{"id":4245,"date":"2022-09-10T09:00:01","date_gmt":"2022-09-10T09:00:01","guid":{"rendered":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4245"},"modified":"2024-09-16T21:42:56","modified_gmt":"2024-09-16T21:42:56","slug":"catarsis-digital-borde-de-la-ciudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4245","title":{"rendered":"CATARSIS DIGITAL, BORDE DE LA CIUDAD"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Mulher Oceano <\/em><\/strong><strong>(Djin Sganzerla, 2020)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-1.png\" alt=\"Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-1\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4248\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-1.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-1-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-1-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-1-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><em>Quero amor, quero ard\u00eancia! A ti me exponho.<br \/>\n<\/em><em>Ver\u00e3o, sou toda fecundidade!<br \/>\n<\/em><em>\u2013 O calor me penetra, o Sol me invade<br \/>\n<\/em><em>o senso,<br \/>\n<\/em><em>e tudo em torno a mim se torna mais extenso,<br \/>\n<\/em><em>tudo em que os olhos ponho:<br \/>\n<\/em><em>o c\u00e9u, o oceano, a mata&#8230;<br \/>\n<\/em><em>E enquanto em gesta\u00e7\u00e3o a Terra se dilata,<br \/>\n<\/em><em>Dilata-se minha alma \u00e0 gesta\u00e7\u00e3o do Sonho.<\/em><\/p>\n<p><em>Ver\u00e3o<\/em>, Gilka Machado<\/p>\n<p align=\"justify\">Uno de los movimientos privilegiados de la existencia cin\u00e9fila consiste en el rebote, en rebotar de un filme a otro \u2500entrenarse para ello. Suelo querer ver m\u00e1s de este cineasta que acabo de descubrir, pero a veces tambi\u00e9n quiero ver m\u00e1s de esta actriz, o m\u00e1s guiones as\u00ed, m\u00e1s montajes acompasados as\u00ed, porque me templan el alma, quiz\u00e1 hoy apetezco otra vez de espacios cuya luz sea modulada con aquellos irisados tonos, como los que ostentaba el filme supremo con el que llor\u00e9 ayer noche\u2026 Comenzamos entonces a trasquilar entre bases de datos, y a veces nos encontramos exclamando: \u00ab\u00a1Pero si<strong> Yoshiyuki Okuhara<\/strong>, el montador de <em>Sweet Little Lies <\/em>(Hitoshi Yazaki, 2010), lo fue tambi\u00e9n de hasta cuatro filmes de Shinji S\u00f4mai en la segunda mitad de su carrera!\u00bb o \u00ab\u00a1Hala! As\u00ed que <strong>Y\u00fbji Ohshige<\/strong>, el comontador de <em>Somebody&#8217;s Xylophone <\/em>(Y\u00f4ichi Higashi, 2016), lo fue tambi\u00e9n de <em>Prisoner\/Terrorist<\/em> (Masao Adachi, 2007), qu\u00e9 interesante\u2026\u00bb. Vuelta a recomenzar la relaci\u00f3n de nombres, confluencias, solitarios trabajos de inferencia, creeremos haber oteado atravesamientos singulares, l\u00edneas de demarcaci\u00f3n, y es que \u00ab\u00bfacaso soy <em>el \u00fanico<\/em> que se ha fijado en <em>esto<\/em>?\u00bb. Otras veces, quiz\u00e1 porque el olfato se encuentra ya entrenado, buscaremos un nombre preciso por intuici\u00f3n, y acertaremos. Rara vez, pero alguna acertaremos. Y cada vez acertaremos m\u00e1s, hecho improbable que probablemente se explique porque en nuestro enajenamiento con las im\u00e1genes en movimiento se produce un efecto bicondicional, inevitable al expandir onda, y es que nos interesan cada vez m\u00e1s parcelas del cine, al mismo tiempo que vamos encontrando otras poco a poco m\u00e1s carentes de certeros auspicios con los que sentir m\u00e1s ampliamente el mundo, es decir, filmes plenos de <em>confirmaciones <\/em>perceptivas. Llegamos a un punto en que nos <em>interesa<\/em> mucho <em>casi todo<\/em>. Ampliamos el per\u00edmetro si con ello conseguimos ir cerrando las puertas del cari\u00f1o, eliminar el displacer, ser menos jerem\u00edas. Es lo que nos ocurri\u00f3 al leer el nombre de <strong>Djin Sganzerla<\/strong> mientras repas\u00e1bamos los cr\u00e9ditos iniciales de <em>Falsa loura <\/em>(Carlos Reichenbach, 2007), \u00ab\u00bfSer\u00eda esta \u201cDjin\u201d la hija del m\u00edtico cineasta brasile\u00f1o <strong>Rog\u00e9rio Sganzerla<\/strong>?