{"id":5961,"date":"2023-08-20T09:00:54","date_gmt":"2023-08-20T09:00:54","guid":{"rendered":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=5961"},"modified":"2025-04-07T04:18:10","modified_gmt":"2025-04-07T04:18:10","slug":"fuegos-en-contra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=5961","title":{"rendered":"FUEGOS EN CONTRA"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>The Codes<\/em> [<em>Szyfry<\/em>] (Wojciech Has, 1966)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-1.png\" alt=\"Szyfry Wojciech Has 1\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-5962\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-1.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-1-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-1-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-1-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-1-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Un cineasta contin\u00faa una obra de aparente ambici\u00f3n desmesurada con una pieza de ochenta minutos, casi un reflejo de palidez desalentadora, a la vez filmando Cracovia, su lugar de nacimiento, dejando notar que ya han pasado veinti\u00fan a\u00f1os desde la II Guerra Mundial, ahora el viaje no nos aleja de Polonia a Francia, como le pasaba a Felicja en <em>Jak byc kochana <\/em>(1962), esta vez el tren, an\u00f3malo, fr\u00edo, no dado a las confidencias, devuelve el cuerpo desplazado a la zona este de Europa, confronta la desmesurada entrop\u00eda de los archivos con dos miradas, la del protagonista, Tadeusz, que desea saber si su hijo, J\u0119drek, muri\u00f3 al terminar la contienda o si sigue vivo, en alg\u00fan frente perdido, bajo tierra, empujando la l\u00e1pida, y la de Wojciech Has, que ya no desea saber demasiada cosa porque intuye que la mayor parte de los catorce a\u00f1os que pas\u00f3 en Cracovia antes de que los tanques arrasaran todo han quedado solo en su memoria, dos miradas que se superponen, dos sentimientos, estupor y melancol\u00eda, acompa\u00f1ados de un silencio antepuesto a cualquier mudez, pues aqu\u00ed, en presente, todos hablan, pesquisan, responden, hacen ejercicios de gimnasia mental, desentierran c\u00f3digos de guerra, pero no la heroica, la patri\u00f3tica, sino la que se inmiscuye hasta tal punto en el d\u00eda a d\u00eda que llega a ocupar la cama de la habitaci\u00f3n de enfrente, retoza en el mercadillo de la calle paralela con dos clientas, pide a gritos una resistencia encubierta, encuentros furtivos entre dos caras muy concretas que dos d\u00e9cadas despu\u00e9s olvidaremos, pues podr\u00edan ser ya las de cualquiera, pidi\u00e9ndonos el tique en el tren, pasando desapercibidas en la ciudad como dos paseantes m\u00e1s, el doctor que nos supervisa los dolores, el abogado que defiende sin furor nuestra causa perdida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Triste destino que tan alta sofisticaci\u00f3n de resistencia acabe haci\u00e9ndonos dudar, al desmantelarse los pelotones, de si el hijo desapareci\u00f3 a causa del bando propio. Wojciech Has comenzaba su trayectoria acompa\u00f1ado de otro maestro, Stanis\u0142aw R\u00f3\u017cewicz, filmando la reconstrucci\u00f3n de Varsovia en 1947, hoy en d\u00eda solo se le recuerda en esta parte del continente por dos filmes, el que precede al comentado, <em>Rekopis znaleziony w Saragossie<\/em> (1965), y la adaptaci\u00f3n de Bruno Schulz a la que seguir\u00edan diez a\u00f1os de silencio f\u00edlmico, <em>Sanatorium pod Klepsydra<\/em> (1973). Ninguna de estas dos obras es representativa de la filmograf\u00eda completa de Has, y mucho menos de su mal llamada primera