{"id":818,"date":"2021-03-20T10:00:38","date_gmt":"2021-03-20T10:00:38","guid":{"rendered":"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=818"},"modified":"2023-05-04T18:05:59","modified_gmt":"2023-05-04T18:05:59","slug":"disidencia-controlada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/?p=818","title":{"rendered":"DISIDENCIA CONTROLADA"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang4.png\" alt=\"Kong bu fen zi (The Terrorist) 4\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-857\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang4.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang4-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang4-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang4-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><strong><em>The Terrorizers<\/em><\/strong><strong> [<em>Kong bu fen zi<\/em>] (Edward Yang, 1986)<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Quiz\u00e1 cuando vagabundeamos sinti\u00e9ndonos extranjeros podemos llegar a ilusionar una perspectiva de identificaci\u00f3n, c\u00f3nica o cenital, entre la urbe y sus calles. Por diversi\u00f3n, nos permitimos olvidar que el sentimiento no se arquitectura en la fachada. En cambio el oriundo, quien hace vida all\u00ed de punto A a punto B, la imagina, recorre, sufre, habita y prev\u00e9 m\u00e1s bien como una colecci\u00f3n de interiores. Estancias donde se trabaja y se es servil a la vez que suspicaz, otras introspectivas, de recogimiento privado, la mayor\u00eda compartidas ni tuya ni m\u00eda, algunas fugaces donde se busca practicar el amor; habit\u00e1culos proclives a rebosar de expectativas, par\u00e1lisis y deseos como un balde ciego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En <em>Kong bu fen zi<\/em>, tercer filme de Edward Yang en solitario, el imaginario de extrarradio de Taip\u00e9i est\u00e1 conformado, en su mayor parte, por estos espacios interiores, acaparadores de mentes. La percepci\u00f3n de la calle, incesantemente amenazada por el drama incubado entre cuatro paredes, hace temer la puerta, girar la esquina, la siguiente parada \u00bfsomos los perseguidores o nos est\u00e1n persiguiendo? Salimos terrorizados de casa. De hecho, los pocos planos generales mostradores del asfalto, de los edificios muro que configuran el paisaje arrabalero taipeiano se nos abren desde una \u00f3ptica tan perif\u00e9rica que logran ocultar la soberbia vastedad de la ciudad que, aunque lejos, sabemos se yergue ah\u00ed detr\u00e1s maquinando el futuro. As\u00ed, el extrarradio mapeado por Yang es tambi\u00e9n una pieza relativamente cerrada de la ciudad (es dif\u00edcil salir de all\u00ed), no perteneciente ni a ella misma (dependiente de la <em>autopoiesis<\/em> del centro), todo lo contrario a los valores de identidad nacional a los que aquella Taiw\u00e1n de mediados de los ochenta aspiraba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab2000 a\u00f1os de pobreza y luchas despu\u00e9s\u2026 a una ciudad llamada Taip\u00e9i solo le llev\u00f3 20 a\u00f1os llegar a ser la m\u00e1s rica de las ciudades del mundo\u00bb (<em>A Confucian Confusion<\/em>, Yang, 1994). Para ello, primero debieron resignificar la isla como algo m\u00e1s que un puesto de avanzada militar japon\u00e9s, luego proyectar una especificidad chino-taiwanesa desde cero. Durante alg\u00fan tiempo, de Estados Unidos obtuvieron protecci\u00f3n y subvenci\u00f3n, ingl\u00e9s y b\u00e9isbol, de Jap\u00f3n, la publicidad, lentes Canon, Fujifilm y Nikon. En trueque por renunciar a sus pretensiones de retomar militarmente la China continental, al Taiw\u00e1n del Kuomintang se le concedi\u00f3 el estatus de peque\u00f1o laboratorio insular donde se gestar\u00edan los cambios que luego estudiar\u00eda aplicar la Rep\u00fablica Popular China. Transformaciones de un pa\u00eds en perpetuo estado de reconocimiento limitado, abierto discrecionalmente al exterior, pretendiendo cerrarse a s\u00ed mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dadas las circunstancias que le toc\u00f3 registrar, es natural que Yang se imponga y nos proponga una relaci\u00f3n con los planos anal\u00f3gica al limbo diplom\u00e1tico. Durante los 70, el a\u00fan no cineasta permaneci\u00f3 lejos de su terru\u00f1o cursando estudios avanzados en EUA, y se siente coherente con su propia experiencia vital la necesidad de recuperar el retraso, algo de motilidad respecto a