{"id":3215,"date":"2022-05-31T09:00:18","date_gmt":"2022-05-31T09:00:18","guid":{"rendered":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3215"},"modified":"2023-10-03T04:43:33","modified_gmt":"2023-10-03T04:43:33","slug":"de-tripas-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3215","title":{"rendered":"DE TRIPAS CORAZ\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p><strong>ESPECIAL NOAH BUSCHEL<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3215\">Glass Chin (2014)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3352\">The Man in the Woods (2020)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3354\">En el sendero, fuera de la ruta; por Gary Snyder<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3324\">Interview \u2013 Noah Buschel<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3343\">Entrevista \u2013 Noah Buschel<\/a><\/p>\n<p><strong><em>Glass Chin<\/em> (Noah Buschel, 2014)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-1.png\" alt=\"Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-1\" width=\"1280\" height=\"688\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3219\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-1.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-1-300x161.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-1-1024x550.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-1-768x413.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><em>The great gods are blind or pretend to be<\/em><\/p>\n<p><em>finding that I am among men I open my eyes<br \/>\n<\/em><em>and they shake<\/em><\/p>\n<p><em>Laughter<\/em>, W.S. Merwin<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>1.<\/strong> <u>LA REGLA DEL JUEGO<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">Bud Gordon mantiene la retaguardia concentrada, desde los nevados empedrados de una ciudad que lo ha visto en mejores circunstancias, en el candelero, con una mand\u00edbula dificultosa que hasta entonces se hab\u00eda mantenido firme. Su mente vagaba por antojos de p\u00e9rdida y ganancia, \u00e9xitos fugaces, jactancia obrera connatural a un contexto que lo aprisionaba con voces pantarujas; al parecer, poco se cuestionaban los acantilados econ\u00f3micos, emocionales, cuando los golpes del boxeador,<em> uppercut<\/em>, izquierda, derecha, prosegu\u00edan noqueando al oponente. Pero cuidado, llega el momento decisivo, y toca abrazar el arquetipo: Bud debe retirarse en pleno combate, quinta ronda, ante un pelele cualquiera, un tal Jackson. Fin de la primera parte que no hemos visto, comienzo del filme y de la verdadera lucha. Durante el transcurso de esta refriega mental, dilema moral, viacrucis marital, estaci\u00f3n de la cruz hecha filme, Nueva Jersey conforma el lugar de retirada. All\u00e1 donde el antiguo boxeador pasa sus d\u00edas con visos a adquirir algo mejor, acompa\u00f1ado por su pareja Ellen, m\u00e1s optimista en su llaneza desligada de pretensiones fatuas. Noah Buschel, cineasta de batalla, tiene con estos peones y alfiles su guerra desplegada. Ante el visionado de la trifulca, no nos queda m\u00e1s remedio que rese\u00f1arla, gacetilleros remendones, cronistas de obras tan replegadas en su nada deliberado oscurantismo que debemos hacer uso de m\u00e1s de una docena de bengalas para avisar al frente m\u00e1s pr\u00f3ximo de que las bombas han ca\u00eddo ya. M\u00e1s nos valdr\u00eda izar la bandera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Buschel ha sido, al menos desde el estreno de <em>The Missing Person<\/em>, en un a\u00f1o 2009 donde podemos empezar a trazar con los medios disponibles su trayectoria cinematogr\u00e1fica, uno de esos poqu\u00edsimos cineastas al que la palabra <em>independiente<\/em> no se le pega como est\u00fapido ep\u00edteto asignado para hacer honores: se lo ha ganado a fuego, lo habita como un sustantivo hecho y derecho, el t\u00e9rmino que ejemplificar\u00eda su nombre en una enciclopedia futura elaborada con un m\u00ednimo de rigor sobre el cine norteamericano. Su insatisfacci\u00f3n, actitud combativa, tambi\u00e9n de flem\u00e1tica sapienza, considerando un juego que sabe ama\u00f1ado desde el principio, van acompa\u00f1adas de una tenacidad incorruptible, resultando tales esfuerzos en filmes que logran, a pesar