{"id":2472,"date":"2021-12-25T09:00:25","date_gmt":"2021-12-25T09:00:25","guid":{"rendered":"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2472"},"modified":"2023-12-15T06:06:44","modified_gmt":"2023-12-15T06:06:44","slug":"la-indecencia-connivente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2472","title":{"rendered":"LA INDECENCIA CONNIVENTE"},"content":{"rendered":"<p><strong>ESPECIAL ALAN RUDOLPH<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2060\">Los filmes de Alan Rudolph; por Dan Sallitt<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1629\">Trouble in Mind (1985); por Dave Kehr<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1470\">Trixie (2000)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1691\">Investigating Sex [Intimate Affairs] (2001)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2472\">Ray Meets Helen (2017)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2529\">El productor como apostador; por Alan Rudolph<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2481\">Interview \u2013 Alan Rudolph<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2487\">Entrevista \u2013 Alan Rudolph<\/a><\/p>\n<p><strong><em>Ray Meets Helen<\/em> (Alan Rudolph, 2017)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-1.png\" alt=\"Ray Meets Helen Alan Rudolph 1\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2474\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-1.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-1-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-1-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-1-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-1-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>You know, I\u2019m really the only true romantic left in this building<\/em> <\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\">Ginger Faxon (2017)<\/p>\n<p><strong>1.<\/strong> <u>ANTOJOS DEL PERENNE <em>AMATEUR<\/em><\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">Nos imaginamos, hace bastantes a\u00f1os, a Alan Rudolph abriendo el peri\u00f3dico. Ser\u00eda una ma\u00f1ana o una tarde cualquiera, conocemos poco, pero a nosotros nos gusta presumirlo sonriente. Aunque la fecha permanezca imprecisa, entrevemos el probable fin de ciclo durante el cual pudo eso ocurrir. Hoy sabemos que durante 15 inviernos, desde el 2002, la actividad del cineasta nacido en Los \u00c1ngeles sufrir\u00eda un par\u00f3n categ\u00f3rico, durante el cual, en el intersticio, ocupar\u00eda su tiempo con la pintura, su otra gran afici\u00f3n. En consonancia con los caracteres que pueblan su filmograf\u00eda, el angelino fue durante treinta a\u00f1os un cineasta desaforado, un buscavidas, alguien enamorado, adaptativo y afortunado, pues logr\u00f3 recorrer, due\u00f1o de s\u00ed, una venturosa e independiente carrera; cuando ces\u00f3 de forma casi oficial para la industria, personalmente no se le conocen lamentos, al contrario, recuerda con orgullo las personas que, obra a obra, reincidiendo en sus puestos de trabajo, le permitieron levantar empresas disparatadas pero con la suficiente sobriedad econ\u00f3mica y diligencia en los plazos como para no hacer saltar a las productoras la luz roja del \u201cse acaba aqu\u00ed\u201d al segundo intento. Lo que nunca podremos llegar a saber es si Rudolph era consciente, o intu\u00eda, mientras repasaba los art\u00edculos de la secci\u00f3n de sucesos recolectando el germen de dos ideas para su pr\u00f3ximo filme, que no alcanzar\u00eda a materializar <em>Ray Meets Helen <\/em>hasta 2017. Lo \u00fanico cierto es que, por aquel entonces, no esperar\u00eda seguro firmar su regreso al cine, o su despedida \u2500a qui\u00e9n le importa mientras tengamos otro filme por fin de \u00e9l\u2500, arrog\u00e1ndose con nata insolencia el digital, formato del todo novedoso en su filmograf\u00eda, si bien los jugueteos an\u00e1rquicos con los insertos en v\u00eddeo hab\u00edanse introducido ya como granadas en <em>Breakfast of Champions<\/em> (1999), filme donde los signos visibles m\u00e1s evidentes de su puesta en forma se dejaban de lado para adaptarse a la esquizofrenia de los tiempos, duplicando la velocidad majareta de finales del siglo hasta llegar a medio redimirla \u2500agradecemos a Luc Moullet su breve pero enconada defensa de la pel\u00edcula, justo a tiempo\u2500. Retornamos al diario. Un cami\u00f3n blindado hasta arriba de billetes descarrila en la autopista y acaba volcando en un vecindario pobre, primera historia, posible filme; en