554.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono1-768x415.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono1-1536x830.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1924px) 100vw, 1924px\" \/><\/p>\n<p><strong>1.<\/strong> <u>ARRECIA LA TORMENTA, HORA DE ZARPAR A MAPEAR<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">Con su asalto maestro, pero tambi\u00e9n natural, al formato digital en 2010, Y\u00f4ichi Higashi refrendaba ser el mayor superviviente del cine japon\u00e9s de nuestros tiempos. Pese a haber dirigido desde 1963 unos veinticinco filmes, ninguna historia oficial y solo escasas listas a la sombra refieren su nombre en relaci\u00f3n al pasado, al presente o al futuro del cine asi\u00e1tico. A las claras, cualquier espectador despierto que se digne a volcar una atenci\u00f3n sol\u00edcita a su carrera de filmes, tomando en cuenta la verticalidad de su trayectoria, podr\u00e1 constatar una de las catatonias m\u00e1s flagrantes de la historiograf\u00eda del cine moderno, no solo japon\u00e9s, sino mundial, en el desconocimiento y la ignorancia de la obra de Higashi. Cuestiones como la lejan\u00eda geogr\u00e1fica, las dificultades de traducci\u00f3n bibliogr\u00e1fica que guarda el idioma japon\u00e9s o la l\u00f3gica mercantil que decide qu\u00e9 exhibir pueden explicar un tanto, pero no tama\u00f1o olvido. Sin embargo \u00e9l, recalcitrante cineasta de hidalgu\u00eda insobornable, experto pintor de interrogantes, profesional oficioso del medio movi\u00e9ndose con soltura en la segmentada industria del cine nip\u00f3n habiendo sabido colocarse durante d\u00e9cadas all\u00ed donde se le permitiera crear libre o, al menos, con personal anchura, sigue repartiendo, ajeno a los enga\u00f1osos laureles de la repercusi\u00f3n y de la consideraci\u00f3n allende sus fronteras natales, a cada nueva oportunidad, un inagotable man\u00e1 de sapiencia f\u00edlmica. La ac\u00e9rrima defensa de Higashi, de un tipo particular de cine dram\u00e1tico que sentimos como patria interior, por el cual ir\u00edamos a la guerra hasta matar de apabullamiento argumentativo o agotamiento mental al interlocutor y que, como se percibe ante el creciente temor del lector \u2500no tan a salvo como a \u00e9l le gustar\u00eda creer\u2500, se nota estamos comenzando vertiginosamente a armar, ser\u00eda una empresa que no osar\u00edamos abordar tan intr\u00e9pidos de no estar del todo persuadidos sobre que el \u00faltimo filme digital del octogenario Higashi, <em>Somebody&#8217;s Xylophone <\/em>(2016), abre una brecha. Desescombra nuevos caminos. Celebra viejas constataciones. En resumidas cuentas: revienta la pi\u00f1ata. \u00bfQui\u00e9n se atrever\u00eda a proclamar, hace unos a\u00f1os, que el \u00fanico medio de salvaci\u00f3n del cine japon\u00e9s provendr\u00eda de una buena transfusi\u00f3n de sangre a\u00f1eja? Afirmaci\u00f3n que proferimos conscientes, aguerridos y resueltos como lo estaba Jacques Rivette cuando batallaba la ejemplaridad moral de <em>Viaggio in Italia<\/em> (Roberto Rossellini, 1954).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A partir de ahora nos dirigiremos al lector de \u201custed\u201d. Y lo haremos porque, en los \u00faltimos tiempos, notamos el aire como enrarecido. Al parecer se requiere mucha educaci\u00f3n, y hacer gala de blanda mano izquierda, para charlando convencer a los cin\u00e9filos \u2500hombres que creen saber demasiado, le\u00eddos hasta el amortajamiento\u2500 sobre el descubrimiento de un filme, o de un cineasta, de envergadura maestra y que ellos a\u00fan no conocer\u00edan. Enseguida desconf\u00edan. A la m\u00ednima arrugan la nariz. Adoptan una pose, dig\u00e1moslo as\u00ed, condescendiente. M\u00e1xime si se trata de una tradici\u00f3n cinematogr\u00e1fica presuntamente tan bien documentada como la japonesa. No acaban de sentirse insultados porque no te creen. Casi que no quieren creerte, descubrir. Han olvidado abonar su conversaci\u00f3n cin\u00e9fila con el dulce y f\u00e9rtil perfume de las excrecencias amicales, se refugian en parapetos de c\u00e1nones legitimados por miles de firmas, d\u00e9cadas endureciendo su