etapa, pues tres cuartas partes de su corpus se encuentran en ella, hasta<em> Lalka<\/em> (1968). Por mera comodidad, los que siquiera recuerdan a estos cineastas, se incluye toda esta gran etapa bajo la anexi\u00f3n c\u00f3moda a la Escuela Polaca de Cine, suponi\u00e9ndole por ello una suerte de coyuntura que la alejar\u00eda de las dos obras m\u00e1s<em> singulares<\/em> y <em>personales<\/em>, a\u00fan proyectadas si la suerte alumbra en determinadas retrospectivas de cine polaco. Qu\u00e9 podemos decir, de qu\u00e9 vamos a sorprendernos, la voracidad cin\u00e9fila de aquellos que s\u00ed intentan desentra\u00f1ar los pasos espec\u00edficos, haciendo honor a la historia, a los c\u00f3digos, encuentra hoy en este clima de una atm\u00f3sfera empodrecida unos cuantos motivos para dar freno a su alimento constante de afectos en forma de emulsiones, de la nada pero con no poca raz\u00f3n les surge la pregunta \u00bfqu\u00e9 hacer con el cine? y luego contin\u00faa otra \u00bfqu\u00e9 lugar ocupa esta sucesi\u00f3n de emplazamientos que acaparan mi noche en relaci\u00f3n al mundo, qu\u00e9 correlato obtengo de mi educaci\u00f3n \u00e9tica, human\u00edstica, al salir a la calle? Ante el freno de la vehemencia, adquirimos un semblante que intenta huir de la demagogia, los cuestionamientos majaderos que, al observar el cine como el problema contaminado menor, intentan hacer de \u00e9l la parte por el todo, primero se resolver\u00e1 el resto, luego, pasando a lo insignificante, llegaremos al cine, ante esto mejor callarse la boca, casi ni se puede hablar, casi ni se puede retrazar, m\u00e1s que no poder, dan ganas de mantener silencio, no hay inter\u00e9s ni del que se ha labrado una carrera de mirador profesional, tan atribulado por fuegos en contra, dejando atr\u00e1s su pasado genuino donde comenzaba su mundo de cine con cimientos intransferibles pero felizmente compartidos para entregarse a la sucesi\u00f3n nost\u00e1lgica de festivales y las malas camarillas prescriptoras. Esto es lo que queda de la rebeli\u00f3n, una larga sucesi\u00f3n de quejidos en retirada, la asunci\u00f3n de que comenzamos perdiendo. Un territorio de derrota human\u00edstica. Tal circunstancia deber\u00eda hacer a esta cinefilia, por supuesto tambi\u00e9n a nosotros, especialmente receptiva a todos los filmes que Has film\u00f3 entre 1958 y 1966, pues pocos cineastas europeos se nos ocurren que hayan sabido registrar con mayor entrop\u00eda revelada los cambios de <em>statuo quo<\/em> no necesariamente acompa\u00f1ados de cambios de humor, la ocupaci\u00f3n alemana sucediendo a una elipsis fatal que nos emplaza directamente en la guerra, como okupas, en <em>Pozegnania <\/em>(1958), dentro de una casa en la que ni se puede respirar ante el agobio filmado no gratuitamente, ni con un punto intermedio donde es l\u00edcito sentir que no estamos ni demasiado cerca ni demasiado lejos, sino con una complejizaci\u00f3n en presente conculcando el humor y melancol\u00eda cracovianas por la sofisticaci\u00f3n de un cineasta que contra m\u00e1s pobreza hist\u00f3rica confronta, menos se amilana a la hora de atacar con todos los recursos pesados que el cinemat\u00f3grafo le proporciona para enlazar el pasado, realmente haci\u00e9ndolo m\u00e1s claro, l\u00edmpido, la sensaci\u00f3n de que no hemos visto un regreso a casa con una modulaci\u00f3n de la soledad, de las luces que alumbran una fiesta provincial, de las oportunidades que quiz\u00e1 nunca lleguemos a ver consumarse, como en <em>Rozstanie <\/em>(1962). Estos humores del hombre saliendo de la contienda, vi\u00e9ndola rematar o entre dos guerras, entre dos maneras de