\u00bb, \u00ab\u00bfC\u00f3mo no hab\u00edamos le\u00eddo antes el nombre de la actriz que interpreta a Briducha?\u00bb, \u00ab\u00a1Qu\u00e9 me dices! Aparte de actriz, \u00bfes asimismo directora de cine?\u00bb, sobre este filme suyo de <em>Mulher Oceano <\/em>(2020) no conoc\u00edamos, y eso que viene siendo bastante reciente\u2026 ofrezc\u00e1monos entonces a \u00e9l \u2500ya que tanto debemos al cine de <strong>Carlos Reichenbach<\/strong> y a sus desviaciones\u2500 con las compuertas de los ojos muy abiertas. A ver qu\u00e9 ocurre. Vista la obra, es inevitable retrotraernos a la familia Sganzerla, \u00ednclito linaje de cine brasile\u00f1o, desde los filmes seminales del padre labrando el camino del m\u00e1s radical Cinema Novo, mano a mano con <strong>Helena Ignez<\/strong> \u2500luego directora por derecho propio, implicando en el proceso a Djin\u2500. Un rico \u00e1rbol geneal\u00f3gico donde cabe otra hermana, <strong>Sinai Sganzerla<\/strong>, las tres mujeres hablar\u00e1n del esposo y padre con un respeto ancestral, alg\u00fan aforismo suyo decorar\u00e1 el hogar familiar \u2500<em>Fogo Baixo, Alto Astral <\/em>(Ignez, 2020): &#8220;Cinema \u00e9 inquieta\u00e7\u00e3o, movimento interior, rela\u00e7\u00e3o interna entre os personagens&#8221;\u2500. El recuerdo del rodaje de <em>O Signo do Caos <\/em>(Sganzerla padre, 2005), con el progenitor al borde de la muerte a causa de un maldito c\u00e1ncer, provocar\u00e1 en Djin una emoci\u00f3n acuciante, emp\u00e1tica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadie esperaba, sin embargo, que mediante dicho azar electivo topar\u00edamos con el filme que albergaba el mejor trabajo de fotograf\u00eda digital del presente siglo. Hasta ahora, pens\u00e1bamos que la dupla <strong>Hitoshi Yazaki<\/strong> (direcci\u00f3n) \u2500 <strong>Ishao Ishii<\/strong> (fotograf\u00eda) eran el exponente m\u00e1ximo del peso espaciotemporal que puede llegar a imprimirse en una imagen digital por la luz trabajada. Observamos que en los filmes digitales de Yazaki la fotograf\u00eda necesita, para triunfar soberanamente, de una disposici\u00f3n muy di\u00e1fana de los medios de rodaje, de una idoneidad material muy clara, incluso a nivel de trabajo actoral, empezando el director por haber instanciado escrupulosamente el <em>d\u00e9coupage<\/em>, acabando por concebir la vida concreta de cada plano como un peque\u00f1o recorrido estacionario con un principio y un final, trayecto sentimentalmente captable por el receptor, por el tiempo de sus ojos: solo as\u00ed adquiere un sentido total la cuidadosa labor que realiza Ishao Ishii, fot\u00f3metro viviente cuyos dones de rango mutable sabemos pueden ir desde la delicada excelencia celuloidal de <em>Sweet Little Lies <\/em>a un digital oscilante, dubitativo, c\u00e1mara al hombro, en el explorativo <em>Still Life of Memories <\/em>(2018). Al igual que en los mencionados filmes de la dupla japonesa, en <em>Mulher Oceano <\/em>resulta dif\u00edcil distinguir hasta cu\u00e1nto se solapan, aparejan, las tareas del cineasta y las del director de fotograf\u00eda, en este caso <strong>Andr\u00e9 Guerreiro Lopes<\/strong>, a la vez operador de c\u00e1mara realizando una labor fundamental de puesta en cuadro, tambi\u00e9n compa\u00f1ero habitual en el tr\u00e1nsito f\u00edlmico de la cineasta. Djin Sganzerla dirige, guioniza, produce, localiza y act\u00faa, en la di\u00e9gesis encarna a las dos protagonistas, Hannah Visser y Ana Bittencourt, as\u00ed que en el rodaje comprendido como proceso podemos afirmar que acarre\u00f3 las tareas de decenas. Es l\u00edcito hipotetizar, entonces, que