{"id":3944,"date":"2022-07-20T09:00:47","date_gmt":"2022-07-20T09:00:47","guid":{"rendered":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3944"},"modified":"2022-07-30T18:49:10","modified_gmt":"2022-07-30T18:49:10","slug":"perdona-mis-palabras-descuidadas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3944","title":{"rendered":"PERDONA MIS PALABRAS DESCUIDADAS"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Variation<\/em> [<em>Hens\u00f4kyoku<\/em>] (K\u00f4 Nakahira, 1976)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-1.png\" alt=\"Variation K\u00f4 Nakahira 1\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3945\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-1.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-1-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-1-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-1-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-1-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>S\u00f3lo falta que alguno de los dos pronuncie una palabra completa para que de esta alcoba huya r\u00e1pida la aventura y entre en ella de nuevo la ceniza.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><em>Sara<\/em>, extra\u00eddo de <em>Lugar siniestro este mundo, caballeros<\/em>, F\u00e9lix Grande<\/p>\n<p align=\"justify\">Mejor mantener los labios bien cerrados a la hora de mermar la historia de las formas. Este verano hemos vuelto a aprender la lecci\u00f3n cuando, tras otra madrugada esperando alg\u00fan tipo de milagro, nos topamos con la cristalizaci\u00f3n en retah\u00edla de esos breves resoles emitidos por el cuerpo al verse colmado o despose\u00eddo entrando en contacto con los l\u00edmites que su propio placer le puede proporcionar. Una turista japonesa, antigua colegiala anarquizada, se ve cercada de sombras, desligada del curso natural de la narraci\u00f3n e inmovilizada en el vivero de la noche que la sume, una expedici\u00f3n tur\u00edstica con aquello que la viajera en secreto anhela, el contacto con la brutalidad del espacio que desposee, el flujo de las horas subvertido, efundida en el marjal vacacional, encuentra instancias de minutero, acontecimientos que la sobrepasan, vastedad de una semana cargada de emociones destrozando el caudal, no sabe c\u00f3mo lidiar, la mujer juega a despistar, lejos de su marido en este periodo, disfruta por primera vez desnud\u00e1ndose enfrente de la se\u00f1ora que la observa desde la casa al otro lado de la acera, sienta bien, luego tiene fiebre, necesita pa\u00f1os sobre la frente, caen l\u00e1grimas por su cara a la m\u00ednima, suspira, ve a un ni\u00f1o andr\u00f3gino darse placer entre el centeno, una an\u00e9cdota m\u00e1s en el asueto, pero no olvida, y luego de cambiar de tac\u00f3n, combatir con el pasado que no quiere pero s\u00ed desea ver volver, intentar revertir el presente, ver aviones de reacci\u00f3n despegar porque resulta er\u00f3tico, un faro insistente como tel\u00f3n de fondo a miedos de treinta\u00f1era, luego, dec\u00edamos, cuando llega el naufragio completo en el orgasmo, el placer que arropa y entenebrece, sabe que es cuesti\u00f3n de horas para que el viaje, y todo lo que en \u00e9l <em>tiende a la eternidad<\/em>, d\u00e9 fin, y de ah\u00ed vuelta a las luchas pol\u00edticas, relaciones, placer y vida exang\u00fce que ella recuerda de sobra. En el viaje, la banal subsistencia pret\u00e9rita perfecta puede evocarse en una ducha de mal piso alquilado y, debajo de la alcachofa, mientras relatamos los aburridos infortunios del ayer, con la mente en el ma\u00f1ana, tenemos una fugitiva sensaci\u00f3n, quiz\u00e1 ya no volvamos a ellos, la posibilidad de que este viaje los anule y adi\u00f3s. Ah\u00ed salimos a la calle francesa y contemplando peatones desconocidos, tenderos, juventud, ancianidad\u2026 las ganas de partir en nomadismo de no retorno, pugnaces, se dan de bruces en rondas interminables con un paisaje que no logramos aprehender ni la mitad. No hay ansiedad m\u00e1s hermosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La Kyoko Oze de 1955 regresa a nosotros en fotograf\u00edas discontinuas. Si duran tan poco como para quedarnos con la avidez de verlas mejor, llegan a doler. Hasta ese momento, su misi\u00f3n vitalicia la un\u00eda en virtud de camarada a Juz\u00f4 Morii, movimientos pol\u00edticos estudiantiles de los cuales el cine japon\u00e9s hizo buen acopio, desafiando en inteligencia pol\u00edtica, medios, al cine europeo, e incluso en irremediable visi\u00f3n de ep\u00edlogo del conjunto de luchas que en el entonces tiempo presente se desarrollaban. Bajo la compa\u00f1\u00eda de producci\u00f3n Art Theatre Guild, estas revueltas fueron registradas, papeles colgados incitando