{"id":6157,"date":"2023-12-20T09:00:05","date_gmt":"2023-12-20T09:00:05","guid":{"rendered":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=6157"},"modified":"2023-12-30T21:28:26","modified_gmt":"2023-12-30T21:28:26","slug":"luz-de-segunda-mano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=6157","title":{"rendered":"LUZ DE SEGUNDA MANO"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Microphone Test<\/em> [<em>Prob\u0103 de microfon<\/em>] (Mircea Daneliuc, 1980)<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-1.jpg\" alt=\"Proba de microfon Mircea Daneliuc 1\" width=\"1024\" height=\"576\" class=\"aligncenter size-full wp-image-6159\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-1.jpg 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-1-300x169.jpg 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-1-768x432.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Entonces nadie pod\u00eda imaginar todav\u00eda que tuvieran un lenguaje secreto y que los ladridos, cuando estaban encerrados, los ara\u00f1azos en la madera y los golpecitos con las patas fueran, en realidad, un medio para comunicarse de perrera a perrera. Al mismo tiempo, en el patio, en lugar de retozar, saltar y correr contentos por todas partes, como era lo habitual, se reun\u00edan en grupos de dos o tres, juntaban los hocicos como si se estuvieran comunicando misteriosamente con peque\u00f1os gemidos y peque\u00f1os roces a los que los polic\u00edas hombres no conced\u00edan, por el momento, ninguna importancia, cosa que hubieron de lamentar al cabo de unas semanas.<\/em><\/p>\n<p><em>La guarida iluminada (Diario de sanatorio)<\/em>, Max Blecher<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando los ojos del mundo llegan a un punto de mapeo excesivo, directa o indirectamente, del cine proveniente de Estados Unidos, resulta una tentaci\u00f3n inconsciente achacar los signos y s\u00edntomas que transmite un filme recibido como importante, de vibraciones con extensa longitud de onda, a una suerte de identidad nacional omnisciente. Confundir especificidades hist\u00f3ricas con un <em>todo<\/em> que un solo metraje intentar\u00eda o casi hallar\u00eda la manera, pasados los a\u00f1os, de resumir: la historia de una naci\u00f3n. Con los yanquis, vamos estado por estado, raro es \u2500aunque no extra\u00f1o al devorador de diagn\u00f3sticos\u2500 pensar que un \u00fanico largometraje pueda encajar sus fuerzas dentro del espectro de lo decible y con ello juegue \u00e9l solito el destino, pasado, del pueblo. Por eso deberemos andar con pies de plomo en adelante, entrando ya en Ruman\u00eda, cuando intentemos sufragar en palabras la inconmensurabilidad que <em>Prob\u0103 de microfon<\/em> ha hecho surgir en nosotros, para con los entendimientos de los que hacemos gala, las aprehensiones orgullosas de los cines que hemos hollado con seguridad y con las puestas a punto, confrontadas, de las barreras que todav\u00eda hoy necesitamos ir capeando cuales vientos contendientes en pos de dilucidar las operaciones de un cineasta, Mircea Daneliuc, cuya obra de 1980 milagrosamente no censurada por el r\u00e9gimen de Nicolae Ceau\u0219escu, entramado de sentido que se nos aparece al azar, precedido de una m\u00ednima elecci\u00f3n, dista innumerables millas de ser inocente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acogiendo en la medida de lo posible, cabalmente, las condiciones en las que una producci\u00f3n cinematogr\u00e1fica de inescapable car\u00e1cter estatal lograba mostrarse al p\u00fablico, pensamos antes de todo en las pruebas materiales de las que los cineastas m\u00e1s avezados se sirvieron a lo largo de toda la dictadura para intentar construir, no de cualquier manera sino con traqueteado intelecto, sagacidad, las limitaciones de indefensa personal, a la larga de sometimiento comunicativo, y una vez erigidas, mostrarlas con indirectos tejemanejes estrechamente ligados al cine como