rancio anquilosamiento en mente ego\u00edsta, la del espectador menos dispuesto a echarse a la calle, hacer el trabajo, descubrir sus regocijos m\u00e1s all\u00e1 del Mediterr\u00e1neo; las brisas de la terraza bien sabido es que fortifican el temple, no lo dudamos, el caso es el siguiente: si arrecia la tormenta y no se ve usted obligado a batallar contra la tempestad, terminar\u00e1 olvid\u00e1ndose de mapear la carta n\u00e1utica, y as\u00ed, lo desconocido por inaccesible permanecer\u00e1 en estado criog\u00e9nico, en parte, por su condenada culpa. Alude a su guante blanco para lavarse las manos. No hay rencores. Le sugerimos levantar el culo de la butaca del festival local y sumar una cita en su calendario. No se preocupe por los gastos, corren a cuenta de los servidores. A continuaci\u00f3n, nuestro devocionario para paganos, procurando abandonar afanes proselitistas en el rellano de la puerta, aun as\u00ed, ansiosos, no lo negaremos, pues nos produce un placer indecible reintroducir en esta particular casa del cine al espectador desalojado por la saz\u00f3n caprichosa de los a\u00f1os.<\/p>\n<p><strong>2. <\/strong><u>PECADOS NIPONES: ALGUNOS A\u00d1OSOS, OTROS RECI\u00c9N SALIDOS DEL \u00daTERO<\/u><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\">Para empezar, piense usted en la dificultad del desaf\u00edo que se propone Higashi: capturar la rebeld\u00eda queda de una madre, esposa, mujer, reducida por vicisitudes en ama de casa apocada y melindrosa. En esta ocasi\u00f3n, el cineasta se muestra respetuoso en grado sumo, incluso recatado, sobre todo en lo concerniente a poner en escena los desvar\u00edos reincidentes y la sexualidad perversa de la f\u00e9mina (lo cual solo lograr\u00eda dejarla ingratamente en evidencia). La contenci\u00f3n con que Sayoko, nuestra ama de casa, habita el mundo, nos refiere el pasado de alguien, un animal humano reprendido por el peso de la organizaci\u00f3n de la existencia en jornadas, que ha aprendido a aplacar a la fuerza su descaro, qui\u00e9n sabe troc\u00e1ndolo en qu\u00e9. Un modo de ser que quiz\u00e1 suponga una prolongaci\u00f3n trastocada, el reverso, en una madurez femenina claudicante, de las dosis de insolencia juvenil que a otras mujeres representadas por Higashi les permit\u00eda cierta independencia, una promiscuidad asteroidal, aun gravitando con ofuscada fidelidad entre \u00f3rbitas masculinas. Si no le ha quedado claro, piense en su mam\u00e1, cuando era vuesa merced un criajo. La recuerda entreg\u00e1ndose a las tareas del hogar en silencio \u2500si era de aquellas en las que pap\u00e1 delegaba porque siempre trabajaba, o estaba de viaje\u2500, y la contemplaba, querido interlocutor, con fascinaci\u00f3n en las pupilas, pensando qu\u00e9 narices le pasaba por la cabeza a esa mujer, sonrisa suavecita, demonios internos, serenidad enga\u00f1osa. Pero f\u00edjese mejor: debido a erigirse ella misma en guardiana confesa de su impulsividad, la interioridad de Sayoko, por un poquito, se nos escapa, manteni\u00e9ndosenos m\u00e1s en secreto, por ejemplo, que la de los personajes encarnados por Setsuko Karasuma en <em>Four Seasons: Natsuko<\/em> (1980) o <em>Manon<\/em> (1981). All\u00ed, el descaro tunante de la actriz por saberse due\u00f1a sigilosa de su traves\u00eda goteaba los fotogramas y nuestro gozo. Aqu\u00ed, en <em>Somebody&#8217;s Xylophone<\/em>, la cosa tiene algo de remedo inusitado: el cineasta elige vadear el flujo digital con cautela ante las profundidades serpenteantes que se insin\u00faan. El espectador podr\u00eda perder de vista el sendero y la br\u00fajula si la acuosidad del drama llegara a inundarle los p\u00e1rpados, ac\u00e1 no ha venido usted a que le hagan llorar; al\u00e9jese, flote con precauci\u00f3n \u2500parece susurrarnos el metraje\u2500, pero no se olvide de aprovechar los remolinos, las corrientes a favor, que el r\u00edo f\u00edlmico acaudala para su entera disposici\u00f3n, arrullando sus receptores dieg\u00e9ticos con cortes\u00eda. Tampoco se rinda demasiado pronto, pidiendo rescate, acabando por convertir su itinerario en inspecci\u00f3n desde el helic\u00f3ptero timorato. No, se\u00f1or, ya