a la siguiente barricada, lazos ef\u00edmeros entre dos personas que poco sab\u00edan de la intimidad ajena, el momento apremiaba, ni se cruzaba por las cabezas de Kyoko y Juz\u00f4 la fantas\u00eda curiosona de saber c\u00f3mo se mueven sin ropa espalda, trasero, hoyuelos de Venus que podr\u00edan inspirar y redirigir la hoja de ruta de alg\u00fan que otro alzamiento. Han pasado diecisiete a\u00f1os, y ahora la mujer vive una existencia apacible, en apariencia, claro, caminando por las calles de Par\u00eds se le rompe la aguja del tac\u00f3n \u2500confirmamos altivos la sospecha: un tac\u00f3n roto al comienzo de una historia augura una ficci\u00f3n de altura\u2500, va cojeando calle abajo, bebe tres copas de co\u00f1ac en la extensi\u00f3n de un resuello; ex\u00e1nime, cumpliendo con las formalidades, <em>lleva ya dos o tres a\u00f1os<\/em> tomando pastillas que no la duermen pero la hacen eliminar los malos pensamientos. Se produce, claro, el reencuentro con Juz\u00f4, ahora fugitivo internacional, trabajando en nombre de una dudosa organizaci\u00f3n aglutinadora de varias rebeliones \u2500Black Panthers, Ej\u00e9rcito por la Liberaci\u00f3n de Palestina, nacionalismo surtirol\u00e9s, Frente de Liberaci\u00f3n de Quebec, grupos argelinos\u2500, sin embargo, el asunto empez\u00f3 en la escuela, otra vez, repartiendo boletines. Ya no, el recreo ha terminado, la cosa es a vida o muerte, y la mortalidad es la certeza que le queda, ap\u00e1trida vagabundo autoexiliado,<em> lleva ya dos o tres a\u00f1os<\/em> incapaz de hacer el amor. Juntos, entrometen sus fauces en la semana que acabar\u00e1 por separarlos, un viaje bordeando la frontera franco-italiana, rozando San Remo, instalados en Menton, festival de m\u00fasica con varios nombres insignes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Hens\u00f4kyoku<\/em> queda a\u00fan lejos de los filmes ATG de j\u00f3venes con algunas ligeras inquietudes sobre su entorno, intuiciones no fructificadas y dilemas morales en apariencia bastante livianos y quebradizos, caso de <em>Have You Seen the Barefoot God?<\/em> [<em>Kimi wa hadashi no kami wo mitaka<\/em>] (Soo-Kil Kim, 1986). Su existencia a mediados de los 70 tampoco lo emparenta bajo modo substancial alguno en variantes de <em>softcore<\/em> que la naci\u00f3n nipona se vio abocada a filmar tras una desastrosa virada a nivel industrial. Los planos del filme subyacen con una materialidad de colores centelleando en el barullo del registro que tanto obsesionaba a la cinefilia, mas su concentraci\u00f3n devocional en caprichosos arrebatos del revuelo ontol\u00f3gico ubicado en el centro de un \u00e1rea tur\u00edstica inopinada nos trae a la cabeza la tradici\u00f3n experimental norteamericana, coet\u00e1nea, no por ambici\u00f3n estructural ni etiqueta estricta sino porque, en esencia, lo que recordamos de sus momentos de donaire evoca texturas, oleadas de entretantos, una ficci\u00f3n que se desenreda casi por intuici\u00f3n de linterna, \u00bfa d\u00f3nde iluminar en el negro, entre el grano? La c\u00e1mara circula coja y borracha en pan\u00f3ramicas rupestres y desenfoques, o pasos a negro cuya sensibilidad r\u00edtmica la maneja Nakahira en la apariencia de compases de espera circundados por alarmas, nos reclaman los signos de un desequilibrio trotamundos deca\u00eddo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kyoko, semiconsciente de sus querencias lidiando con el <em>\u00e9ntheos<\/em>, requiere un filme desapegado de los torpes tropiezos de ansia sexual del <em>roman poruno<\/em>, retozos inacabables pendiendo del hilo de una percepci\u00f3n degustando, en el mejor de los casos, el manejo inteligente de estos pasos en falso. Siete d\u00edas, Kyoko, siete d\u00edas, te muestras caprichosa, niegas la satisfacci\u00f3n ajena, tus devaneos son inciertos, ad\u00f3nde llevan tus giros de opereta, haces resaltar la cualidad f\u00fatil y gloriosa del mobiliario que te circunda, contrasentido del que no queremos huir, tus pies volver\u00e1n a cojear tras amartelarse en un baile de parejas trivial\u00edsimo, pero en el que te dejas levantar la pierna derecha mientras domina la tr\u00e1nsfuga exaltaci\u00f3n sexual. Comunicar luego el motivo de la cojera ser\u00e1 medianamente satisfactorio. El viaje de la hero\u00edna de Nakahira la lleva desde el falso desentendimiento hasta una mirada melodrama Sirk extra\u00f1os cuando nos conocemos, amante que se va, un coche se lo lleva, lluvia sobre Par\u00eds, 19 grados, ella tiene fr\u00edo, bata blanca, le falta un candelabro. La canci\u00f3n que llev\u00e1bamos escuchando el resto del filme comienza a herirnos un poco. Antes de la estampa final, Kyoko urgi\u00f3 dejarse corromper, corromper ella