el trabajo fotogr\u00e1fico sea delegado, por conveniencia, en manos h\u00e1biles: en el momento de filmaci\u00f3n, la directora est\u00e1 actuando frente a la c\u00e1mara, dirigi\u00e9ndose a s\u00ed misma. Como pura idea, <em>Mulher Oceano <\/em>pasa por ser un filme de aquellos prestos a entregarse, y a entregarnos, a sensaciones totalizadoras; se nos presenta sumergido en la psicosis tenue de una escritora con habitaci\u00f3n propia que siente una fijeza en ocasiones catat\u00f3nica con el mar. Y es que lo diremos, estamos cansados de esas pel\u00edculas autorales que intuimos albergan una monoforma, un monotono, que se entregan a <em>una visi\u00f3n<\/em>, s\u00ed, al menos hay una mirada, pero se trata de una mirada acorazada, absorbente, aprior\u00edstica, visi\u00f3n-c\u00e9ntrica, de aristas claras, usualmente, pausada, que buscando impregnar tan bestialmente el mundo material este deja de percibirse hasta su \u00faltimo tinte como <em>realidad aparente<\/em>,<em> sentido com\u00fan<\/em>, etc. En <em>Mulher Oceano<\/em> esto no ocurre, pues desde el inicio la realidad psicol\u00f3gica se comercia y entromete como contrapeso al mundo material sin tentar subyugarlo, produci\u00e9ndose un desposeimiento doble. Mis ojos instintivamente rechazan, en los filmes de sensaci\u00f3n totalizadora, los encadenamientos de secuencias donde todo se mueve al mismo ritmo, en escenas, entre secuencias y dentro del cuadro de la misma imagen. Se nos vienen muchos filmes a la cabeza. En cambio, en el filme de Sganzerla vemos a la mujer esperar, pasear en las nutridas calles de Tokio, su cuerpo acu\u00e1tico se negocia como un guijarro en el r\u00edo respecto al tr\u00e1fico vibratorio de la ciudad, la vida que se desarrolla sobre el pavimento es acatada por el cuadro general en sus m\u00faltiples usanzas, tambi\u00e9n sentados con un amigo en la tranquilidad de un parque, pues el cuerpo de Hannah Visser\/Ana Bittencourt est\u00e1 ah\u00ed siempre de modo <em>contextual<\/em>, el aparato nos sujeta a la mujer desde tres, seis metros, suele orillarla hacia una porci\u00f3n del encuadre, contrapone en plano general su figura entera no-centrada con decenas de destinos circulatorios individuales, japoneses a pie, brasile\u00f1os en moto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Inmaculada en una particular convergencia gravitatoria, si bien el ruido y ta\u00f1idos de los pasos subsiste y no los inundan esos zapatos de Hannah, la correlaci\u00f3n del aparato sobre su figura proporciona fuegos inofensivos, bondadosos, delicados, captables. Sopesamos, por aquellos que se sit\u00faen en una onda equivalente a la de la mujer, salir a pasear con los ojos, lanzados a la vibraci\u00f3n de la avenida, plazas, ataviados con una m\u00fasica adosada a los o\u00eddos que casi funciona de tinte supraterrenal enviado desde la mirada de Djin hacia fugacidades sin dramatizar, plenas de sucederes, en humedecido adoquinado nip\u00f3n. Sensitividad liviana retornada a las lentes. Ni\u00f1a generosa, altamente emocionable, no baja el volumen, escapa primero en su mente, luego en detonaci\u00f3n silenciosa hacia un conf\u00edn desenfocado. La cortedad de Hannah encuentra evidente sinceridad sentimental en Ana, su contrapartida fluminense, panspermia luchando por encontrar horizontes de aguas cuyo fin no alcance la vista a delimitar, huyendo s\u00fabita de rezos, padre, compa\u00f1eros, y esas fortalezas mundanas que aprisionan suaves a incluso aquella que sabe transformarse en m\u00fasica. No es suficiente. Ana quiere sentirlo todo. Su dolencia transparenta la agitaci\u00f3n de las olas en un cruce de estaciones, equinoccio encarnado, dispuesta a entregar brazadas y respiraci\u00f3n sobrepasando medallas, numeraciones; salvaci\u00f3n que ansiamos con ella, con una quietud que hasta nos inquieta, profusi\u00f3n femenina de