de campa\u00f1as publicitarias tendentes a crear una cortina de humo enmascarando el verdadero car\u00e1cter de la obra, transmitir la fortaleza de un material bru\u00f1ido hasta el m\u00e1s \u00ednfimo detalle. Adopta el disfraz de diferentes arquetipos que han recorrido la historia del cine americano desde que la invenci\u00f3n de la yuxtaposici\u00f3n convergiera en el milagro de la ficci\u00f3n, de ah\u00ed retrotray\u00e9ndose, a Dickens y Shakespeare, o acompa\u00f1ando, a Chandler y Denis Johnson, y a ra\u00edz de lo enunciado fructificasen modos de enfrentarse al marco de los tiempos, desde los que reinterpretarlos, tomando como referencia estas corrientes de palabras e im\u00e1genes mentales, pronto fotogramas derram\u00e1ndose sobre los ojos de Norteam\u00e9rica y los dem\u00e1s continentes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En <em>Glass Chin<\/em>, la derrota premeditada, intercedida por prevaricadores, ocupa el lugar central del paradigma. Ahora bien, esta cl\u00e1sica historia de s\u00fabita paralizaci\u00f3n de la notoriedad, como es habitual en el cine de Buschel, adquiere r\u00e1pidamente la forma de una <em>conceptualizaci\u00f3n<\/em>, ardorosa, febril, en pugna consigo misma, en fin, cuestionando sus estilemas con el aplomo de un yogui curtido en varias guerras civiles. Y de este plano m\u00e1s aparentemente despegado de los ganchos del cuadril\u00e1tero viajamos, por medio de su concreci\u00f3n sint\u00e9tica, a otro tipo de despliegue, el de un conjunto de encuadres cuyo viaje dispone las piezas del trayecto en un movimiento dial\u00e9ctico, sin un segundo que perder, donde por demasiados instantes \u2500la enumeraci\u00f3n, consecuentemente, sobra\u2500 adquirimos algo que cre\u00edamos extinto del cine estadounidense contempor\u00e1neo: la espontaneidad m\u00e1s inconcebible bregando en encuadres semifijos. Corey Stoll es un torso luchando a trav\u00e9s de di\u00e1logos con cada sentimiento que se le interpone, r\u00e9moras, arrebatos, el curso inefable de los acontecimientos cuando<em> restaurateurs <\/em>y usureros-peces gordos, o secuaces, J.J. Cook y Roberto, se cruzan en su camino para nublarle de nuevo el cr\u00e1neo raso. Sopesando este escenario de disquisiciones, Buschel filma casi como un Marlowe resolviendo casos. El propio cineasta supo describir con diestra mano los procederes del personaje de Chandler:<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00abComo un Pacificador Zen, Marlowe no intenta tanto cambiar las cosas como dar testimonio de ellas. Su sola presencia es suficiente. No pretende saber lo que realmente est\u00e1 pasando, y no lo intenta. Simplemente se adentra en las sombras con un ojo sereno, resuelto, y luego se vuelve a presentar en oficinas <em>technicolor<\/em> con una voz calmada, uniforme. Los mundos se aproximan m\u00e1s entre s\u00ed a causa de su porte pl\u00e1cido. A trav\u00e9s de sus viajes es a la vez ridiculizado por su depravaci\u00f3n y laureado por sus percepciones. Su contestaci\u00f3n es siempre la misma: el prendimiento de una cerilla\u00bb.<\/p>\n<p align=\"justify\">Se trata de unos planos cuyo escorado hiperrealismo \u2500<em>shot on RED ONE<\/em>\u2500 tantea sin pausa con el embellecimiento entrecortado de luces purpurina, artificio so\u00f1ador ora plateado, hoga\u00f1o neonizado, luego de una tonalidad c\u00edtrica a punto de sumergirse en las pu\u00f1eteras reflexiones de la noche. Mal fario. Sustentan estos vaivenes de posproducci\u00f3n calibrada unos planos cuyo desarrollo recurre sin verg\u00fcenza al <em>zoom<\/em>, <em>out<\/em> o<em> in<\/em>, menos violento posible, el esparcimiento o cerraz\u00f3n de un objetivo que semeja expandir los di\u00e1logos intercambiados y las posibilidades circunspectas de una escena que se traslada hacia un mundo m\u00e1s dilatado, empero controlado, o al cercamiento letal de un encuadre que poco a poco va dren\u00e1ndose de buenos augurios. El <em>zoom <\/em>redirige la mirada, la descentraliza sin reglamentarla en una operaci\u00f3n estetizada cual manufactura sol\u00edcita. Va mondando sin apremio, dentro del rect\u00e1ngulo de la escena, un rect\u00e1ngulo m\u00e1s peque\u00f1o: el asedio calculado se proyecta hacia un acontecimiento casi condenado que no puede escapar de