{"id":3038,"date":"2022-04-20T09:00:14","date_gmt":"2022-04-20T09:00:14","guid":{"rendered":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3038"},"modified":"2023-06-10T22:00:05","modified_gmt":"2023-06-10T22:00:05","slug":"las-turgencias-de-la-luna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3038","title":{"rendered":"LAS TURGENCIAS DE LA LUNA"},"content":{"rendered":"<p><strong>ESPECIAL RUDOLF THOME<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2269\">Berlin Chamissoplatz (1980)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2535\">System ohne Schatten (1983); por Dave Kehr<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2532\">System ohne Schatten (1983); por Serge Daney<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=2072\">Der Philosoph (1989)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3038\">Rot und Blau (2003), Frau f\u00e4hrt, Mann schl\u00e4ft (2004) y Rauchzeichen (2006)<\/a><\/p>\n<p>Trilog\u00eda <em>Zeitreisen<\/em>: <strong><em>Rot und Blau <\/em>(2003)<\/strong>, <strong><em>Frau f\u00e4hrt, Mann schl\u00e4ft<\/em><\/strong><strong> (2004) <\/strong>y <strong><em>Rauchzeichen <\/em><\/strong><strong>(2006)<\/strong><\/p>\n<p><strong>0.<\/strong> <u>PRELUDIO: EL DESEO ESFORZ\u00c1NDOSE<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">La visi\u00f3n propuesta por Rudolf Thome ha ido engrandeci\u00e9ndose en nosotros hasta alcanzar cotas superlativas. A d\u00eda de hoy, a estas alturas, tenemos la certidumbre de que ya nunca podremos olvidarla. Salte\u00e1ndolos, devor\u00e1bamos con fruici\u00f3n cualquier filme suyo que tuviera a bien ponerse a nuestro alcance. En un inicio transitamos sus asequibles a\u00f1os ochenta, retrocedimos hasta sus setenta, nos conturb\u00f3 <em>Tigerstreifenbaby wartet auf Tarzan <\/em>(1998) y acabaron sorprendi\u00e9ndonos los traviesos meandros de una filmograf\u00eda que segu\u00eda descendiendo rauda y caudalosa entrado el a\u00f1o 2000. Tras ser impregnados por algo m\u00e1s de una decena, ni la mitad en realidad de su filmograf\u00eda \u2500conformada por veintiocho largos\u2500, las pel\u00edculas a nuestro alcance se acabaron. <em>Coitus interruptus<\/em>; un idilio en este grado de florecimiento y excitaci\u00f3n no pod\u00eda finalizar as\u00ed. Decidimos tentar un contacto con el cineasta. Necesit\u00e1bamos ver lo a\u00fan no visto, despejar la niebla, o volver a encontrarnos con el alem\u00e1n en calima. Thome, a sus ochenta y dos a\u00f1os, accedi\u00f3 a enviarnos por correo postal cinco DVDs con los filmes que nos faltaban. Presos del inescapable baremo de nuestra ansia, cont\u00e1bamos imaginariamente los d\u00edas hasta la llegada del paquete. Dense prisa, DHL. Que la transacci\u00f3n tardara trece estuvo justificado: tal como nos previno el cineasta, la mayor\u00eda del tiempo reside rodeado de paz en su casa de campo y deb\u00eda ir a recoger uno de los filmes a su oficina en Berl\u00edn. Finalmente, el d\u00eda 18 de enero lleg\u00f3 el paquete. De haber intuido lo que estos filmes nos deparaban, hubi\u00e9ramos sentido alargarse los trece d\u00edas de espera en incontables noches. Ya era la hora, los nuevos metrajes echaban a andar ante nuestros ojos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-1.jpg\" alt=\"Envio-Rudolf-Thome-1\" width=\"1662\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3042\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-1.jpg 1662w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-1-300x195.jpg 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-1-1024x665.jpg 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-1-768x499.jpg 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-1-1536x998.jpg 1536w\" sizes=\"(max-width: 1662px) 100vw, 1662px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-2.jpg\" alt=\"Envio-Rudolf-Thome-2\" width=\"1662\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3043\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-2.jpg 1662w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-2-300x195.jpg 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-2-1024x665.jpg 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-2-768x499.jpg 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Envio-Rudolf-Thome-2-1536x998.jpg 1536w\" sizes=\"(max-width: 1662px) 100vw, 