ente de desv\u00edo en su cualidad capilar. El ejemplo paradigm\u00e1tico: Lucian Pintilie y <em>Reconstituirea<\/em> (1968). Emblem\u00e1tico hoy por el arrojo en la expresi\u00f3n sin ambages de los temibles subterfugios ladinos del Estado encarnado en seres que inevitablemente delegan su ch\u00e1chara en circuitos de opresi\u00f3n circunstancial, estos minutos de pel\u00edcula que no llegan a cien valieron al cineasta rumano un largo semiexilio como <em>persona non grata<\/em>, sospechoso habitual: sus retornos fueron breves, fugaces y de corta vida, hasta los incidentes en cadena de Timi\u0219oara, ca\u00edda de los Ceau\u0219escu. Pasados los a\u00f1os, pudo volver a pisar su tierra con una m\u00ednima entereza, sin embargo, fue ya imposible borrar la marca de cineasta transeuropeo, y esto marc\u00f3 el devenir del resto de su trayectoria. En <em>Reconstituirea<\/em> los viajes alrededor del Viejo Mundo no hab\u00edan empezado para Pintilie, y la escenificaci\u00f3n de sus ficciones bordeaba alrededor lo indirecto de lo decible: el sonido adquir\u00eda, incluso m\u00e1s que en ninguna otra cinematograf\u00eda coet\u00e1nea, la mayor justificaci\u00f3n para provenir <em>de fuera<\/em>, ser una tenue declamaci\u00f3n de una rueda centr\u00edpeta donde cada silbido, chapoteo en el agua, comando de comprobaci\u00f3n, formaba parte de un todo que se nos escapaba como espectadores, lanzados desde el comienzo hacia una construcci\u00f3n que se va reconstituyendo con los minutos, obligados a hacernos un mapa mental del lugar, emplazamiento natural, terrestre, mundano, del que Pintilie no nos dejar\u00e1 huir hasta finalizar el metraje. Una dispersi\u00f3n transgredida por la fuert\u00edsima concentraci\u00f3n de una algarab\u00eda de circunstancias que desde fuera del encuadre viene a bocetar una tarde cualquiera donde elegido un mecanismo estatal casi banal \u2500un rodaje laxo en pos de escenificar una reyerta reciente; dar ejemplo; que no se repita\u2500, terminaremos casi asediados, confundidos, al ven\u00edrsenos encima sin sospecharlo a las claras el agobio del mundo prof\u00edlmico que al principio de los minutos parec\u00eda darnos lugar a una grata indefinici\u00f3n, comicidad negra, regocijo en la autoconciencia rumana de su propia condici\u00f3n. Resulta peligroso atrapar al espectador y luego liberarlo en medio del barro. Pintilie no aprender\u00e1 la lecci\u00f3n pero pagar\u00e1 la multa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Daneliuc retoma las ense\u00f1anzas que han hecho del cine rumano moderno una excepci\u00f3n incluso para su propio pa\u00eds, m\u00e1s all\u00e1 de una Nueva Ola pasajera \u2500de fruici\u00f3n entre finales de los 60 y principios de los 70, m\u00e1s compleja que una mera recolecci\u00f3n de lecciones de la modernidad del Oeste continental, como as\u00ed lo atestiguan los filmes de Mircea S\u0103ucan\u2500, emparent\u00e1ndose con la radicalidad est\u00e9tica m\u00e1s entrometida en las narices de las instituciones mismas. <em>Prob\u0103 de microfon<\/em> supone la coalescencia de una forma cambiable de enfrentarse al mundo auditivo, visual, de la sociedad que le circundaba y que para darle de comer jam\u00e1s encontr\u00f3 en el rumano un arma fiel: rebelde de nacimiento, educado en la buena ascendencia francesa, enemistado con las escuelas de cine del r\u00e9gimen y buen conocedor, por pr\u00e1ctica propia, del correcto, aseado, documental estatal. Insistente en sus luchas con el aparato censor, algunos de sus filmes, como este que nos ocupa, lograron pasar la revisi\u00f3n, e incluso se nos antoja que por \u00edntima uni\u00f3n con su montadora, Maria Neagu, y selecci\u00f3n sin derroche de material a montar, ni un solo corte del filme parece impuesto externamente, es m\u00e1s, y aqu\u00ed reside parte de la inquietud que le subyace, si algo fue cortado, el avance mental de una estructura pensada de antemano pero moldeada por experiencias de campo semeja tan imbricado en la contextura del pensamiento que lo concibi\u00f3, de las f\u00e1bricas, carreteras, dormitorios estrechos, internados femeninos, que un corte ser\u00eda por supuesto sustantivo, pero no har\u00eda m\u00e1s que acrecentar esa invasi\u00f3n conc\u00e9ntrica de la mirada a la que uno se ve abocado, tambi\u00e9n a nivel sonoro, al sentar delante de su rostro el largometraje de Daneliuc.