{"id":3809,"date":"2022-09-30T09:00:08","date_gmt":"2022-09-30T09:00:08","guid":{"rendered":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3809"},"modified":"2023-05-17T01:35:47","modified_gmt":"2023-05-17T01:35:47","slug":"lawn-dogs","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3809","title":{"rendered":"TRENT AND DEVON, DEVON AND TRENT"},"content":{"rendered":"<p><strong>ESPECIAL JOHN DUIGAN<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3809\">Lawn Dogs (1997)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4203\">Winter of Our Dreams (1981)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4228\">John Duigan y Winter of Our Dreams \u2013 Entrevista<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4356\">Romero: Dos visiones<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4233\">Careless Love (2012)<\/a><\/p>\n<p><strong><em>Lawn Dogs<\/em> (John Duigan, 1997)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-1.png\" alt=\"Lawn Dogs John Duigan 1\" width=\"718\" height=\"389\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4213\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-1.png 718w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-1-300x163.png 300w\" sizes=\"(max-width: 718px) 100vw, 718px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">La amistad que enraiz\u00e1ndose hace avanzar a este filme atesora algunas caracter\u00edsticas del cine de John Duigan: es intempestiva, secular, intergeneracional, problematizadora y expositora de interferencias. Rescata la forma sobrecogedora, hoy demasiado olvidada, de un cuento infantil cruel. No podr\u00edamos sentir sino l\u00e1stima del pobre adulto que se jactar\u00eda de no haber conseguido embriagarse con <em>Lawn Dogs<\/em>, un equivalente a insinuar el haber madurado lo suficiente como para ya no poder sentirse conmovido hacia lo sombr\u00edo por un cuento de Hans Christian Andersen, por los bulbos antropom\u00f3rficos de una mandr\u00e1gora. Brotes fascinantes, galletas de jengibre con aderezo de moscas en lugar de pasas\u2026 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2026Y es que \u00e9rase una vez, en una urbanizaci\u00f3n securitaria bautizada con el nombre de <em>Camelot Gardens<\/em>, viv\u00eda una ni\u00f1a de diez a\u00f1os llamada Devon Stockard, de pelo color heno, rubita y guapa. Su coraz\u00f3n fr\u00e1gil, desacompasado, lat\u00eda fuerte sin embargo en pos de nuevas aventuras. Una que comenzar\u00e1 a espaldas de sus padres cuando trabe inclinaci\u00f3n por Trent, a ojos de todos los vecinos, el desarrapado jardinero. As\u00ed inicia Duigan una enso\u00f1aci\u00f3n anclada en escapadas, desniveles, bosques, suspicacias, una guerra contra el orden existente cuya an\u00e1fora maldita se cifra en la regularidad con que emergen los aspersores. Una suerte de declamaci\u00f3n libertaria que encuentra su correlato en la que quiz\u00e1 sea la puesta en forma m\u00e1s el\u00e1stica de cuantos filmes ha dirigido el australiano; en carrera, planos que en pocos segundos capturan y entregan una situaci\u00f3n comprometida, relev\u00e1ndose al calor de intercambios dial\u00f3gicos o traslaciones espaciales, otros de espera ligera, donde Trent se divierte por lo bajo y titubea sobre la conveniencia de pasar m\u00e1s tiempo con la ni\u00f1a, intimidantes, se nos abalanzan a ocasi\u00f3n los escorzos, las diagonales casi subjetivas, c\u00e1mara en mano el horizonte temblando, perdiendo su principio rector, cuando el despotismo de clase y la violencia amedrentadora ponen en riesgo la continuidad de sabernos supervivientes. Contribuye a ello Elliot Davis, director de