nos sabemos de carrerilla el manual de la vida vista desde las alturas, en la lejan\u00eda fija. \u00bfHa le\u00eddo este adjetivo? Convirt\u00e1moslo en sustantivo: fijeza. Recu\u00e9rdela bien, Higashi la mima, se aproxima a ella para escapar como de la expareja cuyas fotos acaban por enterrarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sayoko aparenta a primera vista, tal y como nos la presenta el cineasta, ser una clienta m\u00e1s del sal\u00f3n de belleza. Pero, tras su primera visita, la mujer nos sorprender\u00e1 extraviando en mirada perdida sus sentimientos por Yamada Kaito, su joven peluquero con novia al que en adelante acosar\u00e1 sibilinamente. Mientras que, por otro lado, entrevi\u00e9ndola en su casa, llegamos a creerla habitante convencida de la garita hogare\u00f1a en la que atiende las necesidades de su parentela: su hija prepubescente y su marido, reci\u00e9n trasladado el n\u00facleo familiar a los arrabales suburbanos. Aunque el tr\u00edo de sangre comparte espacio para desarrollarse, las distintas oleadas en las que Higashi los embarca nos los adosa vagamente a los ojos, y presentimos juntos los cub\u00edculos invisibles que separan cualquier experiencia individual de la ajena: acumulaci\u00f3n de perspicacias, intuiciones contradictorias, conmociones\u2026 Un lago de sentires donde uno se piensa sin pensarse, reflexiona a sabiendas, y remata no sabiendo qu\u00e9 hacer con sus emociones m\u00e1s que dejarse llevar por la corriente. Hay algo nuevo y algo a\u00f1oso en el modo en que Higashi reh\u00edla los h\u00e1bitos de sus protagonistas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Respecto a lo nuevo, este digital le dar\u00e1 a usted la oportunidad de contemplar la vida sin miedo por el precio de la celulosa, aunque si pretende abusar de dicha tranquilidad perder\u00e1, junto al falsificante anhelo de una latitud intangible, el vaiv\u00e9n que nos aleja y aproxima al curso natural de los d\u00edas. C\u00e9ntrese, por favor, en la materialidad del presente. La soluci\u00f3n del director pasa por indisponer la imagen digital, en igual medida, respecto del preciosismo ostentoso como de ofrec\u00e9rnoslo desagradable, con modales hoscos. Ambos extremos enturbiar\u00edan de alg\u00fan modo la capacidad de observaci\u00f3n, la vividez del drama. Sin embargo, cuando la importancia de la escena recae en emociones aprehensibles o en un minuto concreto del d\u00eda, entonces s\u00ed, se opta por trabajar hasta cierto punto con la luz, calibrando sin extenuarla su intensidad, plasmaci\u00f3n y nivel de entrada. Evitando adornar o ensuciar, se siente l\u00edcito resaltar las <em>horas azules <\/em>donde los personajes creen, y nosotros con ellos, en una suerte de epifan\u00eda en miniatura, derroche de energ\u00eda, un descubrimiento silencioso donde uno semeja batallar con la vida frente a frente. Instantes que discurren por el marco del encuadre tan di\u00e1fanos como la mirada entregada en pleno paseo mar\u00edtimo de un amante al cual su prometida acaba de decirle por tel\u00e9fono que la existencia la pasar\u00e1 con \u00e9l. Dichos aspavientos los registra el director como conciudadano sensible a las enmiendas sentimentales de la mundanidad. Peque\u00f1os arreglos. Si uno se fija bien, comprometi\u00e9ndose, podr\u00e1 emocionarse, pero estos instantes carecen de aureola luminosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No obstante \u2500y ahora preste atenci\u00f3n, porque aqu\u00ed viene lo para nosotros novedoso de verdad\u2500, en la gran mayor\u00eda de escenas, cuando las personalidades se encuentran meramente enfundadas haciendo cosas, unas junto a otras, pareciendo ordinarias, los planos se deciden por arrasar al ojo con el espejismo de una imagen digital entregada al espectador sin revelado ni retoque aparente, dando una sensaci\u00f3n de <em>en bruto<\/em>. El sal\u00f3n de belleza es fotografiado como las bombillas desnudas que, colgando del techo, lo iluminan: brutamente, sin pantallas, con aparente despreocupaci\u00f3n estilo industrial. Y es bajo esta luz indiferente, abrupta, como conocemos el empleo de Kaito, ya en plena