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estos juegos con el \u00edndice tan cuidadosamente reasentado para el espectador abotargado de <em>Reconstituirea <\/em>adquieren aqu\u00ed una nueva forma: un rechazo entre la necesidad, la coyuntura y la astucia, por cautela, de un cineasta que decide inmiscuir \u2500lo ven\u00eda haciendo desde sus primeras incursiones en la ficci\u00f3n: <em>Cursa<\/em> (1975)\u2500 su propio cuerpo, rostro, biograf\u00eda, socia \u2500Tora Vasilescu\u2500, experiencias previas de militarizaci\u00f3n, trabajos furtivos como documentalista televisivo, discusiones eternas que circundan cada \u00e1mbito de la sociedad rumana, el privado, entre familia, la cual convive con el hijo en pisos apretujados, incapaz cada parte de buscar una independencia completa, el \u00edntimo, al irnos a la habitaci\u00f3n donde las parejas discuten las diversas pertinencias que les ata\u00f1en, y el estatal, camuflado, expuesto, en extractos de situaciones, circunstancias, reales, de la Ruman\u00eda de la d\u00e9cada entrante, nueve a\u00f1os antes del fin de ese empecinado estado de las cosas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una ficci\u00f3n cuya tenue apariencia de disfunci\u00f3n o desubicaci\u00f3n, que uno siente con respecto a ella, con respecto a su captaci\u00f3n de los signos que le ofrece, hace poco m\u00e1s que seguir pausadamente un camino en zigzag, con rigor de obrero del r\u00e9gimen que no puede andarse con rodeos, fiel en su retrato a contradicciones y trabajos de campo que pueblan su existencia echada a valer a plazos. Al juntar estos retazos de diferentes registros circundando o concerniendo directamente a Daneliuc\/Nelu Stroe, el filme se constituye como una serie de distra\u00eddas escenas sin aparente soluci\u00f3n de continuidad indicial \u2500luego veremos que los \u00edndices militan entre cortes que ofrecen, en todo caso, poca seguridad para entender un plano de apertura a la manera de un plano de situaci\u00f3n\u2500, siendo fiel a cada paso y procedimiento de un Daneliuc a punto de cumplir cuarenta a\u00f1os, trabajador de la televisi\u00f3n estatal y enredado en un extra\u00f1o <em>m\u00e9nage \u00e0 trois<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al no condimentar nada, ya el mismo comienzo se nos presenta en expansi\u00f3n en cascada, una oleada de se\u00f1ales, indicaciones, en una estaci\u00f3n de tren, en planos detalle, conjuntada con las reacciones de pasajeros ante el tabl\u00f3n de llegadas y salidas, mientras que diferentes voces en <em>off<\/em>, en su mayor\u00eda femeninas, nos relatan historias de abuso relacional. Los cr\u00e9ditos con los diferentes miembros de la camarilla del filme se sobreimpresionan sobre estos planos y circulan por el cuadro, desapareciendo a la izquierda. La primera impresi\u00f3n, por tanto, es la de que aqu\u00ed<em> todas las voces suenan<\/em>. Este hecho, que podr\u00eda hacer imaginar al lector una suerte de barullo, cacofon\u00eda f\u00edlmica orgullosa por impudencia de poder salirse con la suya, no se encarna as\u00ed en <em>Prob\u0103 de microfon<\/em>. Estamos lejos de un naturalismo exacerbado en hip\u00e9rboles desgranando con humor entre desesperado y amargo las vicisitudes tragic\u00f3micas del ciudadano rumano, el filme de Daneliuc posee las voces, y todas suenan, pero bajo una estructura expeditiva que no se presenta ni viste traje de gala al no hacerle falta mientras avanza porque su \u00fanico objetivo es darse pie, existir, desarrollarse, encarnarse a