misma, probar los efectos del desnudo voluntario o del obligado, estar sin prendas, sentada, de pie, y ver traspasar en ella el conjunto de achaques masculinos que la anhelan m\u00e1s o menos carnalmente. Estas variaciones de escenas no se relacionan con una pulsi\u00f3n esc\u00f3pica o juego superficial con el espectador, olvid\u00e9monos de eso, Nakahira quiere llegar al plano, corte, que d\u00e9 una idea concreta, a punto de emigrar pero fructificando, en unos segundos que bien podr\u00edan formar un bucle de pensiles dramatizaciones tangibles. La mirada s\u00fabita a una pareja practicando diversas posturas salvajemente, sin melindres, se funde en la mente de la mujer con la<em> suite<\/em> n\u00famero 5 de Bach en C menor tocada por Rostrop\u00f3vich al lado de la iglesia de Saint Michel. Desde un balc\u00f3n, el deslizamiento de sus nuevos tacones conforma una de las im\u00e1genes m\u00e1s longevas en su concreci\u00f3n de cambio ladino que el cine ha ofrecido al siglo. Kyoko viajando, desacralizaci\u00f3n insaciable de un abandono compartido.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-2.png\" alt=\"Variation K\u00f4 Nakahira 2\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3946\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-2.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-2-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-2-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-2-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-2-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-3.png\" alt=\"Variation K\u00f4 Nakahira 3\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3947\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-3.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-3-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-3-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-3-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-3-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Juz\u00f4 vuelve al peligro que lo avasalla, la dichosa organizaci\u00f3n, tan paranoica que ni comenzar\u00e1 a creer el motivo de la ausencia del miembro, al que vemos fallecer en el primer plano del filme, su destino sellado, no su traici\u00f3n, un reto que parece superar sin mayor complicaci\u00f3n, denigrar la causa porque s\u00ed, si no podemos derribar la entereza de nuestras certidumbres en la cama con una mujer equitativa que nos pide decir \u201ctodo en lo que creo es falso\u201d, no seremos dignos de alcanzar ning\u00fan ideal ut\u00f3pico. El amor en <em>Hens\u00f4kyoku<\/em> ve probadas sus lealtades con estos juegos, no es poca broma, diecisiete a\u00f1os de castidad revolucionaria dejan las normas conyugales en un desuso peligroso. La misi\u00f3n invisible del hombre cualifica sentir ese <em>perenne recomenzar<\/em> del que hablaba Pavese, con nuestra pareja, socia, compa\u00f1era de trayecto, sin el cual estaremos malhadados a seguir actuando como necios. Camisetas m\u00e1s coloridas cuando Niza se acerca, volver a poner en pr\u00e1ctica la seducci\u00f3n aunque no sirva para gran cosa, pero el empuje vacacional termina por reconectar a Juz\u00f4 con las frases que, pronunciadas de su boca, hacen sentir a Kyoko <em>espl\u00e9ndida<\/em>. Y aun con esto seguir\u00e1 volviendo el recuerdo del deber, la precariedad sentimental que lo llevaba anegando casi dos d\u00e9cadas. Conviene actuar y desbordarse con la persona querida, v\u00e1yanse o no los malditos demonios. Ah\u00ed termina \u00e9l, y ya es algo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco m\u00e1s, los amantes estaban condenados desde el principio. La revisitaci\u00f3n por los motivos de sus ritos esta vez ha sido expuesta ante el mareante sobrevenir del viajero: en sus clarividencias, forma una especie de enteoman\u00eda pagana, aqu\u00ed capturada en ingravidez de v\u00e9rtigo.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-4.png\" alt=\"Variation K\u00f4 Nakahira 4\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3948\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-4.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-4-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-4-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-4-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Variation-Ko-Nakahira-4-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p><em>A Horacio Mart\u00edn<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Variation [Hens\u00f4kyoku] (K\u00f4 Nakahira, 1976) S\u00f3lo falta que alguno de los dos pronuncie una palabra completa para que de esta alcoba huya r\u00e1pida la aventura y entre en ella de nuevo la ceniza. 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