{"id":490,"date":"2020-11-30T00:00:11","date_gmt":"2020-11-30T00:00:11","guid":{"rendered":"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=490"},"modified":"2022-10-10T21:21:40","modified_gmt":"2022-10-10T21:21:40","slug":"trayecto-intercontinental","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=490","title":{"rendered":"TRAYECTO INTERCONTINENTAL"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1501\">Po\u00e9tica de los an\u00f3nimos; por Jean-Claude Biette<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1478\">Two Portraits (1982)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=490\">Universal Hotel (1986), Universal Citizen (1987)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1220\">El movimiento (2003)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1206\">Lowlands (2009)<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=1481\">Peter Thompson: Itinerario de ruta<\/a><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Desde que Marie se ha ido, he perdido el ritmo alguna que otra vez, he tomado el hotel por estaci\u00f3n, nervioso ante la conserjer\u00eda he buscado mi billete o a la entrada del and\u00e9n he preguntado al empleado el n\u00famero de mi habitaci\u00f3n, algo, ll\u00e1mesele casualidad, o lo que sea, me hizo recordar mi profesi\u00f3n y mi situaci\u00f3n. Soy un payaso, de profesi\u00f3n designada oficialmente como \u201cC\u00f3mico\u201d, no afiliado a ninguna Iglesia, de veintisiete a\u00f1os de edad, y uno de mis n\u00fameros se titula: la partida y la llegada, una larga (casi demasiado) pantomima, en la cual el espectador acaba confundiendo la llegada con la partida; puesto que frecuentemente vuelvo a ensayar dicho n\u00famero en el tren (consta de m\u00e1s de seiscientos mutis, cuya coreograf\u00eda naturalmente debo tener presente), es evidente que de vez en cuando cedo a mi propia fantas\u00eda: entro precipitadamente en un hotel, busco con la vista el cuadro de salidas de trenes, lo descubro al fin, subo o bajo corriendo escaleras, para no perder mi tren, en tanto que no necesito m\u00e1s que subir a mi habitaci\u00f3n y ensayar mi n\u00famero.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><em>Opiniones de un payaso<\/em>, Heinrich B\u00f6ll<\/p>\n<p><strong>LA FORTALEZA Y LA CATEDRAL \u2500 <em>Universal Hotel<\/em> (Peter Thompson, 1986)<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">La conchabanza entre el campo y el fuera de campo nos es revelada al final del trayecto, pues una serie de im\u00e1genes siempre requerir\u00e1 de un hueco para que la dureza del objetivo no la convierta en concupiscente con el ojo, mero bien de cambio donde el iris \u00fanicamente ejercer\u00eda el rol de moneda. El espectador tambi\u00e9n precisar\u00e1 de vac\u00edos, pero aplicados a su sensaci\u00f3n de alarma, impaciencia, exasperaci\u00f3n: oquedades en las prisas que el tr\u00e1nsito se encarga de proporcionar. He ah\u00ed el comienzo de nuestra historia y la puerta de entrada a la memoria del siglo pasado, la Piazza del Campo de Siena, mostrada sin ning\u00fan intert\u00edtulo informativo previo, hecha fragmentaria por los cortes que se alejan por completo del <em>jump cut<\/em> caprichoso. Cada cambio de plano supone una sutil alteraci\u00f3n en el estado lum\u00ednico del momento, una variaci\u00f3n del encuadre, pero tambi\u00e9n un desaf\u00edo para nuestra mirada, ahora detective en busca de las mudanzas en el campo y de la nueva posici\u00f3n de la mujer, caminando hacia el otro extremo de la llanura, rodeada de habitantes que crecen en n\u00famero, inciertamente predispuestos o quiz\u00e1 s\u00fabitamente filmados. En cualquier caso, los fotogramas aparecen como destellos, y la renovaci\u00f3n del plano ayuda a mantener su estatus de huella, entre el sue\u00f1o y el recuerdo, movi\u00e9ndose en quietud, par\u00e1ndose en la circulaci\u00f3n. Un motivo al que volveremos al finalizar el d\u00edptico, ya reconvertido en conspiraci\u00f3n en la que participan el cineasta, su pareja y el espectador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una maquinaci\u00f3n puesta en marcha por el