la grilla adyacente a esta noticia, una mujer cerca de Seattle encuentra la cartera de otra, se apropia de ella y, de rebote, adopta su identidad: en los d\u00edas subsiguientes se har\u00e1 pasar por ella. Armazonado con sendas puntas de lanza de la ficci\u00f3n, la inicial sujeta <em>Ray Meets Helen<\/em> a una realidad social problem\u00e1tica que ancla los deseos voladores de sus protagonistas a la miseria y problem\u00e1tica del barrio, la segunda sirve para dar pie al drama que catapulta el inicio de la traves\u00eda sentimental de la int\u00e9rprete femenina, una Sondra Locke recuperada tras siete a\u00f1os fuera del negocio, siendo este glorioso papel, por la vida miserable que escap\u00e1ndosenos entre los dedos nos reh\u00faye y nos apaga, su \u00faltimo rol en el cine, espectro hecho materia mientras los p\u00edxeles sobrevivan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Financiando <em>Ray Meets Helen<\/em> con los centavos encontrados en la hucha con forma de cerdito, entre los cojines del sof\u00e1, de Keith Carradine, Rudolph se lanza a empu\u00f1ar la c\u00e1mara digital con una desverg\u00fcenza de veterano que har\u00eda sonrojar a toda una bandada de supuestos <em>amateurs<\/em> no merecedores de tan noble ep\u00edteto. Maya Deren \u2500tambi\u00e9n Jonas Mekas\u2500 recordaba que ese t\u00e9rmino no designaba a modo de disculpa, como una denominaci\u00f3n medio vergonzante, al principiante, sino que su etimolog\u00eda, proveniente del lat\u00edn, se liga con<em> amante<\/em>, \u00abalguien que hace algo por amor hacia la cosa misma en vez de por razones econ\u00f3micas o necesidad\u00bb. Al igual que suced\u00eda en <em>Trixie <\/em> (2000), la <em>forma<\/em> de <em>Ray Meets Helen<\/em> florece en la moci\u00f3n musical que arrostra a los planos respecto a su empuje y a su acaecerse constantes. Suceden aqu\u00ed varios eventos lozanos, aventajados, y es que se une el descaro con la sapienza, una variedad de recursos como quemados encadenados, superposiciones de tubos fluorescentes que fluidifican los planos en carrera, conduci\u00e9ndolos, haciendo eses, hacia una confusa borrachera de signos que, con dadivosa levedad, acompa\u00f1a el caminar de dos amantes, <em>streamings <\/em>a pantalla completa, novio celoso e insoportable incluido acaparando el encuadre, un imb\u00e9cil del tipo que sabr\u00edas se\u00f1alar el momento exacto de cu\u00e1ndo va a soltarte un \u201c<em>\u00a1bitch!<\/em>\u201d, cortes en pleno movimiento del aparato, escamote\u00e1ndonos el c\u00edrculo completo del trazado para colarnos un inserto de dos segundos, un <em>jump cut<\/em> que parte en dos la conversaci\u00f3n de una pareja de ricachonas, siendo espiadas por Helen quien pesquisa modelos de comportamiento para su nuevo estatus, haci\u00e9ndolas saltar picaronas en el tiempo mientras discuten sobre c\u00f3mo recoger la caca del perro. Nosotros, como espectadores, observamos estos caprichos y antojos con alegr\u00eda, incluso emoci\u00f3n desbordada por momentos, ya que nos devuelven la fe en que la imagen digital no solo sirve para encubrir los pecados de un rodaje perezoso, sino al contrario, para enmarcar, mediante un uso singular de sus recursos, unos procedimientos inmanentes al despliegue de un rodaje no-anal\u00f3gico, el atractivo que puede impeler al filme un <em>travelling <\/em>semi-autom\u00e1tico cortado nada m\u00e1s empezar, o lo que tienen de banales, rom\u00e1nticos, rid\u00edculos y, por supuesto, de pat\u00e9tico humanismo enternecedor, las imaginaciones, andares y tics de los reci\u00e9n enamorados. Rudolph se encuentra m\u00e1s cerca de dignificar con suavidad ol\u00edmpica el v\u00eddeo de bodas que nos pide por encargo la amiga de nuestra prima que del estreno en salas de un nuevo logro de la inmersi\u00f3n <em>no visto hasta ahora<\/em> en un entorno <em>tan realista y espectacular que no creer\u00e1s que es imagen digital<\/em>. Que el C\u00e9sar se empache con lo que es del C\u00e9sar, que aqu\u00ed abajo el plebeyo con sus plebeyos modos podr\u00e1 jugar en su maqueta cartonera como si fuese Dios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El viaje ocurre entre la gris\u00e1cea fotograf\u00eda inicial, desagradable por los filtros descarados, sincera en su desparrame al no buscar la belleza sino el desborde, hasta la polifon\u00eda de colores donde Ray y Helen se prendan: el surgimiento consciente del arco\u00edris tras la lluvia es lo que interesa a Rudolph, y el estatismo nunca servir\u00e1, lo sabemos, para componer esta trayectoria parab\u00f3lica del deseo. La mir\u00edada de recursos digitales nos despabila la certeza sobre que el v\u00eddeo no solo es capaz de corromper con ingratitud los sentimientos sinceros en un horrible recuerdo dom\u00e9stico encapsulado, sino que tambi\u00e9n esconde, cuando sus quemados y filtros se acomodan a la traves\u00eda vital, la sincera melancol\u00eda a\u00f1eja de las cosas simples, los afectos demod\u00e9, el encanto lim\u00edtrofe de las edades <em>afterglow<\/em>, acariciando momentos de gloria que parec\u00edan enterrados en el tiempo.