Una tumba para el ojo

(1) y (2) “Diccionario de tópicos, lugares comunes e ideas recibidas” por José María Latorre; de la A a la E

Dirigido por… sección Travelling
José María Latorre

(1) Nº 242 ─ Enero 1996  

«Mire usted, como la realidad siempre supera a la ficción y vale más una imagen que mil palabras, a la hora de la verdad rompo una lanza por aquella asignatura pendiente que significó otra vuelta de tuerca e impidió que se fueran de rositas y pudiéramos vivir la crónica de una muerte anunciada». Por supuesto, esta frase es una exageración, pero probablemente sonará familiar a oídos de cualquiera que alguna vez en su vida haya tenido la ocurrencia desdichada de perder un rato de su vida escuchando una tertulia radiofónica o haya intentado leer artículos periodísticos sobre temas políticos. Estamos en el terreno de las frases hechas, del lugar común, de los tópicos, de los clichés, de los «latiguillos» (Academia Española: expresión sin originalidad, empleada frecuentemente en la conversación), de las ideas recibidas, que tan a menudo sirven para ocultar la pereza mental, para rechazar el noble ejercicio de la dialéctica y para demostrar la escasa o nula capacidad intelectual de quienes así se expresan. Se trata de una práctica que también resulta habitual en el ejercicio de la crítica de cine y en la que todos hemos caído alguna vez en mayor o menor medida. Por eso me ha parecido oportuno ofrecer a los lectores de Dirigido una especie de diccionario de tópicos, lugares comunes, ideas recibidas, o latiguillos, con el doble propósito de ofrecer un entretenimiento para horas sombrías y advertir sobre la necesidad de andar con cuidado a la hora del uso de palabras, etiquetas y clichés que aburren ya hasta a las piedras. Se trata de una selección y, por lo tanto, el diccionario queda abierto a añadidos ulteriores. Debo la idea a la feliz ocurrencia de monsieur Gustave Flaubert, quien, al término de su «Bouvard y Pécuchet», insertó un «Diccionario de las ideas recibidas» que, todavía hoy, no tiene desperdicio (cuatro ejemplos: jansenismo: no se sabe lo que es, pero resulta elegante hablar de él; prosa: es más fácil de escribir que los versos; Maquiavelo: no haberlo leído, pero considerarle un canalla; feudalismo: no tener una idea exacta de lo que fue, pero denigrarlo).

Dos advertencias. Hace algún tiempo le hablé de este proyecto a Antonio Weinrichter, quien se mostró interesado en colaborar. La tarea tuvo que ser pospuesta en diversas ocasiones y ahora que me decido a afrontarla él no puede hacerlo. No obstante, me hizo varias sugerencias, que he incluido; en estos casos, al final de la entradilla constan sus iniciales. La segunda advertencia es que he creído interesante incluir también algunas (pocas) entradillas referentes a films de los que siempre oímos comentar lo mismo.

A tumba abierta: Mediante este arrebato, más siniestro que lírico, el crítico trata de advertir a sus lectores que un cineasta ha rodado con valentía una película «sincera, rigurosa y difícil».

Adaptaciones (literarias): Cuando la adaptación está rodada por un realizador que le gusta al crítico, éste suele decir que «el autor (es decir, el realizador) la lleva a su propio terreno». De Vicente Aranda se dice que es un experto en adaptaciones. Si la película está filmada por Welles, es mejor decir que éste se inspiró en la novela (o en la obra de teatro), que parece más fino y culto, más importante, más de autor en suma. «Una cosa es la novela y otra el film». Correcto: pero en tal caso, ¿por qué hay críticos que, al comentar una película que es una adaptación, llegan al extremo de atribuir al realizador temas, ideas ¡e incluso diálogos! que provienen del contenido de la obra adaptada (está claro que no se trata del estilo), en vez de interesarse por su labor real? Por poner un ejemplo tradicional, Mackendrick y Viento en las velas, excelente película en la que los críticos suelen atribuir al director la idea de la crueldad de la infancia, como si Richard Hughes sólo fuera un nombre más dentro de la ficha técnica.

Alegato-apología: Hay que aprender a distinguir entre apología y alegato. Se hace apología (vergonzosa siempre) de algo «malo» y alegato (furioso y feroz, generalmente) contra algo «malo»: no se hace apología de una buena causa [A.W.].

Alíen: Decir que es lovecraftiana. Repetir, sin citar la fuente, que la nave espacial «Nostromo» se asemeja a un castillo medieval: puede haber alguien que no se enterara de quién lo escribió o dijo primero y, así, pasará como de cosecha propia.

Allen, Woody: Está muy influido por Bergman y Fellini. De joven fue un cómico vulgar, línea Playboy; pero con la madurez ha rodado sus mejores films, a excepción de Sombras y niebla, que es un fracaso. Le gusta tocar el clarinete.

American way of life: Lo que «fustigan» algunas películas.

Americano medio: Especie humana observada por los cineastas, al decir de algunos críticos, con microscopio o bisturí. Hablar de él con superioridad.

Antonioni, Michelangelo: Cineasta de la incomunicación. Autor de una trilogía. Hoy está injustamente olvidado.