unos ojos que traspasan cada cuerpo observado, lo miran calmos, generosos, y no llega, no, el transitar de los otros no llega, tampoco sabios consejos: la c\u00e1mara, el personaje, desean, casi al borde de la l\u00e1grima, en ocasiones excedi\u00e9ndola, perder pie, mirar al fondo, manteniendo los ojos funcionales, un querer-padecer cincelado en la convivencia durante m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os con aguas filtradas, desatadas, las que fueron dando forma a los contornos y av\u00edos de nuestra particular sirena, oce\u00e1nida mayest\u00e1tica en un c\u00edrculo previo de su recorrido en este planeta que tanto nos quema.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-2.png\" alt=\"Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-2\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4249\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-2.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-2-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-2-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-2-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">En lo atinente al registro callejero, cuando hablamos del empedrado mojado de <em>Mulher Oceano <\/em>como algo ext\u00e1tico, no nos estamos refiriendo a la pr\u00e1ctica de un respeto irreflexivo, fijo, por parte de Djin y su camar\u00f3grafo, ante las manifestaciones duras de la realidad visible, tampoco de una postraci\u00f3n ante la maravilla de c\u00f3mo el m\u00e1gico aparato-cine puede milagrosear, con buenos haceres y paciencia, la vida de una calle captur\u00e1ndola en su mundana contingencia, sino que este modo de paralelizar, por un lado, la tenue psicosis de Hannah Visser con el mar, por el otro, su existencia terrenal como escritora en Tokio + su existencia paralela como Ana Bittencourt en la novela, permite que la materia, el mundo material, de improviso, en cualquier espacio, pueda adem\u00e1s suavemente adquirir una plasticidad l\u00edquida, evocadora, desde un segundo nivel que va arrullando la percepci\u00f3n infraconsciente. Enti\u00e9ndasenos bien, pues nos referimos a meros pero sublimes juegos de escena donde el modo en que se nos aparece el mundo manifiesto, por ejemplo, la manera en que Hannah se mueve con su kimono azul marino ondeando, nos retrotrae (que no simboliza) al oc\u00e9ano como persecuci\u00f3n en olas sin armisticio, como Maelstrom central, o por ejemplo, cuando ella se encuentra entre <em>r\u00edos<\/em> de gente, o por ejemplo, cuando un movimiento de c\u00e1mara que la muestra dudosa en un bar consuma su movimiento reflejando su rostro en una rachola con brillante esmaltado acuoso: la sutil capacidad ilusionista de la realidad material al tenerse el valor de \u2500y la aptitud para\u2500 sumergirla, resaltarla o acuarelarla un tanto. Esta capacidad conjuradora de las escena est\u00e1 escoltada, apoyada, por la introducci\u00f3n <em>entre escenas <\/em>de algunas catatonias perceptivas de Hannah con el mar. Planos cercanos, tirados con teleobjetivo, donde se nos revela el mar en sus distintos momentos de energ\u00eda, azul mecido, activo, m\u00e1s tarde aplacado\u2026 luego remontando unas olas gigantescas que rompen como si cayera una monta\u00f1a. \u00bfAsombros propios del cine primitivo, hoy, con el cine digital? Nos pas\u00f3 con <em>A Cappella <\/em>(Yazaki, 2016), verbigracia, cuando Kyoko acude al encuentro con Wataru en el zool\u00f3gico, entonces vimos a ese elefante al fondo registrado en un digital blindad\u00edsimo, imponente, sojuzgado, y queremos creer que sentimos una fascinaci\u00f3n similar a cuando los primeros espectadores de los pases Lumi\u00e8re vieron por primera vez a un animal cinematografiado rugir, moverse, acechar; escalofr\u00edos as\u00ed de fascinantes recorren nuestra percepci\u00f3n. Con algunas de las secuencias de <em>Mulher Oceano<\/em> nos