fotograf\u00eda dotado de una versatilidad consecuente que hab\u00edamos apreciado, hace ya alg\u00fan tiempo, en hasta cuatro de sus trabajos con Alan Rudolph. La flexible generosidad de Duigan para con el guion de Naomi Wallace nos hace intuir, ante el australiano, la figura resuelta de un cineasta nada ego\u00edsta, que tras sus primeros a\u00f1os ha ido moteando alternativamente las historias que anhelaba contar con ideas ajenas y propias. Tambi\u00e9n asoma la ninguna reticencia con que Duigan plasma los desnudos, registrando por lo general con igual somaticidad ambos sexos, aqu\u00ed, camiseta de tirantes resudada, cuerpo sin grasa del jardinero subalterno, fibrado al sol por el trabajo manual concediendo mostrar tras un ba\u00f1o de salto mortal su polla aguile\u00f1a \u2500tentaci\u00f3n extral\u00edmite de hijas e hijos de pap\u00e1s pudientes. Fue en <em>Sirens <\/em>(1994), pel\u00edcula de inspiraci\u00f3n prerrafaelita, donde el cineasta se mostrar\u00eda en mayor grado expansivo a la hora de enmarcar compositivamente su visi\u00f3n de una sexualidad orientada a conmocionar las pasiones chatas, primaveral eclosi\u00f3n de un pante\u00edsmo sensual renacentista. Abreviando, aquel rescoldo er\u00f3tico que calienta por debajo gran parte del cine de Duigan, un borrajo peque\u00f1o pero muy incandescente, cuidadoso en su pasional incendio controlado desde donde se evita calcinar los fr\u00e1giles sustentos del tema.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Bordeando la explanada de la infancia desatinada se encuentra Devon, muchacha dominada por el insomnio angelical de loba que a\u00falla descarnada en la madrugada a las puertas del cielo, un rencor soterrado, que ella misma no sabr\u00e1 desdoblar entero. Nosotros lo olemos a distancia, y es turbulento, genuino, convoca a la entregada platea a odiar un poquito a los ni\u00f1atos insoportables, dada su impotencia a la hora de escuchar con la complacencia de Trent, sin rodeos para enunciar un \u201cThe End, OK?\u201d cuando llega la hora de que Devon ponga una pausa al cuento de Baba Yaga, avanzando a destellados trompicones por los atajos del relato, ti\u00f1endo sus entra\u00f1as con una advertencia dirigida a los guardianes de los l\u00edmites del bosque: dejen en paz al que huye o el r\u00edo y los \u00e1rboles les cortar\u00e1n el paso. La vieja eslava se quedar\u00e1 con un tronco estamp\u00e1ndole la nariz. P\u00e9cora, meiga, p\u00e9rfida. Algo de esto tiene el mundo de los adultos que rodea a la ni\u00f1a, a los que Duigan suele filmar emparedados con afectaciones de no dar cr\u00e9dito, redichos, aconsejadores hasta el hartazgo. De la cicatriz que parte en dos el torso de la invicta Devon, marca advirtiendo que el latido de su coraz\u00f3n suena singular, dividido en tres notas, ellos se quieren deshacer, eliminar su recuerdo. El padre sugiere cirug\u00eda. La idea de tocar dicha marca, pensarla, advertirla, le llena de asco. Al vagamundo Trent, aunque cauteloso al principio, no le importar\u00e1 avistar el cosido. Repite su \u201cThat\u2019s cool\u201d curioso, correligionario de compunciones, cuela la tierra m\u00e1s all\u00e1 de las rejas de <em>Camelot Gardens<\/em> y llega a despertar eso que Duigan llevaba buscando desde hac\u00eda d\u00e9cadas filmando la Australia local que le vio nacer con esp\u00edritu de expatriado sentimental, su vanagloria da comienzo en el esquivo instante que surge de una desdicha movediza, tornando en pasatiempo, picard\u00eda, bondad, ganas de ense\u00f1ar la luna mostrando la raja de las nalgas al alguacil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El encanto