1662px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Tres viajes a trav\u00e9s del tiempo: <em>Rot und Blau<\/em>, <em>Frau f\u00e4hrt, Mann schl\u00e4ft<\/em> y <em>Rauchzeichen<\/em>. Pasado, presente y futuro, en este orden. Esa es la premisa inicial, sobreimpresionada en unos t\u00edtulos que nos atan con firmeza al momento, empero listos para inmiscuirse en una transitividad que poco a poco, dentro del filme y con el paso de cada entrega, ir\u00e1 acrecent\u00e1ndose. Entre ellos, ninguna continuidad argumental, sino la expansi\u00f3n paulatina de un conjunto de rimas, desenvolvimientos e inflexiones por medio de actores que se repiten, reacondicionando al observador, haci\u00e9ndole rememorar y rememorando ellos su existencia anterior en un limbo adyacente que con el espectador han compartido.<\/p>\n<p><strong>1.<\/strong> <u>APARICIONES REPARADORAS<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Rot und Blau<\/em>, pasado; comenzamos la traves\u00eda observando en plano general un campo y a lo lejos ra\u00edles que pronto ser\u00e1n circulados por trenes. En uno de ellos viajan ya tres personajes notorios, y la componente femenina viene de otro tiempo, traspasa la frontera alemana buscando respuestas con la inquisici\u00f3n queda de los hu\u00e9rfanos serenos. Se llama Serpil Turhan, si aludimos al nombre de la actriz, cuyo semblante parece connotar un reposo irresoluto. La hab\u00edamos descubierto antes en un filme de registro sonoro rico, aunque en demas\u00eda apocado jugando sobre seguro: <em>Der sch\u00f6ne Tag<\/em> (Thomas Arslan, 2001). El metraje thomeiano habitado por Serpil, encarnando a la inmigrante de ascendencia turca Ilke Tercan, vendr\u00e1 a remover no pocas certezas que filmes tan nobles como el de Arslan, o algunos ya a\u00f1ejos de Angela Schanelec, acogen prestos vendiendo sin mala intenci\u00f3n los sentimientos a una sensaci\u00f3n totalizadora, al desconcierto, el silencio amedrentador, la herencia de la rueca de Antonioni actualizada para el espectador serio del presente. Thome no se contentar\u00e1 con eso; como cineasta, se ha encontrado plenamente a s\u00ed mismo, se halla bebiendo de su propia fuente, su car\u00e1cter aporta al \u00f3leo fresco una gota de reflexi\u00f3n por medio de un empirismo desarmante, sobrecarga sensitiva mucho m\u00e1s cerca de los baqueteos resplandecientes de Alfreda por los ostentosos jardines de <em>Espelho m\u00e1gico<\/em> (Manoel de Oliveira, 2005) o de la aventura terminal, tocando la delictiva cara de la gloria, de Jo\u00e3o de Deus cuando Monteiro cerraba su trilog\u00eda noventera con <em>As bodas de Deus<\/em> (1999), el o\u00eddo cautivado por una diversidad sonora capaz de convertirnos en verdaderos entom\u00f3logos obcecados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ilke proviene de un pasado pudiente, llega en busca de su madre, Barbara B\u00e4renklau, representada por Hannelore Elsner, la Ingrid Bergman de Rudolf Thome, actriz en edad de semiprovecto esplendor, el estado liminal de la belleza femenina cuando a\u00fan se es capaz de tener a varias generaciones suspirando por una piel en el estado que precede a la cuesta abajo desagradecida. La madre, de sonrisa equ\u00edvocamente entusiasta, ver\u00e1 ligeramente aireado su contorno familiar \u2500en parte, tambi\u00e9n el de Thome, pues los v\u00e1stagos de Barbara, Sarah y Sebastian, son en la realidad los suyos\u2500 con la llegada de la hija pr\u00f3diga. Se suceden entonces una serie de desarreglos min\u00fasculos que desde est\u00edos de otras d\u00e9cadas vienen a abrazarse, sorprenderse, incluso amar con fiera intensidad, aquello que hasta entonces permanec\u00eda separado por la distancia y el velado olvido. La reconciliaci\u00f3n tarda poco en llegar, las pizcas m\u00ednimas de rencores se desvanecen, y madre e hija fraternizan en sincera amistad. Eso s\u00ed, Barbara cobrar\u00e1 con una fractura en la pierna izquierda el precio de tan duradera separaci\u00f3n con su primog\u00e9nita. Con el marido, Sebastian, no templar\u00e1 una relaci\u00f3n te\u00f1ida por la celeridad complaciente, quiz\u00e1 hasta el punto de la sospecha que nos hace preguntar <em>\u00bftodav\u00eda est\u00e1s enamorada? <\/em>Menos titubeos nos suscita otra reaparici\u00f3n del pasado, ahora detective asegurando a Ilke