faena peinando con manifiesta habilidad a Sayoko, a\u00fan una desconocida para nosotros, de espaldas. El perfil de color brillante y crudo de la escena se funde con el acervo visual del espectador acostumbrado hoy, \u00e9l mismo, a deglutir im\u00e1genes digitales molientes, atrayendo su percepci\u00f3n hacia un desangelamiento antiespectacular, cotidiano, que casi identificar\u00e1 con la <em>materia prima <\/em>hacia la que se acomodan los destinos de unas vidas que le podr\u00edan ser coet\u00e1neas. Lo moliente, por supuesto, es trabajado por detr\u00e1s hasta el matiz m\u00e1s enano. Una generosa ilusi\u00f3n \u00f3ptica de hacernos pensar que si en ese momento nos hallar\u00e1mos nosotros en la peluquer\u00eda escrutando la escena con una <em>handycam<\/em> podr\u00edamos haber conseguido im\u00e1genes de similar calado. El recinto derrocha la respuesta sensorial meridiana aut\u00f3noma inherente a dichos salones, preocupa y amansa el esp\u00edritu esa instancia trivial. Cr\u00e9anos cuando le decimos que nos encantar\u00eda tenerle a usted delante \u2500despu\u00e9s de que se haya dignado a ver la pel\u00edcula, obviamente\u2500 para preguntarle con desmesurado inter\u00e9s: \u00bfqu\u00e9 le provocan esos diversos saltos detalle a las manos de Kaito trabajando, al pelo de Sayoko, a las herramientas de peluquero cortando que, en general, le hacen rebasar a uno, por cercan\u00eda, la mera observaci\u00f3n juiciosa, y consiguen inmiscuirlo fugazmente como espectador, sin acabar de sumergirlo, en un placer ubicuo? A nosotros, por un momento, nos parece que el roce de las tijeras se cohesiona realmente, como un milagro, con la charla de las dem\u00e1s clientas y nos embarga una noci\u00f3n, la de estar sobre el suelo, elevados en la silla, presintiendo en sordina las min\u00fasculas turbaciones de la cr\u00f3nica del trabajador asalariado. Aunque rememorando la secuencia a la luz del final del filme, algo apesadumbrados por intuir un poco m\u00e1s lo que impele a la mujer a hacer lo que hace, nos sentimos reflejados tambi\u00e9n en el espejo doble cara que Kaito le ofrece a Sayoko en aras de obtener el visto bueno ante su primer corte de pelo en Mint, local al que la desdichada volver\u00e1 hasta los \u00faltimos compases del desenlace, atra\u00edda por las virtudes de los trastornos circunscritos que una mam\u00e1 puede tronar, sobre sus allegados, en su delimitado mundo suburbial, donde la manipulaci\u00f3n del deseo ajeno se juega en ese tardar demasiado al ir a bajar la basura, en el paseo nocturno al que convoca una llamada interior sin intenci\u00f3n de extraviarnos, m\u00e1s cerca del acondicionamiento hacia un bailoteo p\u00edcaro, malicioso lo justo, para con nuestras asunciones, las del pr\u00f3jimo y las reflexiones inconsecuentes en torno a ellas que rondan la mente de la ama de casa cuando vuelve al domicilio bajo la lluvia, paraguas en mano, cavilando para s\u00ed con la boca abierta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Respecto a lo a\u00f1oso, si quiere usted tirar del hilo, comprender d\u00f3nde florece el germen de este cine de la experiencia, deber\u00e1 echar la vista atr\u00e1s en la carrera de Higashi. Si no lo ha hecho, le conminamos, pues podemos asegurarle sin dudar que le aguardan muchas alegr\u00edas. El tercer largometraje de ficci\u00f3n del director, tambi\u00e9n el cuarto, iniciadores de un periodo de quehaceres con escasos parones hasta 2017, alinean parte de su esp\u00edritu con aquella segunda generaci\u00f3n nuevaolera cuyas pel\u00edculas produjo y distribuy\u00f3 hacia el \u00faltimo tercio de su vida comercial la Art Theatre Guild, estandarte del cine japon\u00e9s independiente desde los sesenta. El aroma documental de <em>S\u00e2do <\/em>(1978) y <em>No More Easy Life<\/em> (1979), en sus filmes subsiguientes, va paulatinamente enriqueciendose con un aumento de los destellos de subjetividad, invitaciones al espectador a participar en el juego mental, en los mareos, en el fervor sexual, introducidos merced la incontinencia vital de sus personajes. Criado, c\u00f3modo, y a su vez, izando sus intereses cinematogr\u00e1ficos en direcci\u00f3n