<\/p>\n<p><strong>2.<\/strong> <u>ALREDEDOR DE SU CUELLO<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">Un monotono de alerta va renovando su uniformidad para manifestarse bajo diferentes melod\u00edas, algunas acompa\u00f1an la escena de intriga, otras introducen un baile inesperado en medio de la calle; notas de sintetizador que van de la mano con la suspensi\u00f3n e incertidumbre del momento, en fin, maniobras de entrelazo \u2500Shahar Stroh, Parov Stelar y el propio Carradine aportan ritmos sonoros\u2500. A primera vista, explicado, no semeja ning\u00fan logro, ya que lo meritorio se revela en la proyecci\u00f3n al sentir el espectador los ritmos del propio filme respirar de acuerdo a las diferentes velocidades de la m\u00fasica y, al mismo tiempo, siendo independientes de ella. Un encuentro en el que la imagen, por un momento, se permite ser <em>otra cosa<\/em> y la armon\u00eda, sin complejos, resalta el maquillaje descocado que su compa\u00f1era se ha atrevido a usar, la propulsa, le susurra \u201cvente conmigo, seamos una misma entidad en este d\u00eda, qued\u00e9monos hasta que la noche caiga y nos embriague\u201d. En este ir de la mano sin apretar demasiado al adl\u00e1tere se inocula un peque\u00f1o fragmento milagroso de metraje, surgido al borde de la calzada, como si de su cemento emanase una vivacidad contagiosa provocando sin remedio que los transe\u00fantes comiencen un bailongo mientras siguen viviendo; as\u00ed, fugaz, en el parpadeo o chasquido de un gesto esbelto en una ma\u00f1ana cualquiera, como la parcela que pisa, ap\u00e9ndice del apartamento de forrados donde por unos d\u00edas jugar\u00e1 con su nombre, atiende Helen el enredo secreto de los paseantes, puestos de acuerdo para mover las caderas juntos apenas cinco segundos. El filme, durante este periquete, posee el don de la ingravidez que nos eleva a nosotros, espectadores confraternos, de la hostilidad de la vida. Un despegue del naturalismo que hemos venido a identificar como <em>rudolphiano<\/em>: las miradas a c\u00e1mara de casi todos los personajes de <em>Welcome to L.A.<\/em> (1976), de rebote inconsecuente o clav\u00e1ndonos los ojos, la coreograf\u00eda inicial que abre <em>Choose Me<\/em> (1984) y luego se esfuma (el filme no era un musical), la sensaci\u00f3n permanente de que en cualquier momento todos pueden empezar a cabriolear por gracia de una canci\u00f3n, sobrevolando <em>Made in Heaven<\/em> (1987). Peque\u00f1os despegues que destensan la tirantez de la existencia sin llegar a conculcar la sentimental veracidad de la ficci\u00f3n que contemplamos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-2.png\" alt=\"Ray Meets Helen Alan Rudolph 2\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2475\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-2.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-2-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-2-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-2-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-2-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Un poco en medio de dichos ademanes es como se conocen Ray O\u2019Callahan y Helen Wilder. El hombre: trabaja en una compa\u00f1\u00eda de seguros, boxeador en sus a\u00f1os mozos \u2500ecos de rol pasado, el pintor pendenciero Nick Hart en <em>The Moderns<\/em> (1988)\u2500, tambi\u00e9n pianista, una bala que atraves\u00f3 su mano izquierda malogr\u00f3 ambas vocaciones temprano y un reciente viaje a Per\u00fa, acompa\u00f1ado de una desafortunada indigesti\u00f3n, ha puesto su vida en serio riesgo; ah\u00ed llega el cami\u00f3n blindado, un caso que resolver, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n los billetes? La mujer: un pasado triste de relaciones truncadas, casa en el campo (Killdeer County), tambi\u00e9n vive sola, y por funesta suerte, carga con deudas familiares que le son imposibles de sufragar; una escritora de novelas