all\u00ed. Cuando estos cambios de apertura tienen lugar, el drama vira con ellos. Y es tambi\u00e9n este el motivo de que los cuantiosos planos frontales, con los personajes mirando directamente al objetivo, esperando la respuesta de un contraplano que no tardar\u00e1 en llegar, o dilucidando el discurso del que habla al otro lado, rompan secamente el temporal estatismo, o las vistas de la ciudad a bordo de un veh\u00edculo: esta frontalidad recoge directamente la l\u00f3gica del cl\u00e1sico campo\/contracampo, y es ah\u00ed donde reinventa una gestualidad masculina abocada a cierto rid\u00edculo en su incredulidad \u2500las reacciones al discurso de J.J. por parte de Bud en el restaurante de alto<em> standing<\/em> The Silver Apple\u2500 o fanfarroneo \u2500J.J. relatando las lindezas de su onza en el tr\u00e1iler warholiano\u2500. Al contrario que en los filmes de Jonathan Demme, este tipo de car\u00e1cter frontal debe m\u00e1s al silogismo que al confrontamiento directo con el espectador por medio de un pronto expositivo o impulsivo.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-2-1.png\" alt=\"Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-2\" width=\"1280\" height=\"688\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3221\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-2-1.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-2-1-300x161.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-2-1-1024x550.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-2-1-768x413.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-3.png\" alt=\"Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-3\" width=\"1280\" height=\"688\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3223\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-3.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-3-300x161.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-3-1024x550.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-3-768x413.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-4.png\" alt=\"Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-4\" width=\"1280\" height=\"688\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3224\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-4.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-4-300x161.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-4-1024x550.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-4-768x413.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><strong>2.<\/strong> <u>CALOR EN EL FR\u00cdO<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">J.J. habla de devolver a Bud a una posici\u00f3n que este quiz\u00e1 nunca tuvo. Y es que probablemente el boxeador en la lona se conformar\u00eda con recuperar su casa m\u00e1s grande, un restaurante mediano que porte su nombre al estilo cintur\u00f3n de ganador y una vida peque\u00f1a con Ellen, donde esparcir tranquilos el amor sin preocupaci\u00f3n por el dinero. Ella incluso se conformar\u00eda con menos: meditar, leer, hacer la colada, m\u00e1ximo tener un hijo. \u00c1pices de la santidad budista que viste Ellen han ido pos\u00e1ndose en Bud desde que era boxeador, amansando con ternuras su persona. Tambi\u00e9n \u00e9l, que en el mundillo era conocido como \u201cThe Saint\u201d, transpira haber sido educado por Lou Powell en la ciencia pugil\u00edstica como un monje: c\u00e1lculo reactivo del guerrero <em>middleweight<\/em>, aprender a tocar y no ser tocado, acompasar la respiraci\u00f3n, dignificando espiritualmente un tanto el brutal deporte basado en encajar directos y croch\u00e9s. Por otro lado, en sus dudas, mediocres silencios, en sus carencias volubles de resolutividad, Bud acusa haber estado rodeado demasiado tiempo por las impedimentas deportivas, calz\u00f3n, cuerdas y manos encintadas, por un sobreentendido darwinismo social <em>Everlast<\/em>, el infantil condicionamiento ESPN que le achaca Ellen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jam\u00e1s los personajes de Buschel aparecen inmersos en multitudes. Su drama es aprender a lidiar consigo. Con el <em>aire<\/em> que los encapsula en plano. Pareciera \u2500si nos doblega el pesimismo\u2500 que la muchedumbre estadounidense al completo habitara tras los cuatro o cinco televisores que aparecen