los sucesos patrios, por medio del cine. Sin remedio, partiendo del entumecimiento, el cineasta escoge recrearse en las duraciones interiores del espacio urbano, campo de dispersi\u00f3n para el ojo circunscripto al paso de las horas, donde leer en la cama o evanescerse al sue\u00f1o con l\u00e1mpara encendida y el libro en las manos; pero de repente un despabile, el peque\u00f1o trastorno que aup\u00e1ndonos veloz los p\u00e1rpados reintegra la pregunta consecuente: \u00bfqu\u00e9 ha sucedido mientras yac\u00edamos hacia dentro y no est\u00e1bamos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cualquiera de esas, el espectador reconocer\u00e1, a golpe de sucederse los minutos, la mala elecci\u00f3n, adoptar respecto a estos planos una disposici\u00f3n en demas\u00eda neutral o pasiva, pues a cada rato se nos airea la percepci\u00f3n por la ventana, despanzurr\u00e1ndonos contra los intercambios fraguados en interior \u2500de limpidez enga\u00f1osa\u2500 pero arrojados a estrellarse en la acera. Entonces, forzosamente, los espectadores de hoy nos repensaremos el haber equiparado m\u00e1s veces de las debidas lo <em>moderno <\/em>con la permisividad de una alteridad lo suficientemente generosa como para consentir al que ojea un <em>dejarse llevar<\/em>: si uno se duerme, pronto ser\u00e1 despertado por una conmoci\u00f3n decimal, debiendo recapitular los segundos donde la atenci\u00f3n, desafiada perceptiblemente en un primer vistazo, acab\u00f3 arrellanada entre causalidades de signos que comenzaron a hacerse la guerra bajo ella. Las duraciones donde en apariencia gobernaba una premeditada serenidad cotidiana ten\u00edan un extra de miedo infundado, huellas atisbables solo en retrospectiva, cuando la desembocadura nos arroja exhaustos; el espanto pasado que no supimos identificar rompe contra la percepci\u00f3n actual como oscuras olas del mar en santiamenes de desfase.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si de buen principio el espectador se previene \u2500o, mejor dicho, si se afana por terrorizarse junto con los personajes\u2500, volcar\u00e1 su visi\u00f3n actual en cada detalle sospechoso, acaudalando motivos, proyectando elipsis y fueras de campo, indagando las conexiones oficiosas entre los extrarradios de las distintas historias. Sin embargo, por tal camino comprometido \u2500el cual desde luego es el que quiere Yang que tomemos\u2500 nos aguarda un peligro a\u00fan mayor, revelado en el \u00faltimo minuto del filme, con el que nublarnos el entendimiento por nuestra esforzada audacia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es as\u00ed como la pareja principal del filme, Zhou Yufang y Li Lizhong, no consiguen pisar el mismo suelo sin rasparse ligeramente; los peque\u00f1os goteos de sangre derivados del roce en casa y el trabajo puertas afuera no los conseguir\u00e1 borrar ni el tesonero lavado de manos del marido. Acompa\u00f1ando a la escritora en pleno bloqueo, presenci\u00e1ndola mirando hacia obreros de la limpieza suspendidos quitando imaginada mugre de ventanales ya limpios, o repasando desganada las p\u00e1ginas de sus libros anteriores, recogiendo repentinamente el cenicero con la llegada del c\u00f3nyuge, etc. el espectador ideal equiparar\u00e1 la colmada premeditaci\u00f3n de los planos con un lleno hasta el borde de dramaturgia y narraci\u00f3n, existiendo solo aleda\u00f1os huecos en lo referente a la cantidad de informaci\u00f3n pasada que se nos ha sido entregada. Las preocupaciones espirituales de la novelista llegan a adquirir materialidad, y en la vacilaci\u00f3n sobre la siguiente l\u00ednea a escribir, su <em>gestus<\/em> se muestra inquebrantable, de una intranquilidad pudiente, a patente trecho de la desesperaci\u00f3n del marido. Usualmente, la transformaci\u00f3n taiwanesa relatada por el cine de Yang es una revoluci\u00f3n mixta donde los hombres lo tienen todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil que las mujeres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se atropellan dos sensibilidades, siendo el de la novelista Zhou el segundo despertar del filme, con todo, el primero plenamente registrado dentro del campo f\u00edlmico, acompa\u00f1ado, despu\u00e9s del corte, de una panor\u00e1mica hacia la izquierda, en cuya primera parada observamos a su marido Li haciendo unas flexiones comodonas en el balc\u00f3n, relaci\u00f3n puesta en escena a trav\u00e9s de un movimiento que