rosa medio tarumba de amor loco (Mary McCloud) se le aparece de casualidad, t\u00edmido encuentro en un bar a primeras horas, la reaparici\u00f3n de la extra\u00f1a, por la tarde, ser\u00e1 imprevista, pues volviendo a casa se la encuentra Helen suicidada de un tiro en la sien yaciendo al lado de un \u00e1rbol pr\u00f3ximo a su finca, siendo la \u00faltima voluntad de la muerta sorpresiva: quiere legar su dinero, traspasar su identidad, a la primera persona que encuentre su cad\u00e1ver. Ray y Helen, juntos por un par de noches gracias a los billetes ca\u00eddos del cielo, pueden aparentar lo que no son o, quien sabe, lo que eran realmente, quiz\u00e1 empezar a ser lo que suspiraban de una maldita vez. Uno esconde cantidad de identidades imposibles en las que desear\u00eda enfrascarse para enamorar en seis horas a la mujer que de un solo vistazo enloquece la vista, al hombre que ataviado con un traje de lujo capta los sentidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9xodo donde los personajes monologan consigo mismos en una disposici\u00f3n sint\u00e1ctica que, como la m\u00fasica, repite cadencias, vuelve sobre sus mimbres, para reflexionarse, la mayor parte de las veces a viva voz y no para s\u00ed. Almizcle soltando migas en su jornada, el hedor de la cavilaci\u00f3n alelada intoxica el arrebato, nubla el maderamen casero, lo curioseamos con tamices tornasolados, similares encajes ligan este lance al de Marguerite Muir y Georges Palet en <em>Les herbes folles<\/em> (2009), de Alain Resnais. El devaneo en los dos filmes a\u00fana el enardecimiento con el filo de espadas lacedemonias velando inquietas la marejada. Semiprudentes de las contingencias, los protagonistas la examinan. Casi a modo de peque\u00f1os aforismos con una pizca de extra\u00f1amiento, Ray intenta poner orden, ingenio, sensatez, al pasado y presente que le ha tocado vivir, la pulcritud anti-m\u00e9todo, de di\u00e1logo construido, introspectivo, de los personajes de Hal Hartley. Previo al encuentro en una segunda cena en restaurante de lujo \u2500recordemos las virtudes pasajeras del dinero bien derrochado\u2500, Ray habla para s\u00ed mismo, esta vez en <em>off<\/em>, asombr\u00e1ndose del pelo, piel, talle, \u201cmagnanimidad\u201d ser\u00eda la palabra, de Helen, antes de conocerla y camelarla, para, acto seguido, escucharse tambi\u00e9n en <em>off<\/em> la voz de la mujer contradiciendo con un temblor todas las observaciones que el viejo boxeador hab\u00eda colmado mentalmente sobre ella. La impostora cree no estar a la altura, y aunque ambos estrenan ropa nueva y elegante, la bufanda roja de Ray debe imponer demasiado. Inseguridad previa al roce feliz, entregados por una fugaz cantidad de tiempo extra al desfase con clase de la noche bebida de un solo trago por los maltratados a golpes en la vida. Ser otros aqu\u00ed denota probar un sorbo del champ\u00e1n barato de la libertad, espejismos de quereres salvajes (aunque no tanto como para hacer el amor de pie, los a\u00f1os pesan). Del rev\u00e9s amargo de este dulce breve encuentro, el temor constante de Helen a lo quebradizo de las apariencias, menoscabado por la bonhom\u00eda pasajera de Ray, quien no deja de insistirle en que justo ahora no es tiempo de pensar en la muerte. La conversaci\u00f3n entre amantes fugaces, bellos so\u00f1adores, simula una afinaci\u00f3n complicada, exitosa tras unos retoques al instrumento, las preguntas empiezan chirriando, pero pronto la rima se establece. El acorde ha encontrado su canci\u00f3n. Ray <em>conoce <\/em>a Helen. Por fin le puede regalar el collar dorado de dos golondrinas juntando sus picos que llevaba rato imaginando alrededor de su cuello.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 ha ocurrido previamente? Eso ya lo hab\u00edamos visto en celuloide, pero muy pocas veces hemos presenciado a un cineasta capaz de servirse de una pantalla verde para \u2500en un plano con croma al que de verdad llegamos a pillar cari\u00f1o\u2500 representar los destinos vacacionales ideales de los personajes que empiezan a imaginarse su nueva vida con el amante. La pobre integraci\u00f3n de dicho croma en la imagen real es lo de menos, aqu\u00ed Rudolph quiere hacernos ver, sorprendernos, sin perder de vista la mesa del restaurante cinco tenedores de diez variedades, que la imaginaci\u00f3n m\u00e1s apasionada no necesita de un equipo de 500 animadores asociados a la empresa puntera de EUA; el versado filmador-narrador, en su casa con equipo ajustado, nos cuela el croma m\u00e1s