la buena salvaguarda del dinero paterno y la localizaci\u00f3n de su madre. Hablamos de Samuel Eisenstein, tambi\u00e9n ligado desde la infancia a Barbara sin que ambos, en un primer momento, lo recuerden, por medio de un auxilio inocente en una aventurilla chiquilla: ella se cay\u00f3 del \u00e1rbol y \u00e9l la recogi\u00f3 vestido de rojo y azul, en adelante y hasta la adultez, los colores preferidos de Barbara que dan nombre al t\u00edtulo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tras labrar una filmograf\u00eda impoluta durante los a\u00f1os ochenta, llegamos a<em> Rot und Blau<\/em> con la intuici\u00f3n de que la nueva parada en el camino ha tornasoleado ligeramente las prerrogativas de la partida. Veinte a\u00f1os atr\u00e1s, el cine de Thome estaba atado al suelo por una poderosa fuerza de la gravedad, dotando a los planos, escenas, de una robustez rupestre traslad\u00e1ndose incluso a los cortes, donde ya no se trataba de una puesta en escena imbuida de peso debido a los movimientos costosos y evidentes del aparato sobre rieles, sino de la propia carga de la concepci\u00f3n esc\u00e9nica y de su duraci\u00f3n acompasada sin falla de continuidad a unos caracteres m\u00e1s singulares y caprichosos que los vistos en el filme de 2003. Las peculiaridades estrafalarias de sus parejas intercambiables, fil\u00f3sofos plat\u00f3nicos o estrategas del ajedrez dan paso a una concepci\u00f3n m\u00e1s vasta de humores y continencias, donde deberemos hallar la universalidad en gestos tan rutinarios como cigarrillos siendo aplacados continuamente por bocas parlantes, exhalaciones de humo que nos revelan una biograf\u00eda tapada. La sonrisa de Barbara se encuentra lejos de la satisfacci\u00f3n llana, curiosa, de Anna viajando en sandalias por el barrio en<em> Berlin Chamissoplatz <\/em>(1980). Aqu\u00ed las comisuras de la boca de Hannelore obsequian altruismo con entrante de quebranto nuclear. El inicio del filme nos deja pacer a solas con ella, acompa\u00f1arla hasta la vieja casa de campo donde quemar\u00e1 sus trastos, asistir a las conversaciones en cama con su amiga Samantha, permiti\u00e9ndonos ser un esp\u00edritu part\u00edcipe de un malestar cercano dif\u00edcil de concretar. <em>Rot und Blau<\/em> erige una sucesi\u00f3n de escenas, su empalme, con una transitividad mucho mayor que la de filmes como <em>Tarot <\/em>(1986). Sobresale una calma huidiza, capaz de dejar a uno roto, o ri\u00e9ndose al final (el marido de Barbara, preso de los celos, alelado por el alcohol, no duda en dar un pu\u00f1etazo tumbante a Eisenstein).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tambi\u00e9n topamos una agresividad en la sinceridad de la expresi\u00f3n que nos golpea como un remolino, una r\u00e1faga de viento inesperada en un julio cualquiera del tr\u00f3pico de C\u00e1ncer. Vemos esto cuando Eisenstein repara por primera vez en Barbara y recuerda su ni\u00f1ez, a la chica de su puericia, la rescatada: el actor se acerca al objetivo para mirarla mejor. Revelaci\u00f3n. El temblor desborda la escala Richter y cinco segundos despu\u00e9s tomamos el sol en una terraza berlinesa. La <em>positividad<\/em> feliz de Thome no halla rival que tumbe su satisfacci\u00f3n. Tan plena es su confianza en los placeres de la existencia que hace comer y beber a sus personajes con la glotoner\u00eda comprensible de cualquier animal de provincias, capital o pueblo perdido: el tropel al completo puede recrearse en los placeres de agarrar un ala de pollo con la mano y roerla acompa\u00f1ada de un brindis. Los helados, el chocolate, las bebidas azucaradas. Todo al mismo tiempo y sin parar: es el amor. Ilke lo sabe, habla una empachada. Al contrario que el padre de Robert en <em>The Comfort of Strangers<\/em> (Ian McEwan), Thome no imparte castigo despu\u00e9s de la comida, tampoco comportamientos turbadores tras el manjar. El drama en la trilog\u00eda <em>Zeitreisen<\/em> no existe como corolario a las mieles de la vida, se introduce sin m\u00e1s motivo en la existencia de las personas como un rayo de sol en el rostro de un beb\u00e9 acunado, ti\u00f1e el momento, pero el tinte no puede escapar de la dicha de los d\u00edas venideros, cargados de interrogantes, posibilidades, separaciones, las ganas de celebrar.