a los vientos favorables de un funcionamiento industrial que privilegiaba la producci\u00f3n de un cine obligadamente permisivo, se le otorg\u00f3 la oportunidad de filmar lo que quisiera, mientras hubiera cama, incluso flagelando hasta casi el trastorno \u2500<em>Keshin <\/em>(1986)\u2500 los \u00faltimos coletazos de la explotaci\u00f3n caracter\u00edstica de la violencia rosa, cuya absoluta decadencia, por aquel entonces, parec\u00eda sobrevolarlo todo como un viejo manto regio apolillado. A cambio, Higashi nunca soltar\u00eda una observaci\u00f3n sensualista de la paradoja social entre hombre y mujer: para llevar a cabo sus propuestas, durante los ochenta salte\u00f3 productoras con probidad, para la Nikkatsu, redignificando en dicha d\u00e9cada lo que hab\u00edan sido los<em> roman poruno<\/em> en los 70, y tambi\u00e9n en la Toei \u2500asociada a otra variante pionera del filme er\u00f3tico, introductora en la industria nipona de la palabra <em>poruno<\/em>\u2500, perteneciendo a esa estirpe de cineastas que, como Toshiya Fujita en una retah\u00edla de filmes en oto\u00f1os equidistantes, o Kirio Urayama en sus dos \u00faltimos largos, retomaron el gusto por la materialidad de filmar las cosas m\u00e1s de cerca, tal como son, negociando esta instancia entre la fiable observabilidad de la realidad terrenal por parte del aparato y la conciencia desprotegida que tienen los personajes respecto a sus albures m\u00e1s inmediatos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tras el rodeo, vuelva usted a cavilar en los momentos que siguen a la primera visita de Sayoko a la peluquer\u00eda. El tacto en detalle de Kaito <em>calar\u00e1<\/em> por entero la ma\u00f1ana de nuestra ama de casa, y ofrecida a ella la tarjeta para pr\u00f3ximos contactos, su siguiente estancia ser\u00e1 la terraza de un bar, en soledad, acompa\u00f1ada desde fuera de la di\u00e9gesis por una peque\u00f1a pieza oper\u00edstica uncida a un poema de Pierre de Ronsard, <em>Mignonne, allons voir si la rose<\/em>. La partitura se introduce con la suavidad del viento agitando su cabellera, sin violentarla, orgullosa la dama de exhibirla ante el espacio abierto de su microcosmos, para ella la magnitud de un planeta. El cine de la experiencia que referimos se despliega as\u00ed, como en esta escena, movi\u00e9ndose entre espiarla y tentando de fundirse en ella. Se saborea el vino mientras la canci\u00f3n se disipa, ha prendido la chispa de la curiosidad, y el gustillo inconsciente por las tijeras cari\u00f1osas va torn\u00e1ndose poco a poco en \u00edmpetu por mezclar, en alboroto de grato remilgo, las manos del esposo con las de Kaito \u2500fantas\u00edas voraces presentadas con dejo de amapola traviesa\u2500; sigue un intercambio de mensajes que por parte del peluquero podr\u00eda decirse que rebasan un tanto, no mucho, las estrategias t\u00edpicas de fidelizaci\u00f3n de una clienta: enviar\u00e1 a Sayoko con el m\u00f3vil una foto de su <em>arma de samur\u00e1i<\/em>, las tijeras, mientras que de ella, para su perplejidad, recibir\u00e1 una de su cama con la remota excusa de ense\u00f1arle su colch\u00f3n nuevo. Qu\u00e9 cosquilleo y menudo regusto de temor se introduce en nuestro cuerpo cuando la santurrona mujercita empieza a hacerse notar, \u00bfverdad? Clav\u00e1ndose como una estatua negando la sal, encubriendo ya poco sus ansias por meter el embolao dentro de las cuatro paredes donde hace el amor, cuida a su hija, irrefrenable af\u00e1n de traer a casa, con apacible rencor, la liada que menoscaba la aprendida usanza peri\u00f3dica, familiar. Espl\u00e9ndido revolcar a los dem\u00e1s en voz baja, cara de \u00e1ngel. Las citas se amontonan, la practicalidad del peinado ya es lo de menos. Sayoko entregar\u00eda su ma\u00f1ana al diablo menos malvado por un peque\u00f1o retoque m\u00e1s, y luego negar\u00eda en canal la concesi\u00f3n, escud\u00e1ndose en su fr\u00e1gil figura para inquirir con ojos de bendita sabandija a la que se atreva a alterar su paz casera: la novia de Kaito, harta ya de tanto disimulado solaz.