descarado del globo y nos dejamos embelesar por cada destino como cuando viajando despreocupados cedemos a comprar algunos <em>souvenirs <\/em>desenfadados, imanes de nevera reconocibles en su prototipicidad, que sellan nuestro relajamiento vacacional y nos permiten tener, al volver, una deferencia para con nuestros seres queridos: pagodas y kimonos en Jap\u00f3n, la Torre Eiffel y el Moulin Rouge en Par\u00eds, playas de arena blanca en Las Bahamas&#8230; Y, agradecidos, pensamos que deseamos verlos ya all\u00ed, con tanta intensidad como ansi\u00e1bamos el retorno de Ninotchka a la Ciudad de la Luz en <em>Silk Stockings<\/em> (Rouben Mamoulian, 1957). El desali\u00f1o de esta combinaci\u00f3n \u2500con el dinero esquivo acechando una posible ca\u00edda\u2500, bendita suerte en esta noche \u00fanica, nos confronta con gestos que permanecen aquietados, suspendidos en una perpetuidad dichosa, como el resultado de desconexiones entre la pesantez de la vida y la ilusi\u00f3n del irrecuperable ma\u00f1ana.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-3.png\" alt=\"Ray Meets Helen Alan Rudolph 3\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2476\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-3.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-3-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-3-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-3-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-3-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p> <strong>3.<\/strong> <u>UNA VIOLENCIA QUE ENDULZA<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">La benignidad de sustraerse a la marcha usual del mundo no burbujear\u00eda tan brillante si no se insinuaran, a la vuelta de la esquina, las espinas. Tanto Ray como Helen, cada uno a su modo, afrontan su sobrevenida condici\u00f3n de pudientes con cierto grado de impostura que les resulta dif\u00edcil camuflar. El primero se sirve de ella, entre otras cosas, para librar en su fuero interno su particular cruzada contra la exnovia, Ginger, que a\u00fan sigue despreci\u00e1ndolo y ahora sufre de un escabroso <em>affaire <\/em>con su jefe de color; la segunda, se trasluce, no sabe gozarse el don presente del dinero ni del nuevo ser regalados, recomponi\u00e9ndose con desagradecimiento inconsciente a cada embestida del convencido Ray. La felicidad y su pr\u00f3rroga, en el cine de Rudolph, suelen jugarse en la escapatoria \u2500necesitada de actualizarse, siempre provisoria\u2500 del quedarse estancado: las estrategias pasan por aflojar los caracteres subjetivos, fingir con apuesta sinceridad, tentar de fundirse con el sexo opuesto, renegar de establecer un hogar no merecedor de lealtad, cruzando urbes, grato desarraigo huidizo. Peligros de inmovilizaci\u00f3n (larga condena en prisi\u00f3n, hospital, exclusi\u00f3n social, muerte), una persecuci\u00f3n permanente (polic\u00eda, g\u00e1nsteres, esp\u00edritu de frustraci\u00f3n), son entonces acechantes causas inherentes a dicho planteamiento vital. Pero matizando las intensidades agitadas de su maestro, Robert Altman, no exentas de mimo, Rudolph proyecta sobre todos sus personajes un cari\u00f1o que raya lo paternal, disponiendo para ellos un tablero donde su libertad cabe, al menos, si la ejercen sinuosa, y a cada habitante de la ciudad con el coraz\u00f3n caliente, haga o no lo correcto, se le otorga la aptitud de provocar en los dem\u00e1s, en el encuadre y en el espacio sonoro, su particular aumento febril.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A cualquier oportunidad o promesa de ser dichosos viene indisolublemente unido un augurio de su cese o de un posible incumplimiento. El enigma asentado en el hecho riesgoso de seguir viviendo, temblor que da fe de una esperanza. Un patr\u00f3n electr\u00f3nico brioso, de ritmo sospechoso, hace <em>fade in<\/em> tres segundos antes de disolverse la imagen de Helen y que se introduzca la de Ray, en perspectiva cerrada, pisando fuerte el barrio dispuesto a investigar. Seguidamente, recogidos en un mismo plano tras los barrotes, pero a dos tiempos, se presentan los contrincantes que pulular\u00e1n en torno a nuestro hombre: en coche, las autoridades patrullando, detr\u00e1s, los cuatro malosos ataviados de colores y cubriendo sus rostros con m\u00e1scaras rid\u00edculas. La m\u00fasica se modula, var\u00eda, se insin\u00faan ambos grupos como pendiendo sobre el sino de Ray con jazz\u00edstica melancol\u00eda. Veloz, un primer plano de nuestro hombre apercibi\u00e9ndose