une el dormitorio con el sal\u00f3n y la puerta de entrada, a ella sentada en la cama y a Li \u201ccalentando\u201d a punto de salir hacia el trabajo. Es el ligero reencuadre al marido, sin cortar el plano, mediante la traslaci\u00f3n del aparato, el que da pie a un ligero quiebre; se inicia el contraplano que conduce al tanteo matrimonial: el ponme esto a lavar, inquisiciones repelentes, la insinuaci\u00f3n de una avalancha de dudas\u2026 a Li se le acumulan las perplejidades sobre c\u00f3mo interpretar la desidia de la esposa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una disincron\u00eda segunda que prosigue la l\u00ednea del primer despertar del filme, el del fot\u00f3grafo junto a su novia (ella parece no haber dormido por haberse quedado pegada so\u00f1ando en las p\u00e1ginas de una novela). El \u00fanico plano que los muestra a los dos, antes de la chica caer rendida y que \u00e9l se levante, enmarca principalmente a la lectora atenta repechada en la cama quedando el medio rostro del fot\u00f3grafo estirado confinado a la m\u00ednima esquina derecha del encuadre. Al levantarse este, recoger su chaqueta, botas, los \u00fatiles de fotograf\u00eda e irse de casa, solo su sombra roza a la dormida mal amada. Hasta casi el minuto cinco no veremos a dos personas enteras juntas en cuadro, y cuando lo hagamos ser\u00e1 para contemplar brevemente a un polic\u00eda de paisano teniendo que desistir de ayudar a un compa\u00f1ero ca\u00eddo ante la superioridad de fuego de los delincuentes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ha sido expuesta la discrepancia, el comienzo del proceso de terrorizaci\u00f3n que acabar\u00e1 intoxicando las relaciones del c\u00edrculo de clases conformador del metraje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En este circuito de insinuaciones, retaguardias y p\u00e1nico comprobamos que cada personaje pasa por la experiencia de relatarse ostensiblemente aislado del interlocutor, forzado a hacerlo incluso aunque la cr\u00f3nica sea secuestrada en el hogar familiar y acallada, obligada a condensarse en una mirada f\u00fatil de desd\u00e9n de un rebelde del Dios Ne\u00f3n hacia sus padres. Se terroriza desde el pat\u00e9tico recogimiento, detestado a base de reencontrarlo cuando se querr\u00eda revolotear en zigzag, pues es en el desamparo de la irremediable frontalidad \u2500Shu An en arresto domiciliario por parte de mam\u00e1, resentida institutriz abandonada con su malcriada primog\u00e9nita, tropezando frustrada con obst\u00e1culos cotidianos interpuestos por la tutora con el objetivo de impedir el torrente terrorizador de sus fuerzas (la puerta bloqueada, el tel\u00e9fono con candado, llaves confiscadas)\u2500 donde uno entiende que si no puede avanzar porque el muro es demasiado talludo, al menos le resta la posibilidad de agujerear algunos ladrillos; la falsa ilusi\u00f3n de progreso personal en un pa\u00eds tan sobradamente <em>encaminado<\/em> como para sentir la necesidad de echar atr\u00e1s la mirada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La confesi\u00f3n de Zhou hacia su exnovio, futuro amante, sobre la inestabilidad de su matrimonio y su crisis creativa, arrimados ambos contra un agradable paisaje primaveral, da testimonio del paso previo al asalto frontal, una frivolidad impl\u00edcita en el despliegue de incertidumbres, filmada de modo que, de izquierda a derecha, veamos una porci\u00f3n \u00ednfima del brazo zurdo del editor, a la mujer en plano medio y, ocupando la mitad del encuadre, un \u00e1rbol del que no alcanzamos a ver las hojas. Confesi\u00f3n terminada, un corte por movimiento de la novelista que se voltea compungida no logra camuflar la agresividad del reencuadre que no cambia el tama\u00f1o, pero s\u00ed la posici\u00f3n, ahora lo suficientemente adyacente hacia la izquierda como para que el hombre pueda ser encuadrado, dejando, por el contrario, una leve fracci\u00f3n de su brazo derecho fuera. En el primero de los planos, \u00e9l no hab\u00eda ni siquiera pronunciado palabra, y es en el segundo cuando todas las condescendientes y babosas r\u00e9plicas saldr\u00e1n de su boca y de ninguna otra. El espacio se ensancha, pero el afecto no es recibido, la terrorizaci\u00f3n extramarital que debiera ser dulce no cuaja, m\u00e1s bien choca, cae dispers\u00e1ndose en la escena siguiente: ambos recogidos como motivo principal sobre la cama del var\u00f3n, en lo que entendemos como los momentos posteriores al coito, retomado tras tantos a\u00f1os separados. Al terminar una breve charla de pasados contrapuestos, cada uno se pondr\u00e1 en marcha en sus respectivas composiciones, para culminar con un plano-contraplano totalmente frontal donde la mirada de ella, muda, posterior a la temporal negativa con respecto a la oferta de trabajo brindada por su amante, se derrama secamente sobre el semblante del hombre. Periodo de equ\u00edvoca uni\u00f3n, alcanzado desde el pi\u00e9lago insular, pr\u00f3logo a todo el ciclo de arrumacos y violencia.