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono2.png\" alt=\"Somebody&#039;s Xylophone (Y\u00f4ichi Higashi, 2016) - 2\" width=\"1924\" height=\"1040\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1918\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono2.png 1924w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono2-300x162.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono2-1024x554.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono2-768x415.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono2-1536x830.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1924px) 100vw, 1924px\" \/><\/p>\n<p><strong>3.<\/strong> <u>SE ESCAPAN LAS \u00c1NIMAS EN EL CRUCE DE CAMINOS<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">Una alarma bastante repajolera en su meticulosidad, reci\u00e9n instalada por el paterfamilias debido a sus inseguridades para con el bienestar f\u00edsico de su clan femenil, desencadena un patetismo solapado. El enredo de Sayoko entre sus propios pensamientos nubla su mente hacia tales cumbres que despu\u00e9s de volver a casa enfurru\u00f1ada bajo la lluvia, y tapando su agudeza foni\u00e1trica el persistente ruido de unas h\u00e9lices retumbando desde el cielo, tardar\u00e1 un tiempo en reparar que la alarma no ha sido a\u00fan desactivada. Le har\u00e1 falta realizar una llamada de inmediato para que el cuerpo policial no se persone en su hogar. La electr\u00f3nica capataz, una cortina de humo insuficiente para contener los pensamientos brotando aleatoriamente de los impulsos de psiques contrariadas, voces interiores que pueden asaltar el afuera seg\u00fan les rote, en registros diversos \u2500d\u00edscolas, deseantes, lamentosas&#8230;\u2500, y es mediante su variedad como Higashi, de nuevo, reh\u00fasa atenerse a cualquier tipo de firmeza, o a unos ejes cuadriculados mediante los cuales usted podr\u00eda establecer la mec\u00e1nica del filme pasados cinco minutos. Para su fortuna y la nuestra, eso no ocurre, querid\u00edsimo lector, las voces en <em>off <\/em>brotan con la espontaneidad de un aguacero impensado, sin atenerse como compa\u00f1eras asignadas de cada personaje. Hace acto de presencia por primera vez cuando Kaito despide a Sayoko despu\u00e9s de su primer corte de pelo, mientras le abre la puerta, en <em>off <\/em>su mente musita \u00abaquella clienta ten\u00eda algo interesante\u00bb; reaparece con capricho, rechazando la unilateralidad, por ejemplo, cuando el propio peluquero, al encontrar unas fresas reci\u00e9n compradas en su rellano, nota adjunta, recuerda que la nueva clienta ha podido llegar hasta su casa porque \u00e9l mismo le hab\u00eda sugerido pistas de la direcci\u00f3n. Este recuerdo, se\u00f1alizaci\u00f3n pasada soltada en medio de una conversaci\u00f3n casual, le vuelve en <em>off<\/em>, previo lamento a viva voz de lo idiota que es por hablar demasiado. M\u00e1s de veinte minutos de metraje separan ambas apariciones extradi\u00e9geticas. Una prolijidad desarmante en su liberalismo, la mente vagabundea entre datos vagos, se queda en blanco, cruza el d\u00eda sin articular un esbozo fuerte y reservado de anhelo espec\u00edfico. Ni usted ni nosotros nos relatamos como si perteneci\u00e9semos a una novela de Virginia Woolf, pero somos tan ni\u00f1itos y caprichosos que no faltamos a la cita de releer en susurro cerebral los mensajes que mandamos por tel\u00e9fono a alguien que tenemos lejos o al lado, y esto ocurre cuando, al borde de una reconciliaci\u00f3n honesta de principios, o eso parece, pero incompleta y algo embustera atendiendo a los acontecimientos, entre Sayoko y su marido, ambos inician juntos en el sof\u00e1 mediante los tel\u00e9fonos un mensajeo recatado, para asegurarse de que todo va bien, un pienso demasiado en mi trabajo, otro perdona por los problemas que te haya causado\u2026 Solo faltar\u00eda un <em>hazme el favor de no mirarme a la cara mientras me disculpo con gazmo\u00f1er\u00eda, quiz\u00e1 me sonroje<\/em>. Ciertamente, asistimos a la representaci\u00f3n de una farsa. Sin embargo, comprenderemos su debilidad, tambi\u00e9n usted, nosotros, hemos pasado por momentos en que, aun queri\u00e9ndolo, no supimos hacerlo mejor. Eso s\u00ed, el intercambio termina con las manos de la pareja apoyadas en la pierna del otro. Los peque\u00f1os concordatos ordinarios los conocemos bien, nos hacen sentir menos indispuestos, aunque tambi\u00e9n aumentan el malestar cuando pasan las horas. Tranquiliza posponer el grito que nos eche de casa\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2026pero somos tan lascivos y herm\u00e9ticos que no podemos evitar \u2500\u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de la vida sin una pizca de inmoralidad soterrada?