{"id":3322,"date":"2022-05-10T09:00:48","date_gmt":"2022-05-10T09:00:48","guid":{"rendered":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3322"},"modified":"2025-04-06T08:02:33","modified_gmt":"2025-04-06T08:02:33","slug":"latencias-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3322","title":{"rendered":"LATENCIAS I"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4269\">LATENCIAS II<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4307\">LATENCIAS III<\/a><\/p>\n<p><strong><em>Pilgrimage\u00a0<\/em>(John Ford, 1933)<\/strong><br \/>\npor <a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?tag=roberto-amaba\">Roberto Amaba<\/a><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-2.png\" alt=\"Pilgrimage (John Ford, 1933)-Cartel Whitehead-2\" width=\"720\" height=\"528\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3336\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-2.png 720w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-2-300x220.png 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Existe, es real y fue firmado por Walter Whitehead en 1918. Me refiero al cartel que acompa\u00f1a, desde el fondo, a los enamorados de <em>Peregrinos<\/em> (<em>Pilgrimage<\/em>, John Ford, 1933). Un dibujo y un r\u00f3tulo que exhortan a comprar bonos de guerra emitidos por el gobierno estadounidense durante la Primera Guerra Mundial. Un soldado norteamericano, a bayoneta calada, se yergue sobre el cad\u00e1ver de otro alem\u00e1n cuya culpabilidad inherente queda inscrita en una mano animal y desproporcionada, en una garra, en la irracionalidad simiesca y prensil, en la maldad explicada. Documento de barbarie, iconograf\u00eda superviviente que soporta el peso y asume la cesura de cuarenta siglos (Estela de Naram-Sin) de representaciones regadas de sangre, la imagen toma posesi\u00f3n y posici\u00f3n en el presente. No se hacen prisioneros, la leyenda es simple y directa porque ni el g\u00e9nero, ni el formato ni el contexto admiten deriva: \u00ab\u00a1Adelante! Compre m\u00e1s bonos de la Libertad\u00bb. Todo queda a la intemperie, expuesto como un campo de batalla donde la lucha entre dos mundos se dirime entre sus s\u00edmbolos: dos yelmos. El bien y el mal, las piezas de metal que no sabemos si protegen o si obstaculizan la sede del pensar. Un casco Brodie contra un pickelhaube, qu\u00e9 cabeza cae y qu\u00e9 cabeza se sostiene dentro de una imagen cuya inmediatez oscila como un p\u00e9ndulo alrededor del poder sem\u00e1ntico de la emblem\u00e1tica.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-1-scaled.jpg\" alt=\"Pilgrimage (John Ford, 1933)-Cartel Whitehead-1\" width=\"1728\" height=\"2560\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3335\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-1-scaled.jpg 1728w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-1-202x300.jpg 202w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-1-691x1024.jpg 691w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-1-768x1138.jpg 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-1-1037x1536.jpg 1037w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-1-1382x2048.jpg 1382w\" sizes=\"(max-width: 1728px) 100vw, 1728px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">El cartel se emplaza en un lugar p\u00fablico y de tr\u00e1nsito: una estaci\u00f3n de ferrocarril de Arkansas. Su trabajo principal es la visibilidad. Sin ella, su materia y su mensaje carecen de funci\u00f3n y de valor. Es ah\u00ed, en la invitaci\u00f3n a mirar y a comprar, en la exposici\u00f3n popular a la secreci\u00f3n sure\u00f1a donde la pareja se reencuentra y se despide. Todo a la vez, tres minutos de parada como celebraci\u00f3n del no lugar, como actos indisociables y resumidos de la vida y de la muerte. Lo hacen en un aparte, en la intimidad propiciada por la arquitectura de madera y el cierre del plano. La imagen se acorta y el efecto es de vislumbre, de puerta entornada, de respeto por los asuntos privados a los que no queda m\u00e1s remedio que asistir. Tan \u00edntimos como la confesi\u00f3n y no una cualquiera, mas la del embarazo. El espectador observa esa eficacia del amor con el mismo pudor que a\u00f1os m\u00e1s tarde guardar\u00e1 en la vista de un capote doblado. El hombre ha de marchar al frente sabiendo que deja a su hijo en ciernes, reci\u00e9n intuido en el interior de la mujer, justo pegado a su vientre, en la distancia m\u00ednima de una capa de piel y de un abrazo. La narraci\u00f3n abortar\u00e1 al padre, que jam\u00e1s podr\u00e1 tocarlo; el ni\u00f1o nacer\u00e1, pero \u00e9l nunca volver\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No lo hace porque ha sido en ese instante cuando hemos contemplado la guerra en directo y a la muerte trabajando. La madre, suegra y abuela, recibir\u00e1 la noticia