hace arrancar, tras su paso al siguiente, palmadas cadenciosas que cachetean en <em>loop <\/em>las im\u00e1genes, revistiendo el presunto inocente caminar de una vecina que empuja el carrito de la compra con la suspicacia de un detective avezado, al borde del acorralamiento. Intensidades musicales y <em>foleys <\/em>varios que se superponen a las im\u00e1genes con grados variables de rudeza \u00e9pica, calor de aguardiente para los personajes a medio convencer, el chupito de remate, ocasionando la escalada de ritmo y acontecimientos en el antro donde ella confiesa a Ray no ser Mary, sino Helen Wilder, petardazo existencial confesor que desencadena las ansias de arriesgar, de escapar sin pagar, acuciados, cuando podr\u00edan hacerlo con holgura. Las prisas de la fuga se unen con las ansias por toquetearse sin recato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Habitando un mundo violento y podrido, donde los caraduras se enriquecen mediante la prevaricaci\u00f3n, corrompiendo o vendiendo champ\u00e1n de baratillo a precio de oro, Rudolph condesciende pizcas de democracia perge\u00f1ando una realidad torpe: el d\u00e9bil puede rivalizar f\u00edsicamente al bruto, el listo suele equivocarse, el tonto tener suerte, y la belleza y el talento no acaban determinando mucho porque en general son cualidades ecu\u00e1nimemente repartidas extr\u00ednsecas a la personalidad. Cuando ocasionalmente el persecutor alcanza al perseguido, o la bala da en el blanco, son sucesos que se sienten ileg\u00edtimos, y de alg\u00fan modo, hasta donde pueda permit\u00edrselo sin traicionar la narraci\u00f3n, son hechos que intentar\u00e1 reparar beat\u00edficamente Rudolph. La capitulaci\u00f3n impermutable de la muerte, uno podr\u00e1 entender tras leer estas l\u00edneas, es ajena a la cosmogon\u00eda del cineasta, un disparo en el coraz\u00f3n podr\u00e1 acabar con el camino vital que une la carne del personaje con el suelo pisado, pero las briznas respiratorias de aire diluy\u00e9ndose por entre sus labios terminan yendo a parar a otra parte, esa dimensi\u00f3n equidistante tan amamantada por el cin\u00e9filo apasionado, la esperanza de una superposici\u00f3n o fundido<em> cuestionando<\/em> el punto y final del deceso. En ese amor por la ilusi\u00f3n del rebelde con causa se hallan las concomitancias de su cine con el pasado, los v\u00ednculos que tanto parecieron evad\u00edrsele a la cr\u00edtica de los 80 cuando, por momentos \u2500<em>Choose Me <\/em>estableci\u00e9ndose como pico\u2500, se le relacion\u00f3 m\u00e1s con iconoclastia irreverente. Nexo cuestionable siendo su cine tan continuista; no sorprende, retomar las tramas perdidas, cuando estas han desaparecido del imaginario popular, se encubre, si la mala suerte se cierne, como radicalidad banal, y sabemos que si uno es <em>radical<\/em>, algo le une por necesidad, filiaci\u00f3n, a las <em>ra\u00edces<\/em>. R\u00e1pida muestra: recordemos dos finales de un par de filmes de Fritz Lang, <em>Ministry of Fear<\/em> (1944) y <em>Secret Beyond the Door<\/em>\u2026 (1947), metrajes con un tercer acto rematado apresuradamente, como por un fortuito golpe del destino cambiando en el parpadeo m\u00e1s cuadragesimal el hado fatal de dos personajes para trastocarlo, mediante fundido o superposici\u00f3n, en escena final resuelta en dos planos que parece venir de esa futura vida paralela, donde tras palpar la tumba, los personajes, hombre y mujer, han arribado a una suerte de limbo fuera del tiempo, en un lugar desconocido del firmamento, quiz\u00e1 <em>hecho en el cielo<\/em>. As\u00ed terminaban su traves\u00eda por Rain City (las zonas menos modernizadas de Seattle) Hawk y Georgia. El primero, en los minutos finales de <em>Trouble in Mind<\/em> (1985), nos parec\u00eda mortalmente herido, listo para cerrar su arco, pero un corte nos lo mostraba en coche, sano, rumbo hacia un atardecer pasteloso sin empacho, y una vez pasados unos segundos de intriga ante la probable existencia de un copiloto, ve\u00edamos que s\u00ed, Georgia estaba con \u00e9l, los amantes se pod\u00edan tocar, su destino incierto siendo el regocijo con el que vivir en suave duda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Perecimientos que se reaniman por contados segundos, rebajando de gravedad el <em>The End<\/em>, insertando, de modo parad\u00f3jico, un sigilo adicional al complot mort\u00edfero, tambi\u00e9n los podemos ver en el cine de Jacques Rivette:<em> Noro\u00eet<\/em> (1976), <em>Le Pont du Nord<\/em> (1981)&#8230; El personaje