trav\u00e9s del montaje con urgencia, la que usa las herramientas del periodismo, de la filmaci\u00f3n acuciante, los medios que en otras circunstancias servir\u00edan para encubrir, disimular, en este caso poniendo en cambio las cartas sobre la mesa: un espectador podr\u00e1 ver los equipos de televisi\u00f3n, las c\u00e1maras, los micr\u00f3fonos, la utiler\u00eda de iluminaci\u00f3n, la mec\u00e1nica que <em>construye<\/em> la noticia. Al juntar todos estos estratos, archivos recuperados sin apilarse uno encima del otro aplast\u00e1ndolos, tenemos la sensaci\u00f3n de que estamos ante un filme sin capas, en el que la operaci\u00f3n de indagaci\u00f3n m\u00e1s profunda solo traer\u00eda frustraci\u00f3n a un espectador acostumbrado, por ejemplo, a de que los relatos de urbanitas frustrados se llegue a una suerte de clarividencia sentimental, por funesta que sea, como en los irreprochables filmes de Pialat. La operaci\u00f3n aqu\u00ed se acerca m\u00e1s a la de juntar lo que el Estado hab\u00eda separado, las enunciaciones, los testimonios; por separado, son meros <em>trozos de vida<\/em>, juntos, la voz y el cuerpo, ambos de una procedencia diferente, irreconciliables, conciben una idea nueva en la mente del que ve y escucha. Esta mezcla de formatos, donde puede valer desde el Super-8, los 16 mm, el propio rollo de pel\u00edcula, los extractos en v\u00eddeo de la TV, mostrados en choque, colapsa de frente con una romantizaci\u00f3n de los tiempos, incluso aunque su melancol\u00eda insinuase un claro desencanto: <em>la revoluci\u00f3n es como una mujer sin sonrisa<\/em>. Un filme memorable como <em>Gioconda f\u0103r\u0103 sur\u00ees<\/em> (Malvina Ur\u0219ianu, 1968) as\u00ed <em>eleg\u00eda<\/em> filmar Ruman\u00eda. Apoy\u00e1ndose, como ven\u00edamos diciendo, en otra tradici\u00f3n m\u00e1s esquel\u00e9tica al no haber una gran variedad de <em>camaradas<\/em> auxiliando ni oportunidades para desarrollarla, Daneliuc conf\u00eda en una escenificaci\u00f3n cruda, tosca, donde el ojo podr\u00e1 sentirse sinceramente agredido mientras no se le esconde la pobreza de la realidad que tiene si mira a los lados, y sinceramente agradecido, o confundido, por ofrecerle desde diferentes puntos de vista, confiando en un foco sol\u00edcito, las herramientas que reconstruyen a cada segundo de subsistencia su ficci\u00f3n de realidad. Ense\u00f1anzas de verismo que recoger\u00eda Alexandru Tatos, en lo concerniente a la mostraci\u00f3n de materiales de derribo puestos a la contra del pueblo rumano. Nos referimos a <em>Secven\u0163e<\/em> (1982), mucho m\u00e1s que una versi\u00f3n deprimente de <em>La nuit am\u00e9ricaine<\/em> (1973): no hay diferencia de entusiasmo, s\u00ed de direccionalidad, el filme de Truffaut avanza hacia un n\u00facleo ensimismado de cinefilia, el de Tatos quiere escapar hacia fuera mientras se pueda salir con la suya, llegar hacia el que habitualmente no participa de los susodichos materiales, t\u00e9cnicos, electivos, que asimismo usa el filme de Daneliuc.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por estas maniobras indirectas acogidas en un <em>d\u00e9coupage<\/em> que cuestiona su propio punto de vista en una duplicidad d\u00factil, el filme cubre desde la angulaci\u00f3n cambiante un espectro de visi\u00f3n que parece escapar a la simple<em> mirada<\/em> de director con personalidad aprehensible. Poni\u00e9ndose en cuesti\u00f3n y extendi\u00e9ndose sobre la vibrante tela de un cine que redirige sus balas autom\u00e1ticas hasta un objetivo claro, no lo veremos hacer aparici\u00f3n hasta el acto final, la inserci\u00f3n del individuo en una formaci\u00f3n militar infinitamente retrasada, que parece haber estado siempre ah\u00ed, dispuesta desde cientos de despachos para trocar el fusil de informaciones estatales en una consecuci\u00f3n directa a una esclavitud orgullosa, centr\u00edpeta y letal; al irse amontonando horizontalmente, sin apilarse, las im\u00e1genes a