propio engranaje del filme se antoja completamente indivisible, y nos es complicado vislumbrar separaciones claras que a\u00edslen la memoria de la Historia, la alucinaci\u00f3n de la narcosis. Con el fin de estallar esta corriente de fuerzas que se ha puesto en marcha, es necesario viajar, disponerse a franquear un territorio de una Europa ind\u00f3cil a ser re-filmada, habitando un tren fantasma, jugando a ser hermeneutas, para terminar descubriendo que de la ex\u00e9gesis solo nos quedan los nombres en la piedra, imborrables por el paso del tiempo (Stradzinsky). <em>Ver de frente<\/em> no basta, igualmente vital se antoja <em>ver a trav\u00e9s<\/em>; deberemos comprender que no todas las im\u00e1genes necesitan la ilusi\u00f3n del movimiento y, por lo tanto, en ciertos momentos del relato el negro estar\u00e1 destinado a alternarse con el fotograma fijo. Una serie de elementos se relevan con la no-imagen, como la reordenaci\u00f3n de fotograf\u00edas en blanco y negro, su ampliaci\u00f3n que capta con claridad un detalle, la b\u00fasqueda del sentido a trav\u00e9s del ritmo y los sonidos (disparos de la c\u00e1mara entreverados con el agua en revulsi\u00f3n). Los fotogramas fijos adquieren la cualidad incierta de la duermevela al combinarse con el ajetreo tendente a la abstracci\u00f3n del que filma en vigilia: la Historia atravesada por el deslumbramiento evita la tenencia a perogrulladas para, en cambio, corte a corte, irnos acercando m\u00e1s a las intuiciones rom\u00e1nticas del que vislumbra c\u00f3mo todos los estigmas son, en mayor o menor medida, materiales, incluso los que provienen de las fases de la somnolencia. El relato se encuentra a medio camino de una fortaleza y una catedral, en un hotel que convendremos en llamar Universal, a la vez catre guatemalteco, sala de pruebas nazi situada en Dachau o zona yerma de nuestro enc\u00e9falo \u2500humildad al reconocer y fundir lo indisoluble de estos habit\u00e1culos\u2500. Siglo XX, centuria de carriles crispados.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Universal-Hotel.jpg\" alt=\"Universal Hotel (Peter Thompson, 1986)\" width=\"1920\" height=\"1032\" class=\"aligncenter size-full wp-image-601\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Universal-Hotel.jpg 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Universal-Hotel-300x161.jpg 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Universal-Hotel-1024x550.jpg 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Universal-Hotel-768x413.jpg 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Universal-Hotel-1536x826.jpg 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p><strong>EXTRANJER\u00cdA: HOTEL<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Todo comienza en estasis, pretendidamente dispuestos a tensionar la alienaci\u00f3n que nos convierte en n\u00f3madas, abocados a las moradas fugaces, secuaces del viaje y la ronda, licenciados sin patentes a la extranjer\u00eda perpetua. Necesitamos esconder nuestra identidad, desfigurar nuestra filiaci\u00f3n en pos de la ansiada metamorfosis con un nuevo clima, ansiosos por arder de inc\u00f3gnitas en conversaciones que se revelar\u00e1n como primigenias: dar un nombre y una procedencia, el comienzo de la estancia, la fuente de la transformaci\u00f3n. Experiencias de asignaci\u00f3n met\u00f3dica nos enfrascan en una particular <em>cabina<\/em> (el asiento del ferrocarril, la habitaci\u00f3n de un hotel, la butaca de la sala de cine). Para viajar es conveniente dar el visto bueno al arresto, limitar el movimiento de las extremidades, hacer sufrir al p\u00e1rpado, mediante un tortuoso sonambulismo o a trav\u00e9s de un sue\u00f1o inquieto, y disponerse al encuentro. Perenne e indisoluble se presenta el v\u00ednculo entre el \u00e9xodo y la espera; sin los debidos proleg\u00f3menos nuestro viaje por el mapa no ser\u00eda m\u00e1s que una cadena de constataciones \u2500hace falta suspirar por la futura demarcaci\u00f3n, ilusionarse con el continente, lubricar nuestro deseo con el boceto de un ulterior coloquio\u2500. Despedimos, con el cimiento en estos queridos pre\u00e1mbulos, la dureza