\u2500 jugar un poquito despu\u00e9s de la ordal\u00eda. Sayoko, habiendo pasado el itinerario de pac\u00edfica persecuci\u00f3n a Kaito, de vuelta al dormitorio, dibuja sobre la espalda de su consorte l\u00edneas invisibles sobre su espalda. Ella escribe con \u00abs\u00edmbolos indescifrables, solo estos pueden transmitir sentimientos importantes\u00bb. Otra vez tus enigmas, dir\u00e1 el marido. La esposa, m\u00e1s sensual en su impenetrabilidad que en cualquier otro momento del filme, sabiendo ya el precio de traspasar la frontera de lo permisible a la hora de sentir y mostrarlo en el circuito de la vida p\u00fablica, afirmar\u00e1 con voz cari\u00f1osa que las mujeres deben hacer uso de los enigmas a veces. Qued\u00e9monos con eso, durmamos el sue\u00f1o de la tenue desaz\u00f3n, otro fantasma imaginario con el que establecer un l\u00edmite: gracias a este per\u00edmetro, cuando nos perdemos en medio de la noche, como el padre a mitad del metraje, y nos embarga la candela de la exquisita vacilaci\u00f3n. Esa madrugada el marido de Sayoko no har\u00e1 el amor con una<em> prostituta<\/em>, la dama dichosa escapa a tal denominaci\u00f3n. En un tiro de plano desde el borde de la cama \u2500que ya hab\u00edamos presenciado antes, recogiendo los pies Kaito y su novia (paralelismos que denotan una misma b\u00fasqueda candorosa, sin culpa, hacia una fuente de calor)\u2500, el marido de Sayoko rozar\u00e1 los suyos por debajo de las s\u00e1banas hoteleras con los de una mujer cuyo nombre hoy es Kaoru. Ma\u00f1ana no sabe cu\u00e1l ser\u00e1. Ah\u00ed lo tiene, estimado leedor, su reverso, la entrega sin coartadas a la subsistencia precaria sin pared con alarma, Kaoru hoy, pasado Dios dir\u00e1, habita Jap\u00f3n del otro lado del per\u00edmetro, su inclusi\u00f3n en el filme supone la encarnaci\u00f3n del interrogante determinante para el var\u00f3n de la familia, y algo desconcertado tras su segundo encuentro con ella, decide, <em>por el momento<\/em>, volver al nido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sayoko, por su parte, hace volar la imaginaci\u00f3n hacia una casa en la que reside un signo de vida. La c\u00e1mara la registra en dos planos, uno abierto en general, retrocediendo marcha atr\u00e1s, y otro mucho m\u00e1s cerrado, por encima del nivel del suelo, encaram\u00e1ndose hacia la ventana del segundo piso donde la mujer se imagina a alguien golpeteando al azar las teclas de un xil\u00f3fono. Vuela la memoria de Sayoko por contados segundos, ni grado de iluminaci\u00f3n mayor alcanzan, como tampoco el ya mencionado masaje imaginario por parte de Kaito y su marido, pero s\u00ed se acercan a una suerte de mano invisible acariciando la biograf\u00eda en presente, a la vez viajando a diversos puntos del tiempo y la apetencia, de los seres humanos registrados en la ebullici\u00f3n ambigua de sus querencias. Recostada una noche cualquiera con su marido, que no acepta m\u00e1s que caricias, el recuerdo de la casa vuelve, y el registro se limita al plano cerrado, entrometi\u00e9ndose con reserva hacia el cortinaje movido con levedad por la brisa, el ruido del xil\u00f3fono se acrecienta sin atronar, y Sayoko reflexiona sobre la m\u00fasica que la instrumentista estaba buscando dentro de ella, la m\u00fasica en la que buscaba convertirse. No funcion\u00f3. Y la ni\u00f1a es ella. La ni\u00f1a <em>era<\/em> ella. Retornamos a Sayoko en la cama, alcoba tempestuosa, y la escena concluye con el vestido de Gothic Lolita siendo guardado en una bolsa, reci\u00e9n comprado por virtud antojosa a la novia de Kaito, dejado ver al marido como sin querer, pronto devuelto en el portal del joven, arrepentida