respirado a lo largo de <em>Lawn Dogs<\/em> proviene de un tinte min\u00fasculo, del cual Am\u00e9rica no hace gala a menudo, empe\u00f1ada en resguardarse tras la salita de estar \u2500risas enlatadas de pesada <em>sitcom<\/em> eructada, WRKA, colecci\u00f3n de <em>oldies<\/em>\u2500; candorosos, aplicamos este color rojizo a la putrefacci\u00f3n de<em> AstroTurf <\/em>y la extensi\u00f3n de c\u00e9sped cortado con el sudor de mozos como Trent. As\u00ed es, algunos poseen el c\u00e9sped, otros lo cortan. \u00bfLes suena simplificador? En caso afirmativo, pueden ir pillando el tren que m\u00e1s directamente les lleve a hacer pu\u00f1etas. Ese es el panorama, y ante los acosadores, las vistas, no se puede hacer m\u00e1s que fabular, retornar al ansia infantil de frotarse entre las piernas con cualquier objeto met\u00e1lico a disposici\u00f3n, bajar desnuda por la barandilla de casa. Devon no encuentra alivio en los chicos de su edad, dice que huelen a TV, necesita al Capit\u00e1n Nemo tanto como la muchacha lidiando con la pubertad de una primavera sombr\u00eda en <em>Les jeux de la comtesse Dolingen de Gratz<\/em> (Catherine Binet, 1981), incapaz de resistir el encrudelescido devenir de la vida, vi\u00e9ndose morir ardiendo de deseo nigromante ante un ciego argentino: su nobleza transparenta el <em>joie de vivre<\/em> de la ni\u00f1a Stockard, el descomedirse de Duigan. No hay duda, Devon se mueve en el afecto pele\u00f3n y a punto de quebrarse, c\u00f3mo no mostrar empat\u00eda, parece enunciar el paso de las horas, el corolario que deberemos aceptar forzosamente, aun con cincuenta a\u00f1os a nuestras espaldas no podremos evitarlo, lanzados hacia el tr\u00e1iler del <em>gun for hire<\/em>\u2026 s\u00ed, huir de \u00e9l no mostrar\u00eda m\u00e1s que cobard\u00eda desacatada. Admitimos mofletes colorados, algo de pudor, no mucho\u2026 en fin, hay que decirlo ya, nos hemos enamorado de una ni\u00f1a de diez a\u00f1os, y figuramos encarnados bajo el guardapolvo m\u00e1s temido del pueblo. Quiz\u00e1 defender este sentimiento sobrevenga condena: ropas al r\u00edo, consentiremos la condici\u00f3n de tr\u00e1nsfugas sin motosierra, escapando de un universo de hijos de perra que buscan matices en momentos donde un balazo no requiere de sutilezas. Una petici\u00f3n de Devon demanda arrojo, lanzarse a la jungla del desafuero, abrazar la comarca propuesta por E. T. A. Hoffmann en<em> El ni\u00f1o extra\u00f1o<\/em>. Sean fieles al cr\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tras <em>The Leading Man <\/em>(1996), Duigan regresa a las barricadas de producci\u00f3n inglesa cambiando radicalmente el campo de acci\u00f3n. All\u00ed, un Londres cuyo paisaje era escamoteado en favor del drama sat\u00edrico concentrado en pulsiones maritales desga\u00f1it\u00e1ndose detr\u00e1s del mobiliario aburguesado y acariciado por un Jon Bon Jovi esperando ir a\u00f1adiendo puntos en su salseo primordial, caradura cursi con facilidad en el arte del morreo. Un a\u00f1o despu\u00e9s, Trent y Devon enmarcan su <em>amiti\u00e9 fou<\/em> invocando memorias de hace cuarenta y siete abriles, en esa Guerra de Corea de la que a\u00fan no hemos aprendido a quemar la maldita bandera, mejor dicho, o como expresar\u00eda otro, el <em>derecho<\/em> a quemar la maldita bandera, si no, \u00bfpara qu\u00e9 tuvo lugar la batalla? Las cosas siguen igual en el l\u00edmite de la d\u00e9cada confusa que acoge a Duigan filmando, lo escuchamos en las noticias de una televisi\u00f3n espantosamente colocada a bordo de una parrillada-mitin encubierto: cuantos m\u00e1s invitados mayor ser\u00e1 la posibilidad de Morton, el