entender Europa, los ha filmado Has sin cesar, y esta faceta suya, la de cronista marginal del siglo XX \u2500peque\u00f1o por radiografiar siempre radios de acciones microsc\u00f3picas en lo concerniente a las operaciones sentimentales adheridas a sucesos hist\u00f3ricos siempre retomados en diagonal\u2500, es la que no interesa rese\u00f1ar, simplemente no hay tiempo que perder aqu\u00ed, tengan en cuenta que el desencanto personal acumulado en forma de autoflagelo ser\u00e1 incapaz de da\u00f1ar en modo significativo alguno el curso de la historia del filme que ustedes olvidan. Otros se ocupar\u00e1n de alumbrar las estrellas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Szyfry<\/em>. 1966. Once fotograf\u00edas de Par\u00eds. El tr\u00e1fico incesante, los tirados en la calzada, el foco sobre el guardia con la porra, tenue sensaci\u00f3n de calma, en contra nuestra, cr\u00e9ditos sobreimpresionados, Penderecki musica, un patr\u00f3n que no logramos captar a nivel tem\u00e1tico a\u00fan pero s\u00ed sentir r\u00edtmicamente, la lente reencontrada, apuntando paciente, sin demora, otra arma. Hacia el final del filme volveremos a estos planos de la calle, ya en Cracovia, en movimiento, sin detenciones, y tras el transcurso de indagaciones en espiral de Tadeusz, el padre, por mucho que sonr\u00edan los peque\u00f1os seres seguramente todos muertos ya, a pesar de la aparente normalidad, nos encontramos perdidos, ubicados con el cuerpo, varados mentalmente, en un cine sin embargo atado a reglas que Europa se estaba empe\u00f1ando en romper. Has, a lo largo de los cincuenta y sesenta, incluso en este, su filme m\u00e1s quebrado, nos propone experiencias de movimiento blindadas, refinador extremo de todos los logros del relato narrativo y dram\u00e1tico que se hab\u00eda quebrado al llegar algunos novatos al negocio, expulsados los viejos lobos de mar por puro inter\u00e9s cremat\u00edstico, la modernidad de Has es reaccionaria a causa de sofisticar por la antigua v\u00eda, su empecinamiento extremo con las posibilidades de la profundidad de campo, su respeto ancestral por el<em> raccord <\/em>en estas obras 1.37 : 1, retorciendo habitaciones, dividi\u00e9ndolas, creador de diferentes estratos de visi\u00f3n con el uso de dos tabiques, un espejo, dos rostros, incluso al limitarse, sujetarse a una din\u00e1mica de plano-contraplano, no desaparecen los peque\u00f1os rieles, los s\u00fabitos cambios en la apertura del encuadre, la posici\u00f3n del aparato, un cineasta que consigue aqu\u00ed despojarse de peso muerto, pues el filme acusa sin culpa su condici\u00f3n de artefacto con costes mesurados, aprovecha esta mal llamada pobreza para acercarnos como jam\u00e1s volver\u00eda a hacerlo a esos rostros imp\u00fadicos, enfermos, que han olvidado, o que no logran deshacerse de un recuerdo, la tos de Zbigniew Cybulski, el remilgo insoportable de Barbara Krafft\u00f3wna, teces descompuestas, inmiscuidas en el flujo laboral, haciendo un par\u00f3n para contarse, contar, recontar, a Tadeusz, algo m\u00e1s de la red de recuerdos que implican a su hijo perdido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aqu\u00ed los personajes reducen el supuesto psicologismo para conformarse en enunciadores de datos hist\u00f3ricos repletos de ocultamientos, murmuraciones, desconfianza incluso de lo que uno mismo dice, inseguros del papel que les ha tocado representar al amainar el conflicto o demasiado colocados como para resultar preclaros, y aun con las mejores intenciones dos claridades suelen chocar en una colisi\u00f3n tan violenta que no permanece m\u00e1s que un l\u00edvido crep\u00fasculo. Abundan