{"id":2660,"date":"2022-03-10T09:00:09","date_gmt":"2022-03-10T09:00:09","guid":{"rendered":"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2660"},"modified":"2023-05-04T21:16:09","modified_gmt":"2023-05-04T21:16:09","slug":"reclamando-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2660","title":{"rendered":"RECLAMANDO LA TIERRA"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Strangers in Good Company<\/em> [<em>The Company of Strangers<\/em>] (Cynthia Scott, 1990)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-1.png\" alt=\"Strangers in Good Company Cynthia Scott 1\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2675\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-1.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-1-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-1-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-1-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-1-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>In my sweet little Alice blue gown,<\/em><br \/>\n<em>When I first wandered down into town<\/em><br \/>\n<em>I was both proud and shy, as I felt ev\u2019ry eye,<\/em><br \/>\n<em>But in ev\u2019ry shop window I\u2019d primp, passing by.<\/em><br \/>\n<em>Then in manner of fashion I\u2019d frown<\/em><br \/>\n<em>And the world seemed to smile all around.<\/em><br \/>\n<em>Till it wilted I wore it, I\u2019ll always adore it,<\/em><br \/>\n<em>My sweet little Alice blue gown.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Alice Blue Gown<\/em> (L. Friedman, B. Whitson)<\/p>\n<p align=\"justify\">Autob\u00fas varado en medio de la campi\u00f1a canadiense, un conjunto de siete ancianas m\u00e1s camarada negra, joven en comparaci\u00f3n, deben reposar en una casa cualquiera, plantada ah\u00ed por vaya Dios a saber, desde luego no era aquella donde Constance pasaba sus veranos, sus ya tan lejanos julios y agostos, de ni\u00f1a, vencido ya el recuerdo pero no agotado. Constance <em>es<\/em> triste, vive triste, dicen de ella sus accidentadas compa\u00f1eras. Los personajes adoptan el nombre de las actrices, existencias puestas en di\u00e1logo a la candela del relato. Dicha casa funciona de hospicio transitorio, y poco tardan las ocho mujeres en entretenerse con tareas rurales, remembranzas, deseos de futuro, estas siete ancianas disponen su sabidur\u00eda y la condimentan con una pizca amarga de recelo y temor, lo vivido no se puede ignorar, retornan fotograf\u00edas de hace cincuenta, sesenta, setenta a\u00f1os, las vemos en la flor de su vida, nos embarga el enternecimiento, surgen estos registros e instant\u00e1neas a la manera de un p\u00e9talo cayendo sobre el pelo de las nanas, una corola de n\u00e9ctar pos\u00e1ndose sobre la cabellera de Beth, temerosa a quitarse la peluca, la suspicacia candorosa escolta, verg\u00fcenza por dejar visibles los signos de un natural apagamiento del cuerpo\u2026 No importa, Michelle, la referida muchacha de color, le quita los rubores y la hoja cae sobre las ra\u00edces de la hembra, la luz nos permite ver el remanente de sus verdaderos mechones, y casi corremos a aconsejarle que se quede as\u00ed, con el pa\u00f1uelo rode\u00e1ndola. Una ligera gratificaci\u00f3n de savia recorre los momentos que pasamos con cada uno de estos seres humanos, Cynthia Scott les proporciona el terreno, los instrumentos \u2500la frondosidad da oportunidades sin desconfianza\u2500, y ellas agradecen, aprovechan esa congruencia. Princesas perdidas en la niebla de una estaci\u00f3n incierta, su fin de siglo ser\u00e1 el nuestro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En compa\u00f1\u00eda de extra\u00f1as, la buena comparsa del aparato, el plano medio cerrado, encubridor de los m\u00e1s sigilosos testimonios. Los epitafios del tiempo se esconden, la tierra les hace la peineta, larga cabalgata de sensaciones al trasluz de los porches y verandas, un tiovivo afeccional cargado de reencuadres yendo a parar al sentimiento bruto a modo de los que nos podemos encontrar en uno de los grandes filmes de Henry King. Este es mi sitio como espectador, me digo al escuchar las ganas que tiene Winnie de volver a enamorarse, rememorando anhelos juveniles, llen\u00e1ndose de dinamismo, aludiendo a una pareja reci\u00e9n vista: ten\u00edan