en <em>Glass Chin<\/em>, siguiendo cualquier evento deportivo. Mentalmente, se desemboca en un espacio social agoraf\u00f3bico, que se proyecta en acotamientos de siglas sustantivas imponentes para el solitario: HBO, J.J., MSG, <em>iPod<\/em>, <em>iTunes<\/em>, <em>iCloud<\/em>, <em>iPhone<\/em>, <em>CK Obsession<\/em>\u2026 Un estudio de caracteres netamente buscheliano, del alma estadounidense, de todo aquello que al cineasta le toca las pelotas de su pa\u00eds, que sin af\u00e1n de sermoneo, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde proseguir\u00e1 en <em>The Phenom <\/em>(2016), filme sobre un joven lanzador de b\u00e9isbol roto que repite, como rememorando un trauma, con una convicci\u00f3n deficiente respecto a la gravedad de lo que est\u00e1 expresando, la inculcada mentalidad dogm\u00e1tica referente a <em>competir siempre <\/em>y as\u00ed no acabar siendo un don nadie en la vida. Despu\u00e9s de su retirada, curado de humildad, nuestro boxeador no lo tiene ya tan claro, no obstante sigue dej\u00e1ndose adocenar por J.J. y Roberto, esperando una ganancia provisoria si concede reincidir en su pupilaje. Ninguna formulaci\u00f3n en palabras podr\u00eda dar cuenta de lo temibles que se nos presentan, a los ojos, dichos chantajistas. Detalles de terror impositivo, como J.J. conminando a Bud a sentir el peso de los cubiertos de plata, su flagrante desprecio por lo oxidable \u2500\u00abI will aluminize your world\u00bb\u2500, el exagerado maquillaje de Roberto, pendiendo sobre su impoluta sudadera fucsia \u2500enemiga de la deportiva pardusca del boxeador\u2500, oblig\u00e1ndonos a retener el pent\u00e1culo demon\u00edaco luciendo argentino alrededor de su cuello. Amenazas patentes, percibidas a punto de salto de mata, junto a otras latentes que parecen inducirse desde un fondo acristalado, mermando por previsibilidad y acumulaci\u00f3n paranoica la pulcra inteligibilidad compuesta del encuadre. En <em>The Phenom<\/em>, el proyecto formal no tendr\u00e1 tanto peso discursivo ni tanta imbricaci\u00f3n en lo expresado como en <em>Glass Chin<\/em>, m\u00e1s bien servir\u00e1 como una ventana de amplitud desde donde contemplar las cosas declaradamente bien. Aqu\u00ed, las limpias perspectivas condensadas refuerzan la noci\u00f3n de que el destino est\u00e1 jugando a Bud una burla perfecta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La Noche Buena de rigor va acercando vaho a las bocas y nieve al pavimento, peque\u00f1os terrones en cuya proximidad anidan vagabundos como Ray, poco dispuesto a mostrar el debido respeto por un hombre cuya complexi\u00f3n ser\u00eda capaz de someterlo en pleno primer <em>round<\/em> (no ten\u00eda el pugilista la mand\u00edbula m\u00e1s fuerte, el motivo de la gracia). No achacaremos a Bud bajeza moral al ser este mendigo el solitario receptor de una respuesta combativa, en defensa propia, al recibir la burla evidente; ante el resto de la jungla humana y sus continuas indirectas, el boxeador se descubre como el saco de <em>sparring<\/em> en el que descargar la mofa y recibir, como mucho, si lo pillamos de improviso, el comienzo de una maniobra protectora levantando los pu\u00f1os, viejo acto reflejo del que vive con el oficio dentro a pesar de que los a\u00f1os y los servilismos le hayan adocenado el gusto, la a\u00f1oranza por el estrellato, los d\u00edas de par\u00e1sitos, ac\u00f3litos, seguidores en m\u00faltiples redes sociales, y clic clic clic. Otra nube, m\u00e1s difusa que aquella digital donde J.J. presume de tener almacenada su vida entera, difumina en Bud las inmediateces y obligaciones sentimentales m\u00e1s urgentes. El descuido de tales afectos terminar\u00e1 haciendo mella en Ellen. \u00abYou haven&#8217;t always been good to me\u00bb, le dice en una \u00faltima cena de lujo te\u00f1ida de pasas, previa al combate cuyo arreglo fatal determinar\u00e1 el destino de Bud: o informa a su protegido, un chaval con la traves\u00eda vital al completo por delante, de que debe caer en la primera ronda, o un l\u00edo de cintas y huellas lo incriminar\u00e1n en un homicidio que no ha cometido. Se palpa la tensi\u00f3n de las \u00faltimas bromas, aquellas que ya empiezan a molestar, antes y durante la comida. Encarnando esa ola de budismo<em> americano <\/em>abierto al