una noche de tormenta, pero todo sucedi\u00f3 semanas antes en el and\u00e9n de la estaci\u00f3n. Abatido por una bayoneta, descabellado como una res, la imagen acompa\u00f1ante amortaja el cad\u00e1ver. As\u00ed, mediante el montaje interno, el encuadre din\u00e1mico termina funcionando como <em>flashforward<\/em> est\u00e1tico. No obstante, en el cine hay ocasiones en las que resulta complicado discernir cu\u00e1ndo estamos ante lo obvio y cu\u00e1ndo ante lo obtuso. Este plano de John Ford y George Schneiderman habita en la linde, posee el armaz\u00f3n de una latencia, pero tambi\u00e9n las distinciones de una vehemencia. La presencia del objeto, sus dos dimensiones, su capacidad para hacer de la imagen una cadena de significados, la composici\u00f3n y su disposici\u00f3n en diferentes niveles de camuflaje, escamoteo, profundidad y superposici\u00f3n. Todo queda limitado por la intensidad del mensaje impreso. Demasiado cerca, demasiado aliento, est\u00edmulo dirigido, mirada condicionada, pulso inmediato, legibilidad perfecta que abruma y que nunca consigue operar por debajo del umbral de la conciencia. Es en este escenario donde se entrelaza lo sensible con lo inteligible, donde la imagen se esponja en el aire y un presagio se adhiere al p\u00e1rpado, donde se sustancia otra libertad siempre seducida por el lenguaje: la est\u00e9tica. Esto es, \u00bfpermite la imagen adoptar formas verdaderas de elecci\u00f3n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y sin embargo, durante gran parte de la secuencia, gracias al devenir continuo de la pel\u00edcula, al saldo de la puesta en escena y a ese v\u00e9rtigo de la quietud que habita en el interior del fotograma, la superficie de las cosas se revuelve contra la inmediatez prof\u00e9tica. Se desata entonces una lectura nada esot\u00e9rica donde la naturaleza subversiva de la evidencia muta en iron\u00eda, en realidad tarda y negruzca, en silencio excavado, en sentido maltrecho y en imagen del desasosiego. \u00bfQu\u00e9 es la muerte sino un \u00e9nfasis el\u00edptico? Estamos ante un buen ejemplo de la capacidad <em>fordiana<\/em> para convertir las pasiones simples en m\u00faltiples, la luz di\u00e1fana en postrada, la pulcritud de las virtudes en sensaciones turbias y las acciones rectas en contradictorias. Volver a Ford es enrolarse en el \u00fanico ej\u00e9rcito posible: el que se enfrenta al integrismo, a las esencias y al purismo. Con \u00e9l vivimos la precariedad temporal y cerebral de la emoci\u00f3n, su imperfecci\u00f3n, el tizne, las heridas, la tolerancia obligada al dolor. Las im\u00e1genes recorren el nervio \u00f3ptico con la suavidad abrasiva del alcohol. La visi\u00f3n desaloja a la mirada y un gusto met\u00e1lico se posa en nuestra lengua como si hubi\u00e9ramos sido nosotros los terciados por el arma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Porque en la relectura que propicia el movimiento de los cuerpos, la leyenda del cartel queda reducida a un enunciado que, como los amantes, se abraza a la apor\u00eda: \u00abCompre Libertad\u00bb. Un magn\u00edfico lema para la transacci\u00f3n de bienes tanto del esclavismo como del capitalismo. El delirio de un sistema econ\u00f3mico y social convertido en culto. Bulas de indulgencia, anhelo del potentado, el rito de adquirir un patrimonio carente de precio que disuelva nuestros pecados. Encauzar la libertad, convertirla en eslogan hasta poder tasarla y hacerlo en medio del amor y de la guerra, los dos escenarios que con mayor destreza y celo la falsean.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-3.png\" alt=\"Pilgrimage (John Ford, 1933)-Cartel Whitehead-3\" width=\"720\" height=\"528\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3337\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-3.png 720w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-3-300x220.png 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-4.png\" alt=\"Pilgrimage (John Ford, 1933)-Cartel Whitehead-4\" width=\"720\" height=\"528\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3338\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-4.png 720w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-4-300x220.png 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-5.png\" alt=\"Pilgrimage (John Ford, 1933)-Cartel Whitehead-5\" width=\"720\" height=\"528\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3339\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-5.png 720w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2029\/04\/Pilgrimage-John-Ford-1933-Cartel-Whitehead-5-300x220.png 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LATENCIAS II LATENCIAS III Pilgrimage\u00a0(John Ford, 1933) por Roberto Amaba Existe, es real y fue firmado por Walter Whitehead en 1918. 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