muere pero tal vez al actor se le conceda levantarse cuando la c\u00e1mara est\u00e9 al borde de consumar su movimiento. \u00bfC\u00f3mo ser tan cruel como para dejarnos sin ninguna duda del \u00f3bito cuando se ha trabajado tanto con los int\u00e9rpretes, moldeado la pel\u00edcula con y para ellos? Otra filiaci\u00f3n, pues el cineasta franc\u00e9s bien es sabido que admiraba tanto el cine de Rudolph como el de Altman, mecenas y consejero del angelino. Rivette observaba, con su habitual ojo afilado, la relaci\u00f3n establecida en las pel\u00edculas de ambos norteamericanos con los actores, ese dejarles tiempo de m\u00e1s, para improvisar, para sorprender al propio cineasta, mutando el <em>sc\u00e9nario <\/em>de paso, algo poco ajeno al franc\u00e9s. Geraldine Chaplin, hero\u00edna<em> silenciosa <\/em>de <em>Remember My Name<\/em> (1978) se lo confirmaba: el material descartado de <em>Nashville <\/em> (1975) y <em>A Wedding <\/em> (1978) era cuantioso. Rudolph lo ratifica: de Altman aprendi\u00f3 a visionar con el reparto y equipo los <em>dailies<\/em>, lo rodado el d\u00eda anterior, porque ah\u00ed se encontraba lo importante del filme, el director endeudado con complacencia, entregado a unos rostros y extremidades a los que intentar\u00e1 rendir justicia; el mencionado Carradine, Nick Nolte \u2500encadenando cuatro filmes seguidos con el filmador\u2500, Lesley Ann Warren, Genevi\u00e8ve Bujold\u2026 la lista podr\u00eda seguir, los actores vuelven al director, la confianza ganada es recompensada con fraternidad para el resto de d\u00edas en la subsistencia venidera. Camarader\u00eda, expresado sucintamente por el propio Rudolph, es la condici\u00f3n m\u00e1s importante del cine. \u00bfEl dinero? Nunca fue demasiado importante para el cineasta, lo cual no quita que la financiaci\u00f3n deviniese lo m\u00e1s complicado en los procesos que \u00e9l identifica con a\u00f1os de su historia. Por cada filme, una anualidad de eventos en su biograf\u00eda, recordar la pel\u00edcula para rememorar el propio pasado. Argucias de p\u00edcaro recogidas de Altman, las id\u00f3neas para financiar su trabajo durante treinta a\u00f1os seguidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Relaciones de confianza extendidas a diferentes miembros de un equipo que, si bien comandado por una visi\u00f3n, articula la misma en multitud de nombres que retornan: Mark Isham musicando y dando vida, con<em> jazz<\/em>, elegancia y pedigr\u00ed, a los ires y venires por las calles imprudentes, flirteos en bares-centros neur\u00e1lgicos, sin descartar el uso atrevido y hortera, no por ello imbuido con excentricidad desaborida, de canciones <em>kitsch<\/em>, descaradas e inolvidables por un demod\u00e9 atemporal; Pam Dixon, directora de <em>casting <\/em>de todos sus filmes desde <em>Made in Heaven<\/em> hasta el que nos ocupa, sin contar <em>Mortal Thoughts <\/em> (1991) \u2500si el final se les manifiesta sagaz, denle las gracias al <em>metteur en sc\u00e8ne<\/em> y no al estudio\u2500; James McLindon, productor ejecutivo desde 1994 de diversas obras, rebotado de Altman pero aprovechado por Rudolph para labores de finanzas, que luego abordar\u00eda tambi\u00e9n en filmes como <em>Dr. T &amp; the Women<\/em> (2000) del oriundo de Kansas, obra esta estrenada en el mismo a\u00f1o que<em> Trixie<\/em>, compartiendo con ella al citado <em>hombre del dinero<\/em>, a Pam Dixon y al director de fotograf\u00eda Jan Kiesser, que el de Los \u00c1ngeles conoce desde 1975 aproximadamente, y con el que m\u00e1s ocasiones ha repetido, aunque es de justicia mencionar sus otros grandes socios en estas lides, Elliot Davis y Toyomichi Kurita, encargado este \u00faltimo de dar un plus de virtuosismo modesto a <em>Trouble in Mind<\/em>, <em>The Moderns<\/em> y <em>Afterglow <\/em> (1997). Nos dejamos para el final a su mujer, Joyce Rudolph, presente en una buena cantidad de filmes esenciales como \u201cstill photographer\u201d, o ejerciendo labores de producci\u00f3n, incluyendo <em>Ray Meets Helen<\/em>, aspecto que realza el car\u00e1cter dom\u00e9stico de esta cinta, la <em>maritalidad<\/em> bien entendida en los procederes del cineasta. En la disposici\u00f3n generosa de la nevera, ustedes podr\u00e1n percatarse de las pruebas del delito.<\/p>\n<p><strong>4.