sucedi\u00f3 similarmente: vemos su modo de encarar la filmaci\u00f3n del agua y meditamos sobre la inquebrantable lealtad que le ten\u00edan a este elemento esencial para la vida \u2500incluida la <em>vida psicol\u00f3gica<\/em>\u2500 cineastas como Jean Rouch, Henri Storck, Joris Ivens\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ser\u00eda desagradecido datar el peque\u00f1o argumento, las peque\u00f1as sorpresas formales, que contiene un filme como <em>Mulher Oceano<\/em>, pues incluso tras verlo, lo que m\u00e1s retendremos es haber sido expuestos a una tentativa regia de hipnotismo sobrenatural. Como dec\u00edamos, y retomando, sobre la fotograf\u00eda y cuadros que establece Andr\u00e9, aqu\u00ed viene lo admirable, porque en los filmes de Yazaki-Ishii observamos que la estable densidad narrativa obedece siempre a un designio program\u00e1tico indestructible, si bien proclive a destensamientos y cambios en su relaci\u00f3n con el registro (no cab\u00eda esperar menos de una trayectoria conjunta atravesando cuatro d\u00e9cadas); en <em>Mulher Oceano<\/em>, por contraste, esta se encuentra variablemente sometida a los cambios de caudal que puede tener un r\u00edo, o a las cotas extremas en que le es leg\u00edtimo encresparse a un mar; este digital parece querer, poder, filmarlo <em>todo<\/em>, se quiere capaz de disolver en su oc\u00e9ano particular cada plano un poco, dej\u00e1ndolo flotar libre tras calarlo otro poco de salitre, procedimiento el cual desemboca en una coherencia fotogr\u00e1fica plena, de remolinos, fundidos, de aguadas cogitaciones. En ocasiones, cuando se filma el mar de cerca, no sabremos decir si el aparato se encuentra sobre tierra firme o meci\u00e9ndose sobre una barca, tal es el mareo ligero que trata de inducirnos la pel\u00edcula, mediante escarceos breves. Basta contemplar un plano secuencia de retroceso que nos muestra a Hannah y a su amigo japon\u00e9s conversando, avanzando de frente, mientras pasean por los callejones tokiotas \u2500donde la mujer, con \u00e9l, se encuentra y muestra m\u00e1s desinhibida, cercana que nunca\u2500, para as\u00ed presentir un vago desvariar sobre encontrarnos fluyendo, junto a ellos, en un afluente nocturno a estas altas horas manso. No hablemos, por favor, de c\u00f3mo en dos planos se sintetiza la humilde estrechez carioca que habita el padre de Hannah, en una c\u00e1lida escena familiar en conexi\u00f3n directa con el m\u00e1s sentido cine brasile\u00f1o proletario, s\u00ed, dejamos ya de hablar, mejor verlo, las palabras adquirir\u00e1n una multiplicaci\u00f3n de sentido al retomarlas habiendo pasado antes por las cosas filmadas. Para terminar (\u00bfpor qu\u00e9 no?), aceptaremos que irrumpa tambi\u00e9n el carnaval y el rito, infusor de ritmos, futuro, asunciones oce\u00e1nicas, retorno a R\u00edo de Janeiro, despu\u00e9s de haber amansado espiritualmente la capital japonesa, tierra natal verdiamarilla, <em>crioula<\/em>, vislumbrada tras la vuelta sin sonrojo ni etnolog\u00eda expositiva-parad\u00f3jico-cr\u00edtica, Hannah necesita de buenos deseos oriundos para cruzar a nado desde Leme al Pontal da Barra; cuando llega el momento de las bendiciones, el filme se encuentra en un grado de chamanismo tal respecto al destino de la mujer que querremos surtirnos de cuanto quiera inundarnos los ojos. Un trance casi dir\u00edamos a cuentagotas de intensidad, cuya cualidad prolija se solidariza con las irresoluciones del car\u00e1cter escindido femenino. Y no se trata de una mecha estableciendo una cuenta atr\u00e1s en una guerra receptiva congruente, mort\u00edfera, confrontadora. Esto \u00faltimo ocurr\u00eda en <em>Longing for the Rain<\/em> (Tian-yi Yang, 2013), ahogo de los cinco sentidos, un proclamar \u201cmaldita sea, el mundo me ha excedido tanto que ya no entiendo ni conozco los rituales a los que he ido a parar\u201d, y de