pap\u00e1 de la cr\u00eda, en lo que respecta a hacerse un hueco prominente en la Junta del Condado. Vende galletitas, hija de mi estirpe, sonr\u00ede, tu cara es la pianola puesta al d\u00eda. Desde mitad del siglo XIX hasta hoy no ha dejado de refinarse la patente inicial, signific\u00e1ndose en centenares de sucesos de la vida cotidiana continental, todos la reclaman, y apremian la urgencia, cual herencia vitalicia, de figurar en el largo listado confirmando una ligera variaci\u00f3n al troquel. As\u00ed ha vuelto en jirones lo que tanto gusta a los sentimentales yanquis,<em> entitlement<\/em>, dengue, los soldados que han ido a Irak sienten la necesidad de llamar a mam\u00e1 en cuanto se les retira la carabina, un linaje empobrecido progresivamente, lejos del <em>aqu\u00ed te pillo<\/em> capaz de ocasionar, en cualquier momento en una soleada tarde, el embrutecimiento presto de un subsahariano traspasando con el dedo \u2500Trent lo hace con Sean\u2500 un agujero en la camiseta cara ensamblada al cuerpo cobarde de un biennacido.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-2.png\" alt=\"Lawn Dogs John Duigan 2\" width=\"718\" height=\"389\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4214\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-2.png 718w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-2-300x163.png 300w\" sizes=\"(max-width: 718px) 100vw, 718px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">El padre de Trent reflexiona de esta forma, ah\u00ed est\u00e1 la semilla de la actual mojigater\u00eda poblando los nosecuantos \u00faltimos cuatros de julio. Solo le falta sonarse los mocos en la bandera, y en cierto modo da algo de pena, no le quitamos un \u00e1pice de verdad, aferrado a su trozo de tela, lo \u00fanico que la naci\u00f3n, seg\u00fan \u00e9l, cree haberle regalado, nombres en el muro de los futuros difuntos, h\u00e9roes sin tumba. A\u00f1os antes los lloraba iracundo el doctor de <em>Route One Usa<\/em> (Robert Kramer, 1989). Esto no concierne a Devon, y a Trent directamente le espanta. Buen hijo, sigue donando una porci\u00f3n de su sueldo a sus progenitores. Al salir de la casa familiar, las barras y estrellas ondean al viento sostenidas por nuestra chiquilla desde la ventanilla del veh\u00edculo, acabando por soltarse, yendo a parar sobre el cemento de la carretera. Duigan entiende que este arrastre de la brisa no constituye un escupitajo sobre la triste memoria del soldado moribundo, desgastado por raciones gubernamentales de queso enlatado lleno de bacterias; con los a\u00f1os, esto ha sido el detonante de la decadencia en el linaje. Se conmina al espectador a ponderar cu\u00e1l es el semblante del <em>verdadero americano<\/em>. Retorno de la pianola rota, de las notas emborronadas por la mala tinta de Truman. Si cuando suena Dylan aqu\u00ed llegamos a conmovernos y a m\u00ednimamente entender el drama del americano medio, haremos los honores a la larga tradici\u00f3n de extranjeros que, desde fuera, han emigrado espiritualmente a este continente de tanta grandeza mancillada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mezcla de cuentito y reflexi\u00f3n encandilada esta peque\u00f1a pel\u00edcula. Unica Z\u00fcrn y <em>american girls<\/em>. De las cenizas de la patente surge el sonido mercurial, la m\u00fasica, y de ah\u00ed va dejando descendientes como cantos rodados. Springsteen es uno de ellos, y as\u00ed lo danzan Trent y Devon, Devon y Trent, s\u00ed,<em> Dancing in the Dark<\/em>, sobre la capota del coche, en el contraplano el padre y el alguacil. El paisaje sonoro reclama excitaci\u00f3n moment\u00e1nea al ritmo