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Rot-und-blau.jpg\" alt=\"Rot-und-blau\" width=\"1014\" height=\"565\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3047\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Rot-und-blau.jpg 1014w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Rot-und-blau-300x167.jpg 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Rot-und-blau-768x428.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1014px) 100vw, 1014px\" \/><\/p>\n<p><strong>2.<\/strong> <u>UN CINE PARA ADULTOS<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Frau f\u00e4hrt, Mann schl\u00e4ft<\/em>, presente; esta vez comenzamos directamente con Hannelore Elsner a las puertas de su casa nueva, recuperando la comba de su hija, quien, durante la mudanza, ha decidido ya ser mayorcita para no usarla m\u00e1s. Se adivina en la madre un compungimiento adusto por el tiempo que pasa. La familia empieza a hacerse a la idea de que Thomas, el mayor, pronto abandonar\u00e1 el nido, y el hijo del director, de nombre Martin aqu\u00ed, viste una camiseta con una hoja de marihuana. Despu\u00e9s de habernos abrevado en varias ocasiones en la filmograf\u00eda paciente de Thome, percibimos sin lugar a dudas que el cineasta est\u00e1 apost\u00e1ndolo todo en esta trilog\u00eda al colocar a la <em>familia m\u00e1s feliz de Alemania <\/em>en un <em>talk show<\/em>, que en ilusi\u00f3n de riguroso directo, juega a intercalarse en distintos hogares con el visionado de los novietes de los cuatro hijos, dos chicas y dos chicos, delineando desde un inicio las parejas fun\u00e1mbulas que incluyen a pap\u00e1 y a mam\u00e1. En el cine de Thome uno no ama aislado, el amor lo circunda, y si alguien en un principio es reacio a entregarse, como Isabella en <em>Rauchzeichen<\/em> o Georg Hermes en <em>Der Philosoph <\/em>(1989), acaba acorralado por \u00e9l. Extra\u00f1ante invasi\u00f3n fugaz del <em>mass media<\/em> en su cine, por cuanto tiene de exposici\u00f3n rid\u00edcula, risas flojas a destiempo, entretenimiento chato no merecedor de reflexi\u00f3n. Conclusiones a las que Serge Daney lleg\u00f3 hacia el final de su vida, incluso despu\u00e9s de haberlas batallado, dedicado cien d\u00edas seguidos a dignificar una conversaci\u00f3n imposible sobre la tev\u00e9; agujero negro, la televisi\u00f3n \u2500parece exponer Thome a vuelapluma\u2500 <em>es lo que est\u00e1 m\u00e1s cerca del inconsciente de la sociedad, y el inconsciente no se juzga<\/em>. Es peligroso dejarse contaminar por ella. De ah\u00ed la ausencia fantasm\u00e1tica del aparato de retransmisi\u00f3n en casi todos sus filmes, que no carecen de coetaneidad tecnol\u00f3gica (ordenadores, tel\u00e9fonos, coches, son vitales) pero s\u00ed de poluci\u00f3n medi\u00e1tica. Su presencia en la <em>habitaci\u00f3n roja<\/em> en el filme hom\u00f3nimo sirve para torturar experimentalmente a Fred, como obst\u00e1culo de antideseo a la proximidad f\u00edsica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hay un algo oculto en los encuadres de la Alemania urbana de <em>Frau f\u00e4hrt, Mann schl\u00e4ft <\/em>que sugestiona dilaci\u00f3n, severidad, lejan\u00eda. Engatusa los ojos de la madre por el balc\u00f3n durante el brindis por el nuevo hogar \u2500el recuerdo de Fassbinder azota por contados segundos al vislumbrar el rito, la estampa: perpleja seguridad\u2500. Azoteas cuadriculan el alma adolescente de Thomas, dolido de amor, afil\u00e1ndola como un precipicio. No son las ruinas de <em>Germania, anno zero <\/em>(1948) ni las f\u00e1bricas de<em> Europa &#8217;51 <\/em>(1952), pero se da a suponer que sin dichas amalgamas de acero y cemento operando un influjo Thomas no podr\u00eda haberse hipnotizado hasta flaquear su cuerpo en suicidio. Con ponderada oposici\u00f3n, Thome encuentra en la naturaleza un amor edificante, no idealizado, gusta que sus personajes paseen por senderos tupidos, abracen \u00e1rboles, se ba\u00f1en en lagos, enciendan hogueras donde echar a quemar la vanidad. Tambi\u00e9n que talen, socaven, desbrocen, negociando con el terru\u00f1o relaciones de acomodo con una candorosidad sin violencia: partir el cr\u00e1neo a un pez reci\u00e9n pescado, eviscerarlo, se hace con la misma naturalidad que cachetear la tierra h\u00fameda antes de sentarse. Que un lago artificial, por el trabajo volcado, por lo que contiene, pueda ser igual de bello que uno formado por causas naturales nos da la medida de c\u00f3mo podr\u00eda catalizarse una s\u00edntesis afectiva entre el romanticismo alem\u00e1n y la Ilustraci\u00f3n [<em>Das Mikroskop<\/em>, (1988)], el paso adelante consecuente del cine contempor\u00e1neo tras las huellas de Rossellini. La muerte de Thomas, enmienda a la fecundidad natural, torna odioso el silencio de sus progenitores infieles, hace emerger en la madre la crisis \u2500antes eludida por conveniencia\u2500 de una Bergman.