ah\u00ed tornar al principio, a la violencia del cl\u00edmax, aunque sea en la frente del budismo, ordenaci\u00f3n sacerdotal de un culto. En dicho filme, a los ojos no les atacaba el agua, ansiada en silencio, se trataba de una corriente s\u00edsmica progresiva atada a un montaje incesante en pausas, requiebros, recolocaciones, un recogernos para lanzarnos al viento aciago de la desubicaci\u00f3n. Sganzerla conserva, debemos susurrarlo, algo de la visi\u00f3n de conjunto del padre, en cuyos filmes, por momentos, consegu\u00edamos ver en panor\u00e1mica el conjunto de un pa\u00eds, ya fuese a trav\u00e9s del plano secuencia recorriendo los mosquitos y calor sudamericanos, infectados de pobreza y rabia, o retomando al Cristo del Corcovado en uno de los cortometrajes m\u00e1s bellos de los a\u00f1os 80, <em>Brasil<\/em>, lanzado cuando la d\u00e9cada llevaba un a\u00f1o de trayecto rodado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acoplarse al plano as\u00ed como quien no quiere la cosa es cuesti\u00f3n de tedio, callej\u00f3n sin salida, amarrarse al cuadro que se renueva, de la mano, agarraditos, paso a paso, invidentes de bastones infalibles, no nos caemos nunca, y a quienes escriben les gusta tropezar, no ser ciegos sino ver borroso en una gradaci\u00f3n relativa, necesidad de apretar los p\u00e1rpados para avistar un poco m\u00e1s lejos, simulando con los ojos, inconscientes, la expresi\u00f3n de liberaci\u00f3n perteneciente a aquellos que hacen el amor sin coartadas, eso es, el cuadro, el comienzo del plano, nos pilla por sorpresa en los mejores filmes, esto no representa una falta de entendimiento, un reubicarse racional en las coordenadas del planisferio. El filme, los planos, no van por delante nuestra de esa manera altanera, resabida. Estas d\u00e9cimas que se nos pierden y realcanzamos pel\u00edn despu\u00e9s casi ganan el calificativo de imperceptibles, ah\u00ed tambi\u00e9n hallamos los apegos. A las personas que m\u00e1s nos seducen, invitan, marean, les pillamos el gui\u00f1o, la mueca, una vez que ellas nos han atrapado y producido un inevitable retraso incuantificable. Despu\u00e9s de adelantarnos, ya es tarde, nos han prendado: a partir de tan sedoso lanificio ocular se construye el hechizo que nos corresponde, cari\u00f1os que perdieron el paralelismo de sus compases, y ah\u00ed unieron sus melod\u00edas. <em>Mulher Oceano<\/em> hace esto enga\u00f1osamente, creemos al avistar su textura sedosa que Ana y Hannah podr\u00edan constituirse en hermanas de sangre, o lejanas primas segundas, imposible dar cuenta de la filiaci\u00f3n exacta, ambicionando atravesar el puente de la ciudad, pisando la arena de la playa, viendo el mundo caerse encima del porvenir que colmar\u00e1 vacilante tales ansias de luci\u00e9rnaga, bichos encendidos por la luz impactando sobre el Atl\u00e1ntico. Sganzerla esconde m\u00e1s secretos de los que intu\u00edamos al conocer su personalidad desdoblada, y el proceso entonces voltea ya su marcha; aprender a reseguir los signos del que va delante se convierte en un descubrimiento. En nuestras propias irrealidades internas surge una disarmon\u00eda, la de la brasile\u00f1a. Identificada ya, el proceso consistir\u00e1 en atravesar un <em>Hesitation Waltz<\/em>, dos movimientos. Pausa y vacilaci\u00f3n. Ana <em>cre\u00eda que quer\u00eda ser poeta, pero en el fondo quer\u00eda ser poema<\/em>. La danza acu\u00e1tica tiene lugar en ese equ\u00edvoco, por fin aceptado. De este modo, entendiendo nuestra querencia, acogemos la disarmon\u00eda hasta hacerla indistinguible a ojos ajenos. Poca ligaz\u00f3n con la desaparici\u00f3n, la mujer pasa a conformar el tiempo que el resto de paseantes o criaturas marinas deber\u00e1n buscar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La familia Sganzerla parece tener una vocaci\u00f3n de captar en la circulaci\u00f3n de un metraje una panor\u00e1mica, un afligir mapamundi, conjuraciones singulares, canalizadas desde el choque o la placidez m\u00e1s af\u00edn al sur. Pero no llevemos demasiado lejos esta cualidad sosegada, un contraplano en <em>Mulher Oceano <\/em>puede conducirnos f\u00e1cilmente a la condici\u00f3n de tientaparedes, en medio de la playa al incrementarse la brisa o, peor a\u00fan, encallados en Campinas durante un febrero inclemente sin mar, horizonte ni carabelas.