del<em> country <\/em>m\u00e1s llano de Dwight Yoakam, las ruedas del motor y los caminos de grava, salto mortal al r\u00edo, Trent lo goza, detiene el tr\u00e1fico, suenan las melosas guitarras el\u00e9ctricas, aqu\u00ed el americano encuentra su natural redenci\u00f3n, bajo el influjo de las ondas ladean barras y estrellas, s\u00ed de nuevo, en este breve momento del tiempo en el que nos lanzamos a la carretera del trueno. Y luego una \u00f3pera estrafalaria, dislocada, a cargo de la directora de orquesta Devon, musicaliza la t\u00e9trica fritura de unos pollos robados, pronto ejecutados. Tambores que resuenan desde el mism\u00edsimo centro de la tierra. Tal cantidad de tonos y humores s\u00f3nicos har\u00edan reclinarse a Tom Waits en su s\u00f3tano. Pero no podr\u00edan actuar de otra manera los nativos con el semblante de la emancipaci\u00f3n bajo las cicatrices que los acu\u00f1an. Reclaman <em>su<\/em> Am\u00e9rica, salida moment\u00e1nea de la veranda, del porche, asomo del rifle. \u00abLos hombres<em> tienen<\/em> casas, pero <em>son<\/em> verandas\u00bb. El filme ve a la pareja peculiar adentrarse en la espesura del Far West, a\u00f1os m\u00e1s tarde, deber\u00e1n volver al hogar durante unos meses, encontrarse consigo mismos. Mientras tanto, permanecer\u00e1n sobreviviendo a medio camino entre el desierto y las esencias que les son propias.<\/p>\n<p><strong>ANEXOS<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00abEstoy sentada aqu\u00ed, en el zigurat, sabiendo que bail\u00e9 porque era la \u00fanica manera de matar a otro maniqu\u00ed, cuyo nombre era \u201cSigo siendo bastante atractiva y morir\u00e9 si no consigo algo de amor humano. Todos necesitamos amor, no importa la edad que tengamos. Adem\u00e1s, si bailo lo bastante r\u00e1pido, quiz\u00e1 incluso pueda liberarme de los Observadores\u201d\u00bb.<\/p>\n<p><em>Mi madre es una vaca<\/em>, Leonora Carrington<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-3.png\" alt=\"Lawn Dogs John Duigan 3\" width=\"718\" height=\"389\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4215\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-3.png 718w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-3-300x163.png 300w\" sizes=\"(max-width: 718px) 100vw, 718px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00abdetr\u00e1s de las caras de la gente, a espaldas de cada porche, millares de casas perfectamente ordenadas, y vac\u00edas, piensa en el aire, en su interior, los colores, los objetos, la luz cambiante, todo lo que ocurre para nadie, lugares hu\u00e9rfanos, cuando podr\u00edan ser LOS LUGARES, los \u00fanicos verdaderos, pero ese curioso urbanismo del destino los ha concebido como los agujeros de la carcoma, cavidades abandonadas bajo la superficie de la conciencia, si piensas en eso, qu\u00e9 misterio, qu\u00e9 ha sido de ellos, de los lugares verdaderos, de mi lugar verdadero, d\u00f3nde he ido YO a parar mientras estaba aqu\u00ed defendi\u00e9ndome, \u00bfnunca se te ha ocurrido pregunt\u00e1rtelo?, \u00bfqui\u00e9n sabe c\u00f3mo estoy YO?, mientras est\u00e1s balance\u00e1ndote ah\u00ed, reparando trozos de tejado, sacando brillo a tu rifle, saludando a los que pasan, de repente, te viene a la cabeza esa pregunta, \u00bfqui\u00e9n sabe c\u00f3mo estoy YO?, s\u00f3lo quisiera saber eso, \u00bfc\u00f3mo estoy YO? \u00bfAlguien sabe si estoy bien, o viejo, alguien sabe si estoy VIVO?