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang1.png\" alt=\"Kong bu fen zi (The Terrorist) 1\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-855\" \/><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang2.png\" alt=\"Kong bu fen zi (The Terrorist) 2\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-854\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Horadar la estabilidad del pr\u00f3jimo cercano, o de cualquier fulano encontrado en la encrucijada de una zona comercial, tanto da; no se trata de filmar casualmente un abanico de posibilidades desde donde venirse abajo, sucumbir al fantasma del florecimiento econ\u00f3mico o resistir estoicamente, sino de, en primer lugar, estar ah\u00ed, para luego volver sobre los propios pasos dando a conocer la pisada en sus zancadas hacia adelante, a la zaga. As\u00ed se llega a contemplar un tr\u00e1fico en presente de signos titubeantes y resueltos, que tan pronto hacen el amor como acuchillan en el mismo hotel, una y otra vez; estos personajes se han enclavado en la carretera \u2500en <em>Taipei Story<\/em> (Yang, 1985) a\u00fan pod\u00edamos subir a la azotea y darnos el lujo moment\u00e1neo de percibir la ciudad como un hormiguero, mientras que en <em>The Terrorizers <\/em>la luz que entra por la ventana quema, pero una vez en la calle es gris, no acompa\u00f1a\u2500, y en un atasco uno empieza a familiarizarse demasiado con el volante, se transforma en alguien seguro de m\u00e1s al centrarse en su subjetividad persecutoria, vulnerable, sin embargo, ante la mir\u00edada de chasis que querr\u00edan chocar con \u00e9l por el mero colmarse de su deseo indefinible: asegurarse un puesto de trabajo, publicar la siguiente novela de bolsillo, evitar el servicio militar, enamorarse de la cautiva coronando la trivialidad de ni\u00f1o rico con piscina y dinero ajeno que malgastar\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No obstante, dichos personajes no podr\u00edan aparec\u00e9rsenos como s\u00edntomas de un tiempo, pues ellos forman las cuatro estaciones, albergan una porci\u00f3n no cuantificable pero completa que, puesta al lado de todas las dem\u00e1s, no podr\u00eda darnos m\u00e1s que una peque\u00f1a idea, una noci\u00f3n ruda, de lo que est\u00e1 en juego en una calle de Taip\u00e9i a las siete de la ma\u00f1ana. La conclusi\u00f3n de un proceso de terrorizaci\u00f3n, tambi\u00e9n preludio del siguiente, suerte de despertar al que afluimos sin previo aviso, procedimiento que nos concierne; si <em>nos dejamos llevar<\/em>, estamos perdidos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang3.png\" alt=\"Kong bu fen zi (The Terrorist) 3\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"aligncenter size-full wp-image-856\" srcset=\"https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang3.png 1280w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang3-300x169.png 300w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang3-1024x576.png 1024w, https:\/\/unatumbaparaelojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Yang3-768x432.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">ASSAYAS, Olivier. <em>Edward Yang y su \u00e9poca<\/em> en \u201c<em>Presencias, escritos sobre cine<\/em>\u201d. Ed: Monte Hermoso; Buenos Aires, 2019. <\/p>\n<p align=\"justify\">LIU, Catherine. <em>Taiwan\u2019s Cold War Geopolitics in Edward Yang\u2019s<\/em> The Terrorizers en \u201c<em>Surveillance in Asian Cinema Under Eastern Eyes<\/em>\u201d. Ed: Routledge; Nueva York, 2017. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>The Terrorizers [Kong bu fen zi] (Edward Yang, 1986) Quiz\u00e1 cuando vagabundeamos sinti\u00e9ndonos extranjeros podemos llegar a ilusionar una perspectiva de identificaci\u00f3n, c\u00f3nica o cenital, entre la urbe y sus calles. 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