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vida y muerte, el amor universal espalda contra espalda con las limitaciones del yo. Conocer no basta. Dios no existe. A nuestro alrededor no giran los goznes del mundo, aunque por ratos lo parezca cuando compartimos una conversaci\u00f3n en cama con la persona amada, br\u00edo centr\u00edpeto de s\u00e1banas que ceden intimidad repudiando fisgoner\u00eda. Maurice Pialat fue asimismo un dign\u00edsimo <em>gab\u00e1n en sc\u00e8ne<\/em>, por \u00e1speras que fuesen sus colchas, la intemperie mostraba ineptitud al intentar entrometerse. Contemplando las escenas de Thome, interrogativas, felices o descarnadas, sentimos que por fin la imagen ha sido devuelta a su cualidad original, arcaica, que el cine, un arte de representaci\u00f3n <em>duro<\/em>, como afirmaba V\u00edctor Erice, ha recuperado la <em>blandura<\/em> antediluviana del bisonte de Altamira que hizo a Manomohan Mitra abandonar la academia y su pa\u00eds en pos de aquel conocimiento esencial, aborigen, sobre el ser humano, en <em>Agantuk<\/em> (Satyajit Ray, 1991). Las ficciones del alem\u00e1n destensan los sentimientos con el di\u00e1fano prop\u00f3sito de reinventarlos [<em>Das rote Zimmer<\/em> (2010)], hacen de vientre sin armar esc\u00e1ndalo y dan a luz un encanto vagamente siniestro, de embrujo pr\u00f3fugo, que predomina en los sue\u00f1os del viviente buscador, centauro de la urbe al campo, ansiando para s\u00ed una \u00e9tica diferente, las ventajas de compartir besos, la revisi\u00f3n del c\u00f3digo matrimonial, las leyes del har\u00e9n. En esta l\u00f3gica de linterna m\u00e1gica emocional se inscriben las variaciones cinceladas por el alem\u00e1n en este tr\u00edptico, su leve violencia tiene lugar en el mismo fragmento de tiempo donde de una siesta besando las mejillas de Salmacis despertamos al terco contacto ocular con la persiana entreabierta. Hemos malogrado algo desde la apertura de los p\u00e1rpados, el Monte Ida se pierde en la memoria como un para\u00edso remoto, siete d\u00edas de ayuno podr\u00e1n ser el precio a pagar para recuperarlo, o quiz\u00e1 se haya ido sin fecha de retorno. Estas dudas de pasaje son las que exuda el cuerpo de Serpil Turhan a trav\u00e9s de los tres filmes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el primero, como vimos, tiene la fortuna la tierra de verla regresar: v\u00ednculos restablecidos. En el segundo, bajo la guisa de la sirvienta Sirtali, su semblante se oscurece un tanto: est\u00e1 ah\u00ed para todos, viste con medias negras tras el luto que ataca el filme como si las tuviera reservadas de antemano, su seda oscura no indica un deseo a punto de ser aquietado, encarna una distancia, aquella que niega al marido el seguimiento de su idilio tras la muerte del hijo. Dicho hombre de familia, el profesor de filosof\u00eda Anton Bogenbauer, lee titulares de una decena de peri\u00f3dicos sin ni siquiera hojear su interior, pasa de un diario a otro con la respetable indiferencia del burgu\u00e9s m\u00e1s equidistante odiado por Karl Kraus y Nietzsche, el pie de foto le es a este tipo tan consustancial como el refrigerio matutino. Cuando descubrimos tras la tragedia que no solo sus l\u00e1grimas derramaba sobre Sirtali, el rechazo de la segunda semeja un <em>sparring<\/em> de luto, implacable \u00e1ngel de la desdicha neg\u00e1ndonos las babas, orgasmos y sollozos. Aun as\u00ed, no deserta, se quedar\u00e1 con la familia. Ser\u00e1 Hannelore Elsner, como Johanna Perl, quien arrojar\u00e1 el anillo al mar.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Frau-fahrt-Mann-schlaft.png\" alt=\"Frau-f\u00e4hrt,-Frau-f\u00e4hrt,-Mann-schl\u00e4ft-(Rudolf-Thome,-2004)Mann-schl\u00e4ft (Rudolf Thome, 2004)\" width=\"768\" height=\"460\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3048\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Frau-fahrt-Mann-schlaft.