\u00bb<\/p>\n<p><em>City<\/em>, Alessandro Baricco<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-4.png\" alt=\"Lawn Dogs John Duigan 4\" width=\"718\" height=\"389\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4216\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-4.png 718w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-4-300x163.png 300w\" sizes=\"(max-width: 718px) 100vw, 718px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00abAs\u00ed que, aunque no soy americano, ni ya muy joven, odio los coches y puedo comprender por qu\u00e9 tanta gente encuentra a Springsteen histri\u00f3nico y grandilocuente (pero no por qu\u00e9 lo encuentran machista o patriotero o tonto: este tipo de juicios ignorantes ha atormentado a Springsteen durante la mayor parte de su carrera, y provienen de unos listos que en realidad son mucho m\u00e1s tontos de lo que \u00e9l ha sido jam\u00e1s), \u00abThunder Road\u00bb logra de alguna forma hablar por m\u00ed. Esto es, en parte \u2013y quiz\u00e1s para mi bochorno\u2013, porque un mont\u00f3n de canciones de Springsteen de ese per\u00edodo hablan de hacerse famoso, o por lo menos de alcanzar cierto reconocimiento p\u00fablico por medio del arte: si el \u00faltimo verso de la canci\u00f3n dice \u00abMe largo de aqu\u00ed para vencer\u00bb, \u00bfqu\u00e9 otra cosa podemos pensar salvo que ha vencido, simplemente gracias a cantar la canci\u00f3n, noche tras noche, ante una cantidad de gente cada vez mayor? (Y \u00bfqu\u00e9 otra cosa tenemos que pensar cuando en \u00abRosalita\u00bb canta, con inocente, gracioso, conmovedor regocijo \u00abque la compa\u00f1\u00eda de discos, Rosie, acaba de darme un gran anticipo\u00bb?) Este sue\u00f1o de la fama nunca es objetable ni repelente, porque procede de una impaciencia, un ansia art\u00edstica incontrolable \u2013sabe que le sobra talento y parece sugerir que la recompensa adecuada para eso ser\u00edan los medios financieros que lo satisfagan\u2013, m\u00e1s que del inter\u00e9s por la celebridad en s\u00ed misma. Presentar un concurso de televisi\u00f3n o asesinar al presidente no calmar\u00eda para nada esa comez\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p><em>31 Songs<\/em>, Nick Hornby<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-5.png\" alt=\"Lawn Dogs John Duigan 5\" width=\"718\" height=\"389\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4217\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-5.png 718w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Lawn-Dogs-John-Duigan-5-300x163.png 300w\" sizes=\"(max-width: 718px) 100vw, 718px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESPECIAL JOHN DUIGAN Lawn Dogs (1997) Winter of Our Dreams (1981) John Duigan y Winter of Our Dreams \u2013 Entrevista Romero: Dos visiones Careless Love (2012) Lawn Dogs (John Duigan, 1997) La amistad que enraiz\u00e1ndose<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26,367],"tags":[647,175,662,601,648,661,162,98,571,663,664],"class_list":["post-3809","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criticas","category-revista","tag-647","tag-alan-rudolph","tag-catherine-binet","tag-john-duigan","tag-lawn-dogs","tag-les-jeux-de-la-comtesse-dolingen-de-gratz","tag-reino-unido","tag-robert-kramer","tag-route-one-usa","tag-sirens","tag-the-leading-man"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3809"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3809"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3809\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4527,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3809\/revisions\/4527"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3809"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3809"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3809"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}