de los bloques, y damos la bienvenida a la elipsis, el parpadeo y la intermitencia. La cinefilia ha terminado comprendiendo que <em>vive <\/em>exclusivamente en un presente discontinuo, deudor del paso de la noche al d\u00eda y ajeno a la petulante autodeterminaci\u00f3n; \u00fanicamente nos mostraremos ufanos mientras cavilamos sobre lo que <em>podr\u00e1 ser<\/em> o lo que ya <em>ha sido<\/em>. Entonces, seguimos parpadeando, esperando el desvelo del siguiente fotograma, aunque sepamos con claridad que esa ceguera temporal ser\u00e1 briosa en el recuerdo y basta. En la dilaci\u00f3n que precede a la salida del sol y prorroga la aparici\u00f3n de la luna, atrapados en una prisi\u00f3n acordada previamente, hallamos sosiego encontrando la inc\u00f3gnita en la discontinuidad, el hogar en lo for\u00e1neo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Anhelada intromisi\u00f3n en el mundo de los otros intentando ser algo m\u00e1s y menos que nosotros mismos, desaparecer, ilusionar(nos) con las ef\u00edmeras prestidigitaciones (antifaz, embozo), disfraces para falsear las repelentes transacciones que escoltan al viaje o, como \u00faltimo remedio, lo convierten en <em>musical<\/em>. Sabemos cu\u00e1les son los rituales, y las r\u00e9plicas corren el peligro de caer en la charla, pero aun as\u00ed nos alienta la idea de que una comisura de labios pleg\u00e1ndose sobre s\u00ed misma cambie el tono de un acento, despliegue un espacio de opacidad en la significaci\u00f3n, capaz de volver a confirmar que el viaje no admite suplentes como catapulta a la vida paralela, o lo inane de trasladarse si la celeridad no va acompa\u00f1ada del deseo indirecto de relatar una historia diferente, quiz\u00e1 empezarla desde la primera l\u00ednea. El vagabundeo del cin\u00e9filo encuentra su natural acomodo en el hotel, siempre a medio camino de dos puntos, en contacto con una serie de figuras que mutan en su aparente irreversibilidad, pues no hay punto y final al juego de la <em>Commedia dell&#8217;Arte<\/em> que pone en circulaci\u00f3n los engranajes de los recept\u00e1culos en donde sue\u00f1a a ser <em>tercero<\/em>: ruedas, motores, pasillos, gas, butacas plegables, camas, toallas, pastillas de jab\u00f3n, camarotes\u2026 Elementos que conforman los dominios en donde nos embaucamos con el sue\u00f1o de los justos: un objetivo que lo <em>registre<\/em> todo mientras nosotros lo <em>filmamos<\/em> a \u00e9l.<\/p>\n<p><strong>1022 \u2500 <em>Morvern Callar<\/em> (Lynne Ramsay, 2002)<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">El <em>shock<\/em> de la defunci\u00f3n premeditada nos empuja a la permuta por defecto, muy distante del arrebato l\u00fadico o de las fr\u00edvolas ilusiones. Pedir perd\u00f3n a un cad\u00e1ver se convierte en el primer paso para abandonarse y recorrer la distancia que separa un pueblo escoc\u00e9s de la costa de Ibiza. Por el camino, tambi\u00e9n nosotros deberemos aceptar una penitencia y pagar el precio del naturalismo sucio europeo de principios del siglo XXI, ahora ya tan demod\u00e9 cuando lo visionamos a trav\u00e9s del celuloide, en ocasiones quemado. Sin embargo, entramos en el confesionario con un evidente gozo por exponer las pecaminosas remembranzas de unos a\u00f1os donde lo <em>indie<\/em> no se hab\u00eda convertido a\u00fan en ap\u00e1tica o desapegada manera de ver el mundo, y vivir enajenado todav\u00eda conservaba algo de perplejidad ante miradas deseosas de avistar por primera vez qu\u00e9 le ocurre a un cuerpo cuando se acostumbra a vivir entre marasmos; interrupciones del flujo que truecan la n\u00e1usea por el embelesamiento con el sonido, temblores de emoci\u00f3n que no encandilan, m\u00e1s bien confirman la dificultad cada vez mayor de mudar de piel. De nada servir\u00e1n los ingresos imprevistos ni el rid\u00edculo tanteo con forasteros en el nuevo pa\u00eds: al final del d\u00eda siempre nos quedar\u00e1 la ret\u00edcula de azoteas proporcionada por la terraza, confirmando que, por momentos, la existencia debe fundirse con lo camale\u00f3nico, ser invisible, caminar sin rumbo, hacer del sendero una inacabable glorieta. Del