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Frau-fahrt-Mann-schlaft-300x180.png 300w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/p>\n<p><strong>3.<\/strong> <u>RETROGRADACIONES PLANETARIAS<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Rauchzeichen<\/em>, futuro; sentimos que la escena ha llegado a la conclusi\u00f3n l\u00f3gica de p\u00e9rdida de peso con respecto a los dos filmes anteriores, que ya hab\u00edan adelgazado en consideraci\u00f3n a su cine ochentero, y es que sobre todo en el tercero las secuencias parecen desaparecer bajo el velo de una amenaza, con la urgencia de una risa, se palpa un apresuramiento incapaz de perder el momento, al contrario, lo van llenando incesantemente signos de humo. Adelant\u00e1ndonos unos a\u00f1os podremos constatar que el linaje alem\u00e1n exhibido en esta trilog\u00eda cambiar\u00e1 cautamente su atuendo en <em>Das Sichtbare und das Unsichtbare <\/em>(2007), instituy\u00e9ndose con una mudabilidad de formas que rompe los movimientos pendulares en quebradizos trazados, escenas de lucha en las que el corte arremete cual brocha violenta al lienzo; desde ah\u00ed, se reemprende la marcha, con el pretexto de estar mudos, desembarcando en un cambalache persistente, varados en la calma de un horizonte o tensionando con mareo vacilado. En el mismo punto en que otros filmes malogran el inter\u00e9s, estos de Thome adquieren velocidad, tras el peque\u00f1o proleg\u00f3meno necesario de toda pel\u00edcula para situarnos, estando ya la ficci\u00f3n tan prendida que no parece un trozo de metraje, sino otra cosa que respira con su propio pulso, la contemplaci\u00f3n de un limbo muy real expandi\u00e9ndose sin encontrar obst\u00e1culo. Imposible no pensar constantemente en la fortuna de estar vivos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En los parajes sardos coadyuvamos en el rol de asistentes perplejos a unos ritos celestiales, cualquier criatura con la edad suficiente corriendo por sus arterias como para haber vivido un par de meses en una ciudad de tr\u00e1nsito reconocer\u00e1 esta intoxicaci\u00f3n contagiosa, los ribetes de recepci\u00f3n, acogiendo con simpat\u00eda y buenos cuidados a los viajeros cansados, capitanes atracados en suelo firme, parientes lejanos. Si recordamos con felicidad nublada aquellos d\u00edas donde nuestros ciclos suced\u00edan su curso envueltos por el alegre \u00edmpetu del peregrinaje, <em>Rauchzeichen <\/em>convierte en f\u00fatil esta memoria, nos la pone tan cerca de los ojos que termina restaur\u00e1ndose, figur\u00e1ndose en futurible predilecto. Hayamos cogido el Camino Franc\u00e9s, el Primitivo o el del Norte, habiendo llegado a Santiago de Compostela y avistado el Monte do Gozo, unas pocas pisadas m\u00e1s en direcci\u00f3n a la Berenguela ir\u00e1n borrando en nosotros la sensaci\u00f3n de permanencia terror\u00edficamente provocadora \u2500Sue poniendo final a su <em>viaggio en Italia<\/em> con el arrojo del anillo al mar en <em>Frau f\u00e4hrt, Mann schl\u00e4ft<\/em>\u2500, a la vez que dejamos de pensar en el camino recorrido como algo con lo que hacer las paces, santiguarnos y dormitar los renglones rectos del destino \u2500las risas pacificadoras, tallando un armisticio con la dolorosa biograf\u00eda, al final de<em> Rot und Blau<\/em>\u2500; cuando lo que separa nuestros zapatos del botafumeiro equivale a unos pocos metros, pasamos a habitar la fimbria del tiempo, colgados de la manga del azar, y ya pocos signos de desdicha podr\u00e1n romper el bieneficio<em>, cerca del l\u00edmite, r\u00edo abajo, las estaciones te pasar\u00e1n de lado, ahora que todo ha terminado, convocado a la semilla, a la derecha del sol, ahora que descubres, ahora que est\u00e1s completo, <\/em>comienza tu segunda juventud, <em>finis terrae<\/em>. A la manera de Annabella Silberstein, caemos de la luna y arribamos en la rosa de los vientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mudos, como el homicida que arrebata la vida a Leila. Cabe resaltar que, antes de salir de campo para siempre, en cada uno de los filmes, su silueta hab\u00eda sido ese Monte Ida inalcanzable o fugitivo para tres personajes. 