distancia variable que propone Daneliuc, se acumulan sin pisarse, contradici\u00e9ndose, tantas impresiones, hechos, nada m\u00e1s que hechos, reflexiones tan abundantes y de una reciprocidad ambigua, que terminamos alcanzando una vaga noci\u00f3n, cada vez haci\u00e9ndose m\u00e1s fuerte, de que el filme ha llegado al l\u00edmite de lo decible, de lo considerable, de aquello que se puede deliberar, en cualquier sociedad oprimida, en cualquier sociedad, dir\u00edamos. Apartando los sentidos de todas las cavilaciones pol\u00edticas, c\u00ednicas, derrotistas, sentimentales, que pueblan <em>Prob\u0103 de microfon<\/em> \u2500tres sentimientos haci\u00e9ndose la guerra uno a uno\u2500, solos de nuevo en la estaci\u00f3n, y solo de nuevo Daneliuc, avanzan casi por defecto, personaje, filme, discurso, t\u00e9cnica, hacia la centralizaci\u00f3n de la mirada, una claustrof\u00f3bica celos\u00eda inversa de una limpidez geom\u00e9trica que el filme no hab\u00eda conocido hasta entonces; corremos, caemos, hacia la pronta y venenosa subestandarizaci\u00f3n de las cosas del mundo, formando fila, actuando como subfusiles que no se consumen a s\u00ed mismos como los objetos o personas filmados en un filme de Godard, que parecen terminar su funci\u00f3n cuando acaba un plano \u2500la rueda de una bicicleta rematar\u00e1 el giro antes del corte, la sonrisa de un cr\u00edo ultimar\u00e1 su esbozo en la vida de un encuadre\u2500, lo que hacen no podr\u00eda subsistir con tanta independencia en un filme que busca estos subterfugios, recordemos, la mera subsistencia en el presente de un material as\u00ed significa, conlleva, haber atravesado cientos de escollos para que el metraje no fuese escondido, tirado a la basura, o directamente puesto a arder en el humo de los pensamientos indiscretos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Daneliuc piensa aqu\u00ed de una manera interjectiva, popularmente \u2500el pueblo rumano siempre a medio camino entre el estupor y la conciencia inflada de s\u00ed mismo\u2500, una puesta a punto de las distancias que termina, gracias a Dios, espacializando la casa del cine, reacomodando con cosquillas inc\u00f3modas algo m\u00e1s que una cr\u00edtica al r\u00e9gimen, algo m\u00e1s que un simple cuento de fervor extramarital salpicado de testimonios veraces de obreros y campesinos, pero algo menos, por suerte, que una l\u00facida s\u00e1tira de la televisi\u00f3n estatal te\u00f1ida de apariencia de falso documental; el reportaje, aqu\u00ed, est\u00e1 plenamente formalizado, problematizado simplemente haciendo al espectador consciente del recorrido que uno tarda en ir de un sitio a otro para filmar algo, de c\u00f3mo un metraje inofensivo de una familia persiguiendo a su perro \u2500se bromea con filmar a lo Lelouch\u2500 puede ser transformado el domingo siguiente en un paneg\u00edrico absurdo de amor a los animales al emitirse por la televisi\u00f3n, mero <em>muzak<\/em> entre pico y pala. Ya no es solo la televisi\u00f3n lo que se filma aqu\u00ed, la que termina por agrietarse. Caen las balas, se muestran las grietas, pero la representaci\u00f3n agujereada supera, se niega a extralimitarse hacia una \u00fanica forma de control, lo que dejar\u00eda al filme en una simple coyuntura atrevida, alabable por situaci\u00f3n temporal e hist\u00f3rica. No hablamos de filmar el conjunto de televisiones supervisadas por mano de hierro, sino de introducirnos dentro de los propios comandos que terminan cortando hasta nuestra propia visi\u00f3n parcial del mundo: una transici\u00f3n, la de la televisi\u00f3n codificada, la que no transmite, que permear\u00e1 el tercio final del filme, partiendo escenas, secuencias, como un vinilo cuya aguja queda atascada, violentaci\u00f3n dif\u00edcilmente conmensurable con el lenguaje, una serie de desconexiones, apagones, que niegan la transici\u00f3n misma, nos recolocan en un paisaje donde las luces del pensamiento solamente pueden reflexionarse