{"id":4269,"date":"2022-09-20T09:00:26","date_gmt":"2022-09-20T09:00:26","guid":{"rendered":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4269"},"modified":"2025-04-06T08:03:33","modified_gmt":"2025-04-06T08:03:33","slug":"latencias-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4269","title":{"rendered":"LATENCIAS II"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=3322\">LATENCIAS I<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=4307\">LATENCIAS III<\/a><\/p>\n<p><strong><em>Drive a Crooked Road<\/em> (Richard Quine, 1954)<\/strong><br \/>\npor <a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?tag=roberto-amaba\">Roberto Amaba<\/a><\/p>\n<p align=\"justify\">Como en tr\u00e1gica correspondencia con los septenarios del Apocalipsis, en el s\u00e9ptimo minuto de <em>La senda equivocada<\/em> (<em>Drive a Crooked Road<\/em>, Richard Quine, 1954) Eddie sostiene una aceitera. Es decir, abre el sello, hace sonar la trompeta, liba y derrama el l\u00edquido de la copa. Igual que en el relato b\u00edblico, los anuncios realizados por estos tres tipos de objetos repartidos en tandas de siete, se inician con una visi\u00f3n de gloria a la que sigue un r\u00edo de cat\u00e1strofes que desemboca en una apoteosis redentora. En el curso, sobre la sucesi\u00f3n de cataclismos que preludian la expiaci\u00f3n, quedar\u00e1n los huesos de la prostituta de Babilonia, la met\u00e1fora femenina que cabalga la bestia de siete cabezas. Todo esto acontece en la gran ciudad del acebo y del pecado, aquella donde la piedad es abolida, en la guarida y en la falsa esperanza de la mujer fatal del bosque de la colina. Eddie (Mickey Rooney), de blanco y cortado como el Cordero m\u00edstico degollado, recibe la potestad para disponer el espect\u00e1culo, para abrir el sello y presidir los actos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4270\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-1.png\" alt=\"Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-1\" width=\"1792\" height=\"966\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-1.png 1792w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-1-300x162.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-1-1024x552.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-1-768x414.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-1-1536x828.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1792px) 100vw, 1792px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4271\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-2.png\" alt=\"Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-2\" width=\"1792\" height=\"966\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-2.png 1792w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-2-300x162.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-2-1024x552.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-2-768x414.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Drive-a-Crooked-Road-Richard-Quine-1954-2-1536x828.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1792px) 100vw, 1792px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Setenta minutos despu\u00e9s, en el setenta y siete, Eddie sostendr\u00e1 una pistola. Los sellos que lacraban las bobinas han ido saltando y no hay m\u00e1s historia que esta, la de una superficie sensible grabada con goce, mentira y desgracia hasta consumar el trueque. Una de las funciones inmediatas de la narraci\u00f3n novelesca consiste en producir olvido. Una amnesia, casi una autolisis que persiste hasta que, por medio de una segunda venida, se renueva el motivo. Un transformaci\u00f3n que se obra a la luz del d\u00eda pero escondida y donde los extremos quedan plenamente justificados por la realidad f\u00edsica. En el primer escenario, Eddie es mec\u00e1nico en un garaje; en el segundo, un hombre enamorado. La raz\u00f3n por la que una aceitera se convierte en pistola es simple y autosuficiente: la mujer. En la memoria cin\u00e9fila, el aforismo involuntario y resignado utilizado por el maestro de Kentucky para resumir la no evoluci\u00f3n de los gustos del p\u00fablico. Ya en el periodo silente, en la noche sin estrellas, lo \u00fanico que quer\u00eda ver el espectador era el fulgor de la mujer y del arma. Ense\u00f1anza reciclada por Jean-Luc Godard quiz\u00e1 a trav\u00e9s de Georges Sadoul, de Ren\u00e9 Clair o del menos c\u00e9lebre Paul Noug\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hay en la tecnolog\u00eda de los medios y de los objetos un conflicto soterrado que alude al propio trabajo del hombre y de la imagen, o del hombre que en este caso habita la imagen. Eddie invierte la carga peyorativa del oficio de mec\u00e1nico porque pr\u00e1cticamente es un artesano, un hombre dotado de manos que debe integrarse en la doble industria de los tiempos modernos: la del autom\u00f3vil y la del cinemat\u00f3grafo. Es ah\u00ed, en la capacidad humana para el gesto y en la paciencia del arreglo donde la permuta tambi\u00e9n adquiere sentido. En el desplazamiento y en la marginalidad, en ser incapaz de encontrar tu lugar, en habitar un mundo ajeno, en una rebeld\u00eda callada contra la horrible mec\u00e1nica de un taylorismo convertido en credo. Richard Quine consider\u00f3, con astucia, que una aceitera pose\u00eda id\u00e9ntica