2003, un t\u00edmido chaval que la acoge en su apartamento no puede evitar querer chupetearle los pies al exhibirlos ella en primer t\u00e9rmino del plano, el fetiche es negado cari\u00f1osamente. 2004, ya lo vimos, el profesor se debe guardar la erecci\u00f3n. 2006, la fugitiva otomana escucha la inoportuna confesi\u00f3n de amor del autodeclarado Dios del cine Hans, quiz\u00e1 el personaje m\u00e1s feo y desaseado filmado por Thome, a mayores otro suspira por ella, el hijo de la protagonista, Michael, de nuevo, como se ha mencionado que sucede en la trilog\u00eda, el propio primog\u00e9nito del director.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la <em>dramatis personae<\/em>, tambi\u00e9n Karl Kranzkowski, el padre, var\u00eda su porte a lo largo de los a\u00f1os en los que tuvo lugar la realizaci\u00f3n de los filmes. 2003, Gregor B\u00e4renklau, recibidor enga\u00f1osamente estoico de la helada dote matrimonial con sonrisa aquilatada de Barbara, de tonto no tiene un pelo, su mujer descansa la mente, y los achuchones, en un pa\u00eds diferente, atr\u00e1s en el tiempo, infancia (Eisenstein), juventud (Ilke). La calma de Gregor inquieta con la intuici\u00f3n silbante de la serpiente patosa a punto de atrapar al rat\u00f3n. Llegada la ocasi\u00f3n, el pu\u00f1etazo hacia el posible amante de Barbara llegar\u00e1 sin premura, faltaba un puntito de Calvados. 2004, Anton Bogenbauer ya no asestar\u00eda dicho golpe en la testa, se quedar\u00eda leyendo el en\u00e9simo titular y, en todo caso, querr\u00edamos joderle la faz nosotros, y es que tantea el terreno mientras ense\u00f1a a Plat\u00f3n, Nietzsche, con calma sapiente de impostor, l\u00e1grimas de cocodrilo, tan catedr\u00e1tico que no puede evitar sacar como un loco el claxon genital a que pite en bajo volumen, pero pita, y pita, constantemente parece pedir algo al mundo, y una vez que lo obtenga nos queda la sensaci\u00f3n de que se apurar\u00e1 para asegurar el sello personal inscrito en el premio. Tras el infortunio de Thomas, no le queda m\u00e1s remedio que poner buena cara al mal tiempo, pero la cara no podemos llamarla en verdad <em>buena<\/em> ni el tiempo permanecer\u00e1 tan <em>vil<\/em> por muchos d\u00edas. Sus circunloquios \u2500en los jardines marienbadianos del hospital psiqui\u00e1trico donde su mujer, Sue, convalece tras cortocircuitar la buena raz\u00f3n al \u00edrsele el hijo\u2500 piden a gritos consistencia, sinceridad, la improvisaci\u00f3n suscita debilidad, <em>camine como un hombre<\/em>. En 2006, finalmente, el americano Jonathan Fischer ha viajado al extremo opuesto para encarnarse en americano feliz, contento de chillar en italiano las coletillas comunes, afable con el resto, cari\u00f1oso con su nueva amante, Annabella. El pasado que se le adivina reptar de perro sentimental vagabundo (la banda Contradictions lo ten\u00eda de cantante) ya hace eco en el futuro sin posibilidad de dentarlo. Si ronca mientras duerme, acepta cambiarse de habitaci\u00f3n, escucha embelesado los poemas de H\u00f6lderlin borbotear de la boca de Hannelore Elsner. De las alturas embebidas del fil\u00f3sofo del anterior filme, desembarcamos en la bonanza bonachona, f\u00e1cilmente dominable, hasta pidiendo ser amaestrado, del nuevo aprendiz de la pasi\u00f3n. El americano perfecto, acondicionado para hacer <em>tabula rasa<\/em> en la pizarra de los afectos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Descosidas las complexiones rocosas que un\u00edan y ataban a los personajes de su cine con la escena y su disoluci\u00f3n, Thome culmina el natural proceso de transfiguraci\u00f3n alcanf\u00f3rica iniciado tres a\u00f1os atr\u00e1s, y para ello no recurre a falsarias coartadas de<em> fluidez <\/em>o <em>liquidez<\/em>, las mesas contin\u00faan pesando, los personajes cosechan lo que siembran, ha ocurrido, eso s\u00ed, una ligaz\u00f3n l\u00f3gica y concomitante al proceso de convertirse en romero, as\u00ed cada escena termina levemente acribillada por la luz de la siguiente, como si de un <em>asesinato<\/em> de noctilucas se tratase, tan fastuoso que en los d\u00edas de este porvenir contagioso deberemos cavilar sobre otros t\u00e9rminos m\u00e1s adecuados, por ahora content\u00e9monos con estos, nos queda una posible vuelta a la luna para hallar enterrado en un cr\u00e1ter el papel donde hab\u00edamos apuntado mil sin\u00f3nimos con los que nombrar