hasta la siguiente orden, desde que la periodista enuncia en alto que el micr\u00f3fono est\u00e1 haciendo pruebas hasta que el c\u00e1mara dicta su certero<em> corten<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A medida que otros pa\u00edses del bloque oriental iban quemando etapas, redefiniendo su mal llamado comunismo, rescatando a sus previos m\u00e1rtires ejecutados como ejemplos de conducta, el Estado permit\u00eda filtrarse una parte de la historia colapsada, una d\u00e9cada perdona los <em>pecados<\/em> de los rebeldes fallecidos y los redime en emulsiones fotosensibles, aunque de ra\u00edz, la subversi\u00f3n, el ataque frontal, ser\u00e1n casi siempre borrados, encajonados. Solo as\u00ed nos podemos explicar que Hungr\u00eda, a pesar de haber lidiado con la censura de forma insistente, lograse historiar, parcial pero contundente, sus propios hitos, incluso etapas oscuras \u2500la era R\u00e1kosi\u2500, ya entrados los 80. Antes de las variadas revoluciones de 1989, los h\u00fangaros hab\u00edan pose\u00eddo la irresoluta licencia de contarse a los ojos del mundo. Ruman\u00eda, en los tiempos en los que Daneliuc luchaba su independencia a cal y canto, no pod\u00eda consentirse tal <em>lujo<\/em>, atrapada en un presente de rostros ocultos, trajes fuera de campo, fuera de la ficci\u00f3n, una Securitate invisible. El retraso se habr\u00e1 de notar al derramarse la historia del taz\u00f3n, cuando la revoluci\u00f3n establezca una tajadura clara y el cine deje aparecer al inconsciente cabreado, alma desabrigada, mostrarse ordinario y parad\u00f3jico comenzados los 90, manteni\u00e9ndose a\u00fan hoy este estado vacilante.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-2.jpg\" alt=\"Proba de microfon Mircea Daneliuc 2\" width=\"1024\" height=\"576\" class=\"aligncenter size-full wp-image-6160\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-2.jpg 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-2-300x169.jpg 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-2-768x432.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-3.jpg\" alt=\"Proba de microfon Mircea Daneliuc 3\" width=\"1024\" height=\"576\" class=\"aligncenter size-full wp-image-6161\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-3.jpg 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-3-300x169.jpg 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Proba-de-microfon-Mircea-Daneliuc-3-768x432.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Microphone Test [Prob\u0103 de microfon] (Mircea Daneliuc, 1980) Entonces nadie pod\u00eda imaginar todav\u00eda que tuvieran un lenguaje secreto y que los ladridos, cuando estaban encerrados, los ara\u00f1azos en la madera y los golpecitos con las<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26,367],"tags":[91,985,986,132,47,131,977,978,77,989,975,982,981,976,984,983,980],"class_list":["post-6157","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criticas","category-revista","tag-91","tag-alexandru-tatos","tag-claude-lelouch","tag-francois-truffaut","tag-jean-luc-godard","tag-la-nuit-americaine","tag-lucian-pintilie","tag-malvina-ursianu","tag-maurice-pialat","tag-microphone-test-proba-de-microfon","tag-mircea-daneliuc","tag-mircea-saucan","tag-reconstruction-reconstituirea","tag-rumania","tag-sequences-secvente","tag-the-long-drive-cursa","tag-the-mona-lisa-without-a-smile-gioconda-fara-suris"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6157"}],"collection":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6157"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6157\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6242,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6157\/revisions\/6242"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6157"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6157"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6157"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}