fr\u00edo al calor, de la noche al d\u00eda, ciclos que se reconstituyen para producir cataratas en nuestras miradas, ofuscando el desconcierto que tanto ambicionamos. No deber\u00edamos desalentarnos, el dispositivo puede ofrecer breves centelleos de esperanza espiritual, como as\u00ed lo atestigua la \u00faltima espera, en soledad, a punto de amanecer sobre una estaci\u00f3n de tren, de Morvern Callar, heredera de un milenio ya finiquitado sin m\u00e1s testamento que recuerdos rotos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es imperioso realizar en este momento una precisi\u00f3n: no conviene hablar de <em>saltos <\/em>cuando lo que coexisten son <em>agujeros<\/em>. E incluso dentro de las cavidades se puede llegar a construir, ya que no nos interesa en absoluto la destrucci\u00f3n por desidia del que fragmenta con la intenci\u00f3n de aligerar el tiempo o convertir en <em>visual <\/em>el movimiento, y s\u00ed nos atraen sobremanera aquellos espacios entre plano y plano, dentro de una misma escena, donde un bloque de vida transmutada se pierde en la pantalla pero comienza a erigirse en nuestra mente, con fotogramas extraviados, cortados por la moviola, cuyo destino es el apilamiento en la trastienda de los ojos. En las interrupciones invisibles del plano encontramos otro procedimiento mediante el cual se detiene moment\u00e1neamente la falsa transparencia omnisciente de la frontalidad fotogr\u00e1fica y, por consiguiente, logramos habitar, como espectros extenuantes por el empe\u00f1o de ver la borradura, los intersticios entre el comienzo de un gesto y su consumaci\u00f3n. Por eso entramos en la habitaci\u00f3n 1022 y confrontamos nuestro cuerpo con el de un extra\u00f1o (de luto o no), deseosos no tanto de alcanzar alg\u00fan cl\u00edmax, sino de interrumpir la pesantez de una cotidianidad que ni las vacaciones en el sur logran quebrantar; \u00e9xtasis moment\u00e1neo, continuamente entrecortado, sobrecargado de desenfoques y nerviosismo que rompe todos los ejes. Ahora que los hijos de pap\u00e1 han desactivado la insubordinaci\u00f3n, vemos este arrobamiento ibicenco con melanc\u00f3lico desencanto.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Lynne-Ramsay.png\" alt=\"Morvern Callar\" width=\"843\" height=\"464\" class=\"aligncenter size-full wp-image-510\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Lynne-Ramsay.png 843w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Lynne-Ramsay-300x165.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Lynne-Ramsay-768x423.png 768w\" sizes=\"(max-width: 843px) 100vw, 843px\" \/><\/p>\n<p><strong>EXTRANJER\u00cdA: ENCUENTRO<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Mientras esperamos disfrutando de nuestra intratable impaciencia, vamos cruzando las disyuntivas que emigran del caf\u00e9 matutino al paseo nocturno. Por un lado, nos inmiscuimos en la vida privada de los otros, saltando mientras esquivamos an\u00e9cdotas y chascarrillos, pues no es la cronolog\u00eda de los hechos lo que nos interesa, sino el mapa que constituyen las voces yuxtaponi\u00e9ndose, las dicciones y su mezcolanza. Por el otro, intentamos profundizar en las zonas salvajes de la ciudad, aquellas vegetaciones agrestes que crecen en medio de esquinas donde los cr\u00edos todav\u00eda enredan pasatiempos y las voces de los pilones se entrecruzan en una cacofon\u00eda ininteligible. En ambos flancos, no hacemos otra cosa que filmar con los ojos y aprehender con los o\u00eddos la veta encubierta de un mundo encadenado en ceremonias sofocantes. La recompensa final se presentar\u00e1 en forma de conexiones in\u00e9ditas que, por un breve instante de tiempo, suturen la herida causada por los resortes, creen v\u00ednculos que no se habr\u00edan hecho <em>entrever <\/em>si fu\u00e9semos incapaces de sostener nuestros cuerpos excit\u00e1ndonos ante el anonimato, y del posterior encuentro que celebraremos en silencio mientras nos desbordamos a hablar quedar\u00e1n solo recuerdos expuestos a trav\u00e9s de las luces y sombras que una c\u00e1mara venidera intentar\u00e1 escudri\u00f1ar. El goce del cin\u00e9filo est\u00e1 irrevocablemente