capacidad de fuego que una pistola. Y que esta no ten\u00eda por qu\u00e9 sostenerla una mujer, sino el mismo hombre apocado, un obrero con el camino y el trauma cicatrizados. La mascota de los compa\u00f1eros de trabajo, el chico que almuerza en silencio, el t\u00edmido que se masturba con el olor de un pa\u00f1uelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eddie habita el subsuelo mientras las mujeres, como en determinadas visiones de gloria escatol\u00f3gica, vienen y se dan a ver desde las alturas y desde el movimiento. <em>This magic moment\u2026<\/em> Barbara (Dianne Foster), la ramera fatal con remordimiento de clase y de g\u00e9nero, cumple su cometido engatusando a un muchacho que, como s\u00edntesis de la masculinidad de Oz, necesita coraje, cerebro y coraz\u00f3n. Porque en sus manos, en su cuerpo menudo y en sus ojos hundidos nos conmueve la ingenuidad infantil del objeto. La aceitera nos emociona sin saberlo porque vulnera las etapas de madurez humana y porque trasciende las nociones de s\u00edmbolo e iconicidad, esto es, las del grado de alusi\u00f3n y semejanza. Las tiene, las colma, pero no las explica y a\u00f1ade un valor complementario, una lubricaci\u00f3n dual: la del hombre inofensivo y la de la mec\u00e1nica del mundo. Tambi\u00e9n la de la propia ficci\u00f3n que, desde este mismo instante, empieza a engranar una serie de acontecimientos que ya conocen su duelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La aceitera es, por lo tanto, una visi\u00f3n de las causas finales, pero tambi\u00e9n una apertura; una latencia discreta. Una prefiguraci\u00f3n maliciosa, pero tambi\u00e9n una prudencia. Una adivinaci\u00f3n antes que una afirmaci\u00f3n, un mirar con las pesta\u00f1as quietas. Un mostrar lo que no se ve, un augurio comprendido sin la necesidad de m\u00e9dium y de glosa. En la contemplaci\u00f3n inmediata del plano, con el \u00e1ngulo de enfoque y encuadre precisos y durante los escasos segundos que alcanza su duraci\u00f3n, comprendemos las estructuras b\u00e1sicas y profundas del guion cinematogr\u00e1fico. Aquellas que se distribuyen de acuerdo a un delicado equilibrio de fuerzas entre presentaci\u00f3n e identificaci\u00f3n, aparici\u00f3n y desaparici\u00f3n, continuidad y cambio, explicaci\u00f3n y escamoteo. La imagen queda constituida como presencia donde la aceitera contiene la virtud del signo y el vicio del s\u00edmbolo, es frugal y es opulenta porque en ella se sustancia la vida del personaje impl\u00edcita pero completa. Y m\u00e1s que <em>punctum<\/em> es orificio, el ojo de la cerradura biol\u00f3gica que nos atrae y nos succiona para ver c\u00f3mo danzan los \u00e1ngeles y los demonios sobre las v\u00edsceras de una persona que, como todas, no puede ser \u00fanicamente buena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vestido de blanco, confiando todav\u00eda en el poder de las legiones del bien, Eddie es dirigido por algo m\u00e1s que la aceitera. Aunque es esta, junto a su mirada, la que traza la direcci\u00f3n. Y toda direcci\u00f3n implica mandato: ascenso, erecci\u00f3n, salida, nuevo nacimiento, quiebra del propio sometimiento. Las diagonales de la pintura refuerzan la impresi\u00f3n de destino, de orientaci\u00f3n secreta, de rengl\u00f3n ya escrito. Eddie pierde perspectiva, pero gana profundidad porque acaba de adquirir las anteojeras de un caballo de carreras que solo contempla ir hacia el frente, conducir m\u00e1s deprisa que nadie, aferrarse al sue\u00f1o, dejarse el aliento en alcanzar lo que hab\u00eda detr\u00e1s del perfume de aquel pa\u00f1uelo. El trayecto concluye en una playa negra, con el cielo tapizado de astrac\u00e1n, con el mundo boca abajo, con la tela del santo oficio y del cordero convertida en cuero, con la luz y la inocencia transformadas en violencia. Al otro lado del guion, en la cara oculta y en el reino de su sombra, Eddie no tiene m\u00e1s remedio que hacer uso de una pistola que comienza a rimar en nuestra memoria. La imagen m\u00e9trica que concluida la estrofa regresa para susurrarnos en la orilla de los ojos que sigue siendo tan justa, tan necesaria y tan esbelta como una alcuza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LATENCIAS I LATENCIAS III Drive a Crooked Road (Richard Quine, 1954) por Roberto Amaba Como en tr\u00e1gica correspondencia con los septenarios del Apocalipsis, en el s\u00e9ptimo minuto de La senda equivocada (Drive a Crooked Road,<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[24,26,367],"tags":[657,658,5,656,36],"class_list":["post-4269","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-colaboraciones","category-criticas","category-revista","tag-657","tag-drive-a-crooked-road","tag-estados-unidos","tag-richard-quine","tag-roberto-amaba"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4269"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4269"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4269\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6766,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4269\/revisions\/6766"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4269"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4269"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4269"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}