apetencia, \u00e9l y ella, de comerse enteritos, jugarse el destino. Qu\u00e9 poco saben los j\u00f3venes cuando se entregan el uno al otro del plus de lozan\u00eda que pueden concederle a una anciana, Winifred hasta pensando en ellos podr\u00e1 vencer su miedo incunable a las ranas. Este es mi sitio como ser humano, vuelvo a susurrar. La casa estaba ah\u00ed, desierta, y durante cien minutos, un hurac\u00e1n social la puso patas arriba, colaps\u00f3 la proscripci\u00f3n a las zonas vedadas de mi colectividad. Serge Daney lo sent\u00eda con <em>Francesco, giullare di Dio <\/em>(Roberto Rossellini, 1950); actualizo esa generosidad del encuadre hacia mis ansias negadas, agazapadas. La emersi\u00f3n emocional de Alice, Beth, Catherine, Cissy, Constance, Mary, Michelle y Winnie estalla al lado m\u00edo, pero no dentro de m\u00ed, la visiono con la cerca entreabierta del abuelo que quiere verme entrar a su casa, comer conmigo. Confiado y de buen coraz\u00f3n, encomienda a mis manos libres para hacer el camino en soledad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Trenzadas al lado de las alima\u00f1as cordiales del riachuelo y noches con ronquidos de desconocida procedencia, ellas se entienden silenciosamente, y no se callan, pero al hablar cambian, sus temas recorren una dial\u00e9ctica que ha sobrepasado los vanos rencores, ya se instalan los consejos en bocas de las que no sospechamos malicia, desnudan sus ayeres con constancia calmosa, en un lecho de yerbas: el suave orgullo de Catherine, monja, la admisi\u00f3n de homosexualidad echada al aire, como un respiro, de Mary. Alguien las escucha, all\u00ed, acull\u00e1, eso llega. Cuando olvidan, lo hacen para s\u00ed. Constance borra recuerdos y difumina su vida en unos horizontes propensos a deslizarse arriba y debajo del encuadre. Piden nada, esperan lo que pueden. \u00c9chame una mano, aguarda conmigo la llegada de la suerte. Al dar fin el estado temporal de abarrancadas, salimos de la \u00edgnea puesta de sol tendidos a los ojos del creador. Recorren el entorno dom\u00e9stico donde la cinta remata salomas, hachos, embaimientos e intermisiones del presente, que se han esparcido por el mundo arcano trabucando los cuadrienios. Acudiremos a la pr\u00f3xima vendimia.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1.png\" alt=\"Strangers in Good Company Cynthia Scott 2\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2662\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-1-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-2.png\" alt=\"Strangers in Good Company Cynthia Scott 3\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2664\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-2.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-2-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-2-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-2-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/12\/Strangers-in-Good-Company-Cynthia-Scott-2-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p><em>Suena <\/em>The Silky Veils of Ardor<em> (Joni Mitchell)&#8230;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Strangers in Good Company [The Company of Strangers] (Cynthia Scott, 1990) In my sweet little Alice blue gown, When I first wandered down into town I was both proud and shy, as I felt ev\u2019ry<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26,367],"tags":[362,820,364,53,14,51,198,363],"class_list":["post-2660","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criticas","category-revista","tag-362","tag-canada","tag-cynthia-scott","tag-francesco-giullare-di-dio","tag-henry-king","tag-roberto-rossellini","tag-serge-daney","tag-strangers-in-good-company-the-company-of-strangers"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2660"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2660"}],"version-history":[{"count":24,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2660\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2691,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2660\/revisions\/2691"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2660"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2660"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2660"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}