unido a la reminiscencia de un ciclo por el que solo fue posible deambular tras un largo sondeo y que nunca recapitular\u00eda de no ser por su obsesi\u00f3n de mantener un rastro, quiz\u00e1 una huella, de la dicha. Estos peque\u00f1os deleites ajustan una identidad nueva, y convierten el encuentro en el l\u00edmite de la cinefilia, del inc\u00f3gnito a la ciudadan\u00eda en imperecedera reinvenci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEn qu\u00e9 consiste ese encuentro? En la infinidad de signos no codificables que conforman el intercambio de dos cuerpos que se cuentan y van hilando su propia historia, mediante el habla, un adem\u00e1n o el canto; los ecos de estas alteraciones ser\u00e1n captados por la tierra, retransmitidos por el viento, uni\u00e9ndose de forma natural a la tela que configura la capa incognoscible del universo. La genealog\u00eda no ayudar\u00e1 en estos menesteres, ni la bibliograf\u00eda o la hemeroteca: habr\u00e1 que recurrir, en \u00faltima instancia, al sism\u00f3grafo y al esp\u00edritu. Sabremos entonces apreciar las vagas canciones de una chiquilla, la invitaci\u00f3n al contacto corporal de un extra\u00f1o o la proximidad de una boca que desea susurrarnos un lugar y un nombre \u2500creadores de mapas imaginarios, suplentes del enojoso gu\u00eda tur\u00edstico\u2500. Nada m\u00e1s lejos de nuestra intenci\u00f3n querer convertir la confluencia en asunto de m\u00edsticos y gur\u00fas, unas simples reconstrucciones bastan: una nueva familia (dispar a la de sangre) y, tal vez, un peque\u00f1o continente, id\u00f3neo para abrazar las corrientes que se van creando a medida que las l\u00edneas de fuerza se aligeran y tuercen. De este modo, seremos capaces de abandonar el espacio intermedio entre los baluartes y comenzar a habitar un atlas configurado por el apilamiento de pistas indirectas, juntando Monterey, Guatemala, Ibiza y Siena en un mismo bloque mental; a base de insistir en el rastreo de sus carriles, habremos convertido la fantas\u00eda de lo mental en materia, la f\u00e1bula en Historia. No nos libraremos tan f\u00e1cilmente de los altos en la imagen, ni deber\u00edamos sentir el \u00edmpetu de llenar todos los espacios en blanco. Nuestra esperanza subsiste transversalmente en el <em>otro lado<\/em>.<\/p>\n<p><strong>LA HIJA DE NADIE \u2500 <em>Universal Citizen<\/em> (Peter Thompson, 1987)<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">1979 es el a\u00f1o en el que todos los recuerdos se enredan y los tiempos se aturden, la moviola, ejerciendo de tejedora, re\u00fane la Historia con la f\u00e1bula, la filmaci\u00f3n de un viaje familiar a Guatemala con los g\u00e9lidos recuerdos de Dachau. Conocemos al Ciudadano Universal y entendemos su origen de acertijo al que solo podremos filmar de lejos, sobre el mar, nadando como el sujeto de pruebas del doctor Sigmund Rascher, pero esta vez gozando del calor de los tr\u00f3picos a los que jur\u00f3, en tiempos pasados, exiliarse. De la misma manera, el caballo de piedra que los mayas tallaron para Hern\u00e1n Cort\u00e9s permanece bajo el oc\u00e9ano, s\u00edntoma de un doble abandono, el de Tayasal y el del conquistador espa\u00f1ol, espej\u00e1ndose con el anillo de plata negra, herencia paterna, que al hijo se le escurre del dedo en el lago Peten Itza. La naturaleza entierra la materia y la zozobra de la pesadilla nazi se convierte, un a\u00f1o antes de tiempo, en pl\u00e1cida estancia en el Universal Hotel. Un transcurso de ocho primaveras en la vida de Peter y Mary, suturado por un paseo a ciegas hasta la fuente de la plaza sienesa, fragmentado por investigaciones que recorren Bruselas, \u00c1msterdam, Par\u00eds, Coblenza y Dachau. Coaliciones de tiempo en soberan\u00eda por hendiduras de negro, pues ni las vacaciones conservan la solidez del instante presente, imposible de aprisionar m\u00e1s all\u00e1 de los rastros de polvo, los mismos que el marido-cineasta persigue, de vuelta a Mary y al Universal Hotel. Restos de entes fr\u00e1giles pero no destruidos, devueltos a nosotros a trav\u00e9s de las peque\u00f1as triqui\u00f1uelas, trabazones de relatos (cigarros turcos o cubanos, grabadoras japonesas, discos armenios, proyectores de manivela que exhiben los dibujos animados del Correcaminos), hacen que empecemos a concebir la cronolog\u00eda como una suerte de correspondencias, a base de cartas y peque\u00f1os filmes \u2500la humildad del obrero anubla la excesiva claridad tur\u00edstica de los libros de historia\u2500.