mundo, de la que Buschel es deudor y disc\u00edpulo \u2500la reverenda Pat Enkyo O&#8217;Hara fue su instructora, Jack Kerouac, Neal Cassady y Bob Dylan sus maestros Zen inmaduros, m\u00edsticos, heterodoxos, pero sin duda para \u00e9l embarcados en la senda del <em>bodhisattva<\/em>\u2500, Ellen har\u00e1 las debidas sugestiones, comentarios delicados, sabios consejos, votos de feliz asunci\u00f3n de los pocos bienes materiales de los que se dispone. No hay necesidad de mudarse a un apartamento mayor, si el agua sale tibia, no armemos dram\u00f3n, aprovechemos el calor mientras dure, introduzcamos esta calidez hasta en la Navidad m\u00e1s desangelada de una Nueva Jersey que compite, y el filme a su lado, poniendo de nuestra parte el ladrillo rojo, desgastado, de acervo secular, contra los rascacielos que al fondo parecen inclinarse como una Torre de Pisa para abalanzarse sobre cada peque\u00f1o sue\u00f1o, inund\u00e1ndolo de estrellas suced\u00e1neas, fachadas que devuelven el reflejo, luces que minan el \u00e1nimo creando en el que las presencia una irremediable sensaci\u00f3n de espurio anhelo. Ah\u00ed posa su estela la l\u00ednea del horizonte en la que Bud, quedo, sabedor de que la ruptura est\u00e1 a punto de consumarse, permanece absorto, como si mirase hacia un campo magn\u00e9tico de artificios boreales. \u00abAll those lights and all those buildings\u2026\u00bb, dice, entonces cae del cielo, atropella la mente en la tierra, y quiz\u00e1, en ese instante, entienda que todas las bromas a costa de las preocupaciones Zen de Ellen, por bienintencionadas que fuesen, las postergaciones indefinidas de un beb\u00e9 no deseado \u2500al menos, d\u00e9mosle un apartamento m\u00e1s grande\u2500, empezasen a hacer da\u00f1o\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un malentendido romanticismo contempor\u00e1neo donde, sin pensarlo, soltamos nuestros lastres en aquellos que no tienen ni una m\u00edsera oportunidad de ayudarnos a subir un pelda\u00f1o m\u00e1s en el nefasto Great White Way; al resto, incluso al p\u00e9rfido secuaz de opereta Roberto, fanatizado en la cultura emprendedora m\u00e1s bancarrota \u2500ahora Coraz\u00f3n P\u00farpura\u2500, Bud les escucha con ligera curiosidad, inquietud \u00e1vida, ligero miedo cuando el curso de las rondas nocturnas vira tan derrapado como para poder poner en peligro a su entra\u00f1able perra, la inseparable Silly. \u00bfHabr\u00e1 aprendido bien los consejos de su entrenador, Lou Powell, cuando abominaba en presencia suya de ese \u201cluchador sentimental\u201d, tan cursi que practicar\u00e1 fintas con la m\u00fasica de la saga <em>Rocky <\/em>de fondo? Recordamos al padre de <em>The Phenom<\/em>, emperrado tambi\u00e9n en anegar el sentimiento mientras los pies pisasen el mont\u00edculo. Y es que estas ense\u00f1anzas, de severidad paterna obtusa, donde uno deber\u00eda <em>ganar <\/em>hasta contra s\u00ed mismo, redirigen a dianas falaces los l\u00edcitos enternecimientos de la vida. Desdramatizando al h\u00e9roe dentro del campo, les falta un circuito coherente, compasivo, donde el avenamiento deportivo no esparza luego sus restos en momentos de la subsistencia seglar tan faltos de apego e inter\u00e9s grato como un despertar, charlas a la salida de un cine, permanecer en el presente aun cuando las luces y los edificios nos sustraigan hacia el inoperante trance de galanteos cuales sombras chinescas. Bud pertenece a esa estirpe de somatizadores que vive su presente con el delirio semiasumido de que los d\u00edas de gloria est\u00e1n todav\u00eda a unos pasos si mueve tres fichas. Por ese cuelgue del trance esfumado asoman sus equ\u00edvocos, sin obstruir sus dolores de cabeza, aflorando para recordar que su peso no es el de antes,<em> ahora que de casi todo hace ya veinte a\u00f1os<\/em>: eso bien lo sabe \u00e9l, y cuando cae del cielo, vuelve a ser por completo, como dir\u00edan algunos, alguien con el que se siente a gusto el mundo estando a su lado. Su ansia por volver a escalar de estatus no elimina peque\u00f1as bondades, que se cuelan casi como remanente de una personalidad profundamente honrada, quimeras a un lado. Va siendo cara el final, al borde del despertar a la destemplada sustantividad diaria, cuando Bud susurra sin cinismo palabras tranquilas a