<\/strong> <u>HACIA UNA POL\u00cdTICA CONYUGAL<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Everyone says that romance is dying. I\u2019m romantic\u2026 Aren\u2019t I? Well, I think I am<\/em> <\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\">Karen Hood (1976)<\/p>\n<p align=\"justify\">El aliento, la energ\u00eda pura que nos comunica un filme no procede, en esencia, de su <em>puesta en forma<\/em>. Proviene, en cambio, de alg\u00fan secreto anterior, ulula entre bastidores, hace titiritar con romanticismo los objetos y paisajes registrados: se trata de <em>una visi\u00f3n<\/em> creadora original, reconocible en el alma, que sustenta <em>una forma <\/em>tan amplia que podr\u00eda llegar a significarse en mundo. Un cineasta digno de considerarse tal, como Alan Rudolph, poseer\u00e1 por definici\u00f3n <em>una visi\u00f3n<\/em>, una cosmogon\u00eda que le sea \u00edntima, propia, rotulada en neones. Y dicho don sobrevivir\u00e1, enriqueci\u00e9ndose o manteni\u00e9ndose constante, a las sucesivas <em>puestas en forma<\/em> que actualizar\u00e1 el talentoso andamiador en cada pel\u00edcula. Podremos hablar entonces de unicidad espiritual, de corpus al sol o subterr\u00e1neo, de que nos encontramos ante un maldito y aguerrido genio. Echando la vista atr\u00e1s, escuchando los t\u00edmidos, cautelosos, testimonios del cineasta, nos queda clara la preocupaci\u00f3n esencial: el vaiv\u00e9n entre <em>\u00e9l<\/em> y <em>ella<\/em>, los l\u00edmites que lo cercan, el borde recorrido para mantener la reciprocidad con aliento fresco, ademanes brujos, humores c\u00e1usticos, desdicha y escalera hacia la ventura de unos d\u00edas sucedidos con la intensa presteza liviana del que vive embebido del mundo y sus semejantes, aprendizaje para orates, compendiados ardides en pos de embelesar los d\u00edas y noches del que nos escucha suspirar dormidos. La visi\u00f3n de Rudolph ha dado concierto y chifladuras a nuestras incertezas, nos ha hecho sentir m\u00e1s de cerca el releje insalvable, puntiagudo, del <em>ser<\/em> con uno y <em>estar<\/em> para el otro. El \u00edmpetu de <em>elegir <\/em>denota cobard\u00eda si no es acompa\u00f1ado de tes\u00f3n, el consejo no pronunciado que nos llevamos a la almohada, los corazones fogosos de los actores filmados birlando la escena, la mirada entre sosegada y flamenca del que rasguea las cuerdas de la guitarra como si de ellas dependiese la moral de los sentimientos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-4.png\" alt=\"Ray Meets Helen Alan Rudolph 4\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2477\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-4.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-4-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-4-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-4-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Ray-Meets-Helen-Alan-Rudolph-4-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p><strong>CONTINUAR\u00c1\u2026<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/vimeo.com\/ondemand\/147939\"><em>Ray Meets Helen<\/em>, en Vimeo<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESPECIAL ALAN RUDOLPH Los filmes de Alan Rudolph; por Dan Sallitt Trouble in Mind (1985); por Dave Kehr Trixie (2000) Investigating Sex [Intimate Affairs] (2001) Ray Meets Helen (2017) El productor como apostador; por Alan<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26,367],"tags":[256,270,260,79,175,247,229,271,5,11,55,261,268,262,258,265,269,267,257,228,177,264,266,263,259,176,192,230],"class_list":["post-2472","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criticas","category-revista","tag-256","tag-a-wedding","tag-afterglow","tag-alain-resnais","tag-alan-rudolph","tag-breakfast-of-champions","tag-choose-me","tag-dr-t-the-women","tag-estados-unidos","tag-fritz-lang","tag-jacques-rivette","tag-joyce-rudolph","tag-le-pont-du-nord","tag-les-herbes-folles","tag-made-in-heaven","tag-ministry-of-fear","tag-nashville","tag-noroit","tag-ray-meets-helen","tag-remember-my-name","tag-robert-altman","tag-rouben-mamoulian","tag-secret-beyond-the-door","tag-silk-stockings","tag-the-moderns","tag-trixie","tag-trouble-in-mind","tag-welcome-to-l-a"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2472"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2472"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2472\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6151,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2472\/revisions\/6151"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2472"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2472"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2472"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}