del impulso. El leve onirismo de Higashi no choca con la realidad como si quisiese darle un codazo, a modo de rega\u00f1o, dura poquito, silba con la liviandad requerida para que, al volver del ensue\u00f1o dudoso a la tenue luz del d\u00eda o la madrugada en penumbra, el traspaso, restituci\u00f3n en el paso natural de los segundos, terminemos embargados por una vaporosa emoci\u00f3n, como saliendo de una pota en cocci\u00f3n; poco hay que explicar aqu\u00ed, regresamos despu\u00e9s de permitirnos volar con nuestros empe\u00f1os, y el reintegro jam\u00e1s nos deja indiferentes. \u00bfPor qu\u00e9 Kaito no cort\u00f3 por lo sano la persecuci\u00f3n de Sayoko? \u00bfAcaso le recordaba a su madre? \u00bfQu\u00e9 intentaba el joven desahogar con el deporte? \u00bfY el pincho que saca de la caja, la peligrosidad que ah\u00ed nos insin\u00faa, despu\u00e9s de dejarlo con la novia? Tras el agolpamiento de los misterios que amenazan echar la puerta abajo, concordar\u00e1 usted con nosotros en que necesitamos algo que se traspase. Para nuestra tranquilidad, se nos lega el peque\u00f1o salto a la madurez de la hija del matrimonio, el personaje al que todos le niegan agencia, tener derecho a juzgar, aunque resulte ser quien m\u00e1s sufre las consecuencias; tambi\u00e9n una \u00faltima aparici\u00f3n de Yui, la exnovia de Kaito, despu\u00e9s de haber cortado con \u00e9l, prolongando su coexistencia con los hombres en una peque\u00f1a escena en el bar Owl sin m\u00e1s importancia que la de mostr\u00e1rnosla saliendo adelante. Necesitamos una s\u00e1bana, que alguien nos cubra al destaparnos mientras dormitamos, pues queremos seguir so\u00f1ando hasta que suene el despertador. Esto Higashi lo sabe tambi\u00e9n: Sayoko procede a echar una bien ganada siesta en los \u00faltimos segundos del metraje, y de la nada, en un plano nadir, cae del techo una s\u00e1bana que comenzar\u00e1 a escalar por el sof\u00e1 hasta arroparla. Dulces sue\u00f1os, Sayoko, que la fortuna te sea grata y, al menos, halles esa m\u00fasica, <em>seas<\/em> esa m\u00fasica, mientras duermes, arrebozada por la lisonjer\u00eda del tr\u00e9molo. Tu rosa de ropaje p\u00farpura no habr\u00e1 trocado en ruina los pliegues de su atuendo purpurina, cuyo tinte semeja tu arrebol. La percusi\u00f3n alentar\u00e1 tus d\u00edas venideros.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono3.png\" alt=\"Somebody&#039;s Xylophone (Y\u00f4ichi Higashi, 2016) - 3\" width=\"1924\" height=\"1040\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1919\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono3.png 1924w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono3-300x162.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono3-1024x554.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono3-768x415.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono3-1536x830.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1924px) 100vw, 1924px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/eigageijutsu.blogspot.com\/2011\/08\/deux-ou-trois-choses-que-je-sais-datg.html\">Deux ou trois choses que je sais d&#8217;ATG<\/a><\/p>\n<p>RONSARD, Pierre de. <em>Mignonne, allons voir si la rose<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono4.png\" alt=\"Somebody&#039;s Xylophone (Y\u00f4ichi Higashi, 2016) - 4\" width=\"1924\" height=\"1040\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1922\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono4.png 1924w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono4-300x162.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono4-1024x554.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono4-768x415.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Xylofono4-1536x830.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1924px) 100vw, 1924px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y\u00d4ICHI HIGASHI Four Seasons: Natsuko [Shiki Natsuko] (1980) Somebody\u2019s Xylophone [Dareka no mokkin] (2016) Fran\u00e7ois Truffaut: Es realmente una pena que su pel\u00edcula no recibiera ning\u00fan premio all\u00ed. 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