Ellen en un crep\u00fasculo aciago, llora en sus hombros mientras el agua de la ducha, da igual si fr\u00eda o caliente, les quita el sudor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esta lucha de poder, guerra mental, ejerce Buschel su mencionada dial\u00e9ctica, una moral de hierro en la que es imposible tildarlo de traficante de palabras, vocero indiscriminado del panfleto autoral. Sus jaques de rayos equis se despliegan en el campo varado con tensi\u00f3n peligrosa, intentando encontrar un ligero espacio desde donde, a vista de tablero, podamos retirar a tiempo al pe\u00f3n sin que se lo coma otra pieza o, al menos, si se le derriba, ver con claridad el porqu\u00e9 de su ca\u00edda.<\/p>\n<p><strong>3.<\/strong> <u>LO QUE QUEDA DEL RUIDO<\/u><\/p>\n<p align=\"justify\">En <em>The Missing Person <\/em>(2009), el detective privado John Rosow acababa dejando escapar su recompensa dineraria tras remendar con su presa un regreso a la empat\u00eda, fraternidad en el dolor. Cinco planos detalle casi imperceptiblemente enlentecidos daban cuenta de la pacificaci\u00f3n rugosa que pueden transmitir ciertos elementos aislados del interior de una cafeter\u00eda, a un alcoh\u00f3lico renuente, en la ciudad m\u00e1s agitada del globo. \u00abSobriety after all this time isn&#8217;t as bitter as I thought it would be. Recently, for a second or two, I almost felt like things were OK with the world. Strange to feel that way when you know there are wars everywhere, and everything&#8217;s going to hell in a hand basket. But still I must admit, for a moment I felt some kind of peace\u00bb. Introspecci\u00f3n mesera sobre la deriva individual y las jodederas que arrastra el mundo que sin embargo no termina abocada al solipsismo l\u00edmites-del-yo o taza-de-caf\u00e9-galaxia de <em>2 ou 3 choses que je sais d&#8217;elle <\/em>(Godard, 1967), porque ah\u00ed est\u00e1 Miss Charley, compa\u00f1era eventual o secretaria, lo que sea mientras permita a Rosow posar los labios sobre su mejilla, darle la mano, est\u00e9 dispuesta a compartir indulgencias. En esta madrugada noct\u00e1mbula del discernimiento, la sensibilidad de Rosow se aposentaba para recolectar una suerte de conciencia ostensible, duradera y grave sobre la p\u00e9rdida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con <em>Glass Chin<\/em> acudimos a la exhibici\u00f3n de una renovaci\u00f3n de fuerzas, sediment\u00e1ndose en testaferros del control, las manos invisibles de agentes que se reanudan y heredan consciente o inconscientemente diferentes paradigmas americanos, estigmas secesionistas estallando a trav\u00e9s de los lustros, y los choques irremediables a los que aboca dicha colisi\u00f3n a los ciudadanos m\u00e1s mundanos, v\u00edctimas por consecuencia de una paranoia escenificada en innumerables instituciones, culturales, pol\u00edticas, sociales, familiares&#8230; Los tres \u00faltimos filmes de Buschel, diferenci\u00e1ndose respecto a <em>The Missing Person<\/em>, terminan con peque\u00f1os momentos de gracia durando pocos segundos, como una implosi\u00f3n s\u00fabita haciendo dentellada contra la entrop\u00eda que se extiende a trav\u00e9s del fondo silenciado, en contraposici\u00f3n al mundo que se agita, esconde su juego de poderes, o manipula constantemente. \u00abRight-hand lead\u00bb, dice Bud salvaguardando su honor al tiempo que arroja su carrera, y con ella su libertad, por la borda. La sirena policial se aproxima desde un fondo negro como remanente seco, no m\u00e1s que un plano retumbando en el o\u00eddo, al que sigue un encuadre cerrado donde un personaje implosiona por un instante la f\u00e1brica de sentimientos ordenados del mundo: Gordon \u201cThe Saint\u201d, Kid Sunshine (su protegido), y una moral que se interpone, el amor propio estall\u00e1ndose contra el rompeolas, amenazando por un instante, falsa amenaza, utop\u00eda, pero esperanza, la de unos ojos que se enjuagan y sonr\u00eden con una melancol\u00eda que preludia el derrumbe de su entorno. Un fragmento y Buschel tambi\u00e9n ha hecho su dentellada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En <em>The Phenom<\/em>, el padre de Hopper, mucho m\u00e1s problem\u00e1tico que un \u201c<em>redneck <\/em>hijo de puta\u201d, con una relaci\u00f3n progenitor-hijo donde median numerosos sentimientos que rebasan la obediencia sin aristas, se rompe, parece que se va a derrumbar en verdad, medio r\u00ede antes de que se le caigan todas las malditas l\u00e1grimas. \u00abShow me what you&#8217;re made of, why don&#8217;t you?