esos momentos casi irreales donde la fuerza de los intercambios anubla el entorno y succiona la palabra en un tren de pensamiento centr\u00edpeto, y ah\u00ed podemos establecer un paralelismo con <em>Kvarteret Korpen<\/em> (Bo Widerberg, 1963), con la diferencia de que en la sueca encontr\u00e1bamos incluso mon\u00f3logos del proletariado pens\u00e1ndose a s\u00ed mismo. <em>Szyfry <\/em>no llega a ese aislamiento total salvo en la plasticidad de reconstrucci\u00f3n so\u00f1ada, en la que se establece una pasarela entre dos tipos de fugacidades, la de los di\u00e1logos cuando pisamos la tierra y la de la niebla y los iconos al pasar en <em>travelling<\/em> por territorio sitiado, mientras o\u00edmos <em>Anhelli<\/em>, de Juliusz S\u0142owacki, en recitaci\u00f3n. Incluso aqu\u00ed, el efecto vuelve a ser el de la desnudez, concentrando ladino los signos sustantivos con el mero pasaje tumultuoso entre objetos o fen\u00f3menos atmosf\u00e9ricos, figuras an\u00f3nimas, que traban el primer t\u00e9rmino del encuadre, dando una ilusi\u00f3n de horizonte, una traves\u00eda del ni\u00f1o imaginado, J\u0119drek, en la que la huida pasa r\u00e1pido a la pesadilla entrelazada de v\u00edctima y padre donde uno ya es objeto de cambio, mercanc\u00eda entre bandos, sost\u00e9n de una vela que no se apaga, <em>los ojos como doncellas que cesan de trabajar por carencia de aceite en la l\u00e1mpara vespertina<\/em>. Esta superficie dram\u00e1tica convierte al filme en el m\u00e1s palpable de Has, incluso en su condici\u00f3n de duda moral mantiene abierto el ojo de la cerradura, d\u00e1ndonos la sensaci\u00f3n de poder incorporarnos como uno m\u00e1s a la escena, lejos a\u00fan de la impenetrabilidad austera de los cuatro filmes de su \u00faltima etapa, con un c\u00e1lculo cuyo cerraz\u00f3n y resoluci\u00f3n nos expulsar\u00e1 como espectadores emp\u00e1ticos, aun admirando lo incorrupto del entramado. Har\u00e1 falta la aparici\u00f3n de la <em>metteuse en sc\u00e8ne<\/em> Hanna Miku\u0107 en <em>Nieciekawa historia <\/em>(1983) para alumbrar la noche y embrujar la apat\u00eda tan fielmente chejoviana, dando pie al tozudo profesor, y por ende a nosotros, a desvariar el conjunto de futuros acechantes, y a Has, por supuesto, a flexibilizar sus encuadres, que por el mero influjo de la actriz terminan sacudidos, insuflados de una energ\u00eda que ni ten\u00eda ni buscaba la obra en su parte diurna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tropezamos con estos planos de calles cuya tranquilidad nos sorprende y no conseguimos asumir. Antes del malestar moral tipificado en gamas crom\u00e1ticas de frialdad taca\u00f1a, se negociaba en Polonia, en zonas lim\u00edtrofes, siluetas huyendo de Dios sabe qu\u00e9 \u2500<em>Nikt nie wo\u0142a<\/em> (Kazimierz Kutz, 1960)\u2500, el precio a pagar por ofrecer una tersura que nos invita a mirar a trav\u00e9s de una espesa capa de eclipses, cuerpos conquistados. Poniendo en la balanza el descalabro, conseguimos vencer en exiguos fulgores una ansiedad fusiladora.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-2.png\" alt=\"Szyfry Wojciech Has 2\" width=\"1920\" height=\"1080\" class=\"aligncenter size-full wp-image-5963\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-2.png 1920w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-2-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-2-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-2-768x432.png 768w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Szyfry-Wojciech-Has-2-1536x864.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" 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