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-3.png\" alt=\"Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-3\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4250\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-3.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-3-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-3-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-3-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00abRepito: quero \u00e9 gente, n\u00e3o importa cor, idade, nacionalidade, estado de sanidade mental, burgueses, prolet\u00e1rios, crian\u00e7as, n\u00e3o importa, eu quero \u00e9 gente e gente \u00e9 que \u00e9 importante, o sistema que se foda! Estou tamb\u00e9m bolando &#8220;trocas&#8221; mas sempre h\u00e1 um ritual tribal, a\u00e7\u00e3o e depois nada sobra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Isso n\u00e3o \u00e9 uma carta mas sim um monstruoso v\u00f4mito que, no dizer do Garc\u00eda M\u00e1rquez, atravessaria o Sena, se jogaria no oceano e jorraria da sua torneira. Te beijo muito e muito\u00bb.<\/p>\n<p>Carta de Lygia Clark a H\u00e9lio Oiticica. <em>Par\u00eds. 17.5.1971<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<figure id=\"attachment_4263\" aria-describedby=\"caption-attachment-4263\" style=\"width: 1920px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-4.png\" alt=\"Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-4\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"size-full wp-image-4263\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-4.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-4-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-4-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-4-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Mulher-Oceano-Djin-Sganzerla-2020-4-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-4263\" class=\"wp-caption-text\">Djin con su padre  Rog\u00e9rio Sganzerla<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=REwWg9lx1rE\">Helena Ignez, Sinai Sganzerla e Djin Sganzerla comentam filmes de Rog\u00e9rio Sganzerla | Cinejornal<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mulher Oceano (Djin Sganzerla, 2020) Quero amor, quero ard\u00eancia! A ti me exponho. Ver\u00e3o, sou toda fecundidade! \u2013 O calor me penetra, o Sol me invade o senso, e tudo em torno a mim se<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26,367],"tags":[569,960,251,202,660,654,141,653,652,430,655,659],"class_list":["post-4245","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criticas","category-revista","tag-569","tag-a-cappella-mubanso","tag-brasil","tag-carlos-reichenbach","tag-djin-sganzerla","tag-helena-ignez","tag-hitoshi-yazaki","tag-ishao-ishii","tag-mulher-oceano","tag-rogerio-sganzerla","tag-sinai-sganzerla","tag-tian-yi-yang"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4245"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4245"}],"version-history":[{"count":26,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4245\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5657,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4245\/revisions\/5657"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4245"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4245"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4245"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}