\u00bb. Su protegido: el hijo. Hay un \u201cpartido\u201d, como en el otro filme, las c\u00e1maras aguardan, el mundo espera, en medio del globo, un hombre deja entrever en otro instante minimal una peque\u00f1a conmiseraci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>The Man in the Woods<\/em>, lanzada al mundo en un mudo dos mil veinte. Un doctor camina. \u00abOh oh how I cried on your wedding day, like, like my heart would break, oh how you regret your wedding day, now paying for your bad mistake\u00bb. Del otro lado de la puerta, las leyes de la termodin\u00e1mica. \u00abShut the nip out, will you friends?\u00bb Dentro, el suceso microsc\u00f3pico que le pone el dedo en el culo a tales edictos. El despertar de Jennie es un gesto pol\u00edtico\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2026el mismo de Bud cuando irremediablemente entiende que su moral se ha blindado a costa de su condena, o el de Hopper cuando comprende que es un desdichado perdedor al sin quererlo demostrar que a\u00fan tiene algo de conmiseraci\u00f3n sincera por su primog\u00e9nito. Mismo orden, an\u00e1loga ruptura. Unos segundos precedentes al t\u00e9rmino del metraje. Luego nos queda esa sensaci\u00f3n de que el mundo sigue pero algo ha cambiado: dos l\u00e1grimas, luci\u00e9rnagas, la s\u00fabita irrupci\u00f3n del color, ojos que lloran, p\u00e1rpados abri\u00e9ndose. <em>Bajo los adoquines, la playa<\/em>. En un chasquido de dedos, se subvierte todo el metraje anterior, llegamos al punto l\u00f3gico del final de obra. Los tres gestos dan la vuelta por completo al <em>statu quo<\/em> de los filmes con un periquete de gracia ganada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasadas dos horas, volveremos a intentar atrapar al hombre del bosque, a joder al chaval y a romperle la cabeza con el b\u00e9isbol, a negar a Kid Sunshine el futuro. Pero nosotros, espectadores, quedamos escuchando el ruido que resta cuando el barco asoma la proa al mar antes de hundirse de nuevo, previo al pr\u00f3ximo rescate. Ese es el rumor que escuchamos al pasar los cr\u00e9ditos en <em>Glass Chin<\/em>.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-5.png\" alt=\"Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-5\" width=\"1280\" height=\"688\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3225\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-5.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-5-300x161.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-5-1024x550.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2028\/03\/Glass-Chin-Noah-Buschel-2014-5-768x413.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><a href=\"https:\/\/tricycle.org\/magazine\/zen-master-marlowe\/\">Zen Master Marlowe<\/a> \u2500 por Noah Buschel<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESPECIAL NOAH BUSCHEL Glass Chin (2014) The Man in the Woods (2020) En el sendero, fuera de la ruta; por Gary Snyder Interview \u2013 Noah Buschel Entrevista \u2013 Noah Buschel Glass Chin (Noah Buschel, 2014)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26,367],"tags":[500,142,5,497,47,126,504,503,502,501],"class_list":["post-3215","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criticas","category-revista","tag-2-ou-3-choses-que-je-sais-delle","tag-142","tag-estados-unidos","tag-glass-chin","tag-jean-luc-godard","tag-jonathan-demme","tag-noah-buschel","tag-the-man-in-the-woods","tag-the-missing-person","tag-the-phenom"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3215"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3215"}],"version-history":[{"count":17,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3215\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6036,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3215\/revisions\/6036"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3215"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3215"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3215"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}