un cipr\u00e9s. Si tal actividad inquisitiva les semeja risible, probablemente sientan desconcierto ante las actividades regulares de los habitantes de este filme, tan sereno en su traje de condicionantes sin fecha de caducidad que si alcanzan a comprenderlos entrar\u00e1n a un banco exclamando en italiano por la bravura del viento. Para entender los ciclos solares de <em>Rauchzeichen<\/em>, habr\u00e1 que fijar la estructura fisiol\u00f3gica en un punto a mitad del camino entre el <em>hall <\/em>r\u00fastico y el astro natural que nos vigila; lo que busca Thome en esta aristocracia de caminante, y por consiguiente termina hallando con sus operaciones de cineasta, acompa\u00f1ado por una caravana de ayudantes habituales, es servir de polo magn\u00e9tico en el centro de una imaginaria l\u00ednea ley: Italia, su isla de Pascua; el \u00faltimo fotograma de una escena y el primero de la ulterior, la clave del <em>sigillum<\/em>. Qu\u00e9dense en silencio, quiz\u00e1 oigan indicios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A la mudez mencionada, a\u00f1ad\u00e1mosle tambi\u00e9n una cualidad que nos confiere espectar este filme de Thome y, por extensi\u00f3n, la totalidad de su obra. Madurez. Al igual que el grupo circundando las consumaciones de la defunci\u00f3n de Leila, sin subestimar su val\u00eda \u2500ella era una <em>princesa<\/em>\u2500, no podr\u00e1 resistirse a las posteriores ceremonias revoltosas: un banquete sazonado, seguido de boda sobre barquita dando tumbos en un estanque artificial; coronar\u00e1n la noche el baile y aliento cercano de los supervivientes. La envergadura del terror solapa las fauces con el erotismo cicl\u00f3peo del entorno de Cerde\u00f1a y el cine de Thome alcanza por fin la trayectoria lunar, turgencia equ\u00edvocamente lejana, enga\u00f1osa cuando parece que la podemos rodear con la palma. Cambia de fase con el celo astron\u00f3mico de un nigromante altruista. Junto a \u00e9l, celebramos con c\u00e1liz y Mirto Rosso la posibilidad de hacer el amor tapados por el cuarto menguante asomando detr\u00e1s de la ventana.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Rauchzeichen-2.jpg\" alt=\"Rauchzeichen-(Rudolf-Thome,-2006)-2\" width=\"1024\" height=\"549\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3052\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Rauchzeichen-2.jpg 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Rauchzeichen-2-300x161.jpg 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Rauchzeichen-2-768x412.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESPECIAL RUDOLF THOME Berlin Chamissoplatz (1980) System ohne Schatten (1983); por Dave Kehr System ohne Schatten (1983); por Serge Daney Der Philosoph (1989) Rot und Blau (2003), Frau f\u00e4hrt, Mann schl\u00e4ft (2004) y Rauchzeichen (2006)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26,367],"tags":[158,452,70,454,547,551,450,236,550,554,456,211,552,449,459,448,460,451,68,77,371,447,51,446,209,455,555,510,553,212],"class_list":["post-3038","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criticas","category-revista","tag-158","tag-452","tag-70","tag-agantuk","tag-alemania","tag-angela-schanelec","tag-as-bodas-de-deus","tag-berlin-chamissoplatz","tag-das-mikroskop","tag-das-rote-zimmer","tag-das-sichtbare-und-das-unsichtbare","tag-der-philosoph","tag-der-schone-tag","tag-espelho-magico","tag-europa-51","tag-frau-fahrt-mann-schlaft","tag-germania-anno-zero","tag-joao-cesar-monteiro","tag-manoel-de-oliveira","tag-maurice-pialat","tag-rainer-werner-fassbinder","tag-rauchzeichen","tag-roberto-rossellini","tag-rot-und-blau","tag-rudolf-thome","tag-satyajit-ray","tag-serpil-turhan","tag-tarot","tag-thomas-arslan","tag-tigerstreifenbaby-wartet-auf-tarzan"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3038"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3038"}],"version-history":[{"count":16,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3038\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5762,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3038\/revisions\/5762"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3038"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3038"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3038"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}