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En medio de los filmadores y de los que rechazan la c\u00e1mara (el Ciudadano Universal, al menos en primer plano, y Raven, la prostituta de Hait\u00ed), reside la alegr\u00eda de Mar\u00eda, la peque\u00f1a ni\u00f1a maya, hija de nadie, deseosa de que los padres traicioneros mueran de una vez por todas. Al fondo, y acompa\u00f1ando su canto nada inocente, la bandera de Guatemala; una respuesta desde Chicago de Vanessa, la hija adoptiva puertorrique\u00f1a del que filma y su pareja, sin sonido, pero igualmente afectuosa. Es irremediable apuntar el retorno del telegrama casi una d\u00e9cada despu\u00e9s con una nota pesarosa, pues ni el Se\u00f1or Walter (propietario del ya mencionado hotel) ni Mar\u00eda viven en el mismo territorio, y el parador ha sido pasto de las llamas. Todo termina, como vemos, presa de la geolog\u00eda, pero antes maltratado por la guerra, siempre vil, como recalca la nota, encapsulado en celuloide, no solo verificador de los restos y huesos bajo el pavimento, sino de los trazos de energ\u00eda que acompa\u00f1aron, durante los a\u00f1os de vida de alguien, una existencia: la alimentaci\u00f3n de los loros Isabella y Don Fernando, los despertares de las siestas mediados por la voz de Mar\u00eda, los primeros y \u00faltimos caf\u00e9s, la filmada dando la vuelta a la c\u00e1mara para capturar al filmador y los fotogramas fijos superpuestos, a trav\u00e9s de un cristal mugriento, deteniendo a Mary, dos a\u00f1os antes de que camine con una ceguera voluntaria en aceras italianas, ataviada con gafas de sol, sonriendo y pose\u00edda ya por la ventura del recuerdo.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/vlcsnap-2020-11-13-11h24m02s394.png\" alt=\"Universal Citizen (Peter Thompson, 1987)\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-598\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/vlcsnap-2020-11-13-11h24m02s394.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/vlcsnap-2020-11-13-11h24m02s394-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/vlcsnap-2020-11-13-11h24m02s394-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/vlcsnap-2020-11-13-11h24m02s394-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/vlcsnap-2020-11-13-11h24m02s394-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/vimeo.com\/ondemand\/peterthompson\">Los filmes de Peter Thompson, en Vimeo<\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.chicagomediaworks.com\/\">Chicago Media Works<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Po\u00e9tica de los an\u00f3nimos; por Jean-Claude Biette Two Portraits (1982) Universal Hotel (1986), Universal Citizen (1987) El movimiento (2003) Lowlands (2009) Peter Thompson: Itinerario de ruta Desde que Marie se ha ido, he perdido el<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26,367],"tags":[57,59,58,5,60,62,63,61,162,65,64],"class_list":["post-490","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criticas","category-revista","tag-57","tag-59","tag-58","tag-estados-unidos","tag-heinrich-boll","tag-lynne-ramsay","tag-morvern-callar","tag-peter-thompson","tag-reino-unido","tag-universal-citizen","tag-universal-hotel"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/490"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=490"}],"version-history":[{"count":22,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/490\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4342,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/490\/revisions\/4342"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=490"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=490"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=490"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}