Apocalypse Now: Imprescindible mencionar (volver a mencionar, mencionar siempre, una y otra vez, infatigablemente, por si acaso alguien no se hubiera dado cuenta o jamás lo hubiera visto, oído o leído) la secuencia de los helicópteros a los sones de la cabalgata de las Walkyrias. Sobre todo, no hay que olvidar añadir ─por si alguien puede sospechar que el crítico no ha leído la novela─ que se trata de una adaptación personal de El corazón de las tinieblas de Conrad, para luego evitar cuidadosamente toda referencia a ella para que no se descubra que realmente no ha sido leída.

Artesano: Se decía de aquellos realizadores a quienes los críticos de cine no consideraban autores; pero se trata de una especie en vías de extinción, pues actualmente todos los realizadores de cine son considerados y tratados como autores por los críticos. Lo curioso es que aunque ─raramente, eso sí─ en alguna crítica de un film actual salga a relucir la palabra artesano, se sigue hablando del director de esa película en términos de autor.

Asalto a la comisaría del distrito 13: No hay que desanimarse porque llevemos veinte años oyendo citar Río Bravo cada vez que se habla de esta película; seguir haciéndolo imperturbablemente.

Autor: El realizador cinematográfico.

Berlanga, Luis G.: Erotómano. Cine coral (aplíquese alegremente a todas las películas sin un protagonista claro, por ejemplo, Los amigos de Peter) [A.W.].

Binoche, Juliette: Vulnerabilidad. Sensibilidad extrema.

Bisturí: No, no es el del cirujano. Al decir de los fans de algunos «autores», éstos utilizan la cámara (o la planificación) como un bisturí para diseccionar… (añádase aquí lo que más guste).

Bogart, Humphrey: «Si me necesitas, silba». «Bogie». Casablanca.       

Branagh, Kenneth: Decir con tono de suficiencia o de experto: «es un gran actor shakesperiano» o «es el nuevo Laurence Olivier». Después de Welles, él. Suele ser mejor cuando rueda películas de pequeño presupuesto.

Continuará

***

(2) Nº 243 ─ Febrero 1996

Una vez alcanzado el nombre de Kenneth Branagh, la segunda entrega de este pequeño diccionario empieza con el nombre de otro director, el aragonés Luis Buñuel, y se cierra este mes con la palabra entomólogo.

Buñuel, Luis: Surrealista. Cómo es posible que alguien no se haya enterado todavía, hablar de la secuencia de la navaja y el ojo en Un perro andaluz. Sus mejores películas son las mexicanas. Cada vez que guste una película española, hablar de las influencias de Buñuel en ella.

Cahiers (du cinéma): Influyó en los críticos españoles, que la copiaban.

Cámara (Film de): Película con pocos personajes y decorados, en la que se habla poco y cuyos actores suelen mirar pensativamente por la ventana. Está bien visto decirlo a propósito de Rohmer.

Casablanca: Ejemplo por excelencia de melodrama, cine popular y cine diseñado por un estudio en la edad dorada de Hollywood (Warner Bros.). Citar a menudo: «Tócala otra vez, Sam»; «este es el inicio de una gran amistad».

Casquería: Se utiliza en algunos periódicos para decir que hablan de un film «gore».

Cine: Séptimo arte. Alternativamente: «el arte por excelencia del siglo XX» o «el arte de nuestro tiempo» o «el arte más vigente del siglo». Decir (y quedarse tan fresco) cosas tan demenciales como que es el arte que ha ofrecido más obras maestras en este siglo.

Ciudadano Kane: Es la mejor película de la historia del cine…, pero me gusta más El cuarto mandamiento.    

Comedia (americana, por supuesto): La comedia es el género más difícil y el que menos aprecian los críticos, quienes no suelen votar comedias en sus listas de películas preferidas porque no parecen importantes. Es más fácil hacer llorar que hacer reír, es más fácil hacer un drama o una tragedia que hacer una comedia.

Complaciente (Nada): Se dice de las películas que, según los críticos, no son complacientes con los espectadores (es decir, también con los críticos; pero éstos saben apreciarlo).

Consecuencias: Para los críticos, siempre son las últimas («llevar hasta sus últimas consecuencias»).

Corman, Roger: «El rey de la serie B». Rodaba en pocos días y con escasísimo presupuesto.

Corrosivo: Factor, al parecer, esencial para que un crítico valore una película.

Crítica social: Se destaca en algunas críticas de cine, bien sea como propósito del autor, ya como enseñanza extraída del film, y siempre es muy aplaudida por el crítico, aunque éste no incorpore luego dicha enseñanza a su propia vida (crítica del arribismo, crítica del machismo, crítica del…).

Críticos: Todos los críticos son directores frustrados; no los leo [A. W.]. No entiendo lo que dicen. Son aburridos.

Cuarto mandamiento, El: Se suele opinar de la obra de Booth Tarkington, sin haberla leído, que es un «mediocre novelón» y que Welles la trascendió (radicalmente injusto: se trata de una obra espléndida que, por cierto, el propio Welles admiraba mucho).

Cukor, George: Hablar de que era un extraordinario director de actrices y un profundo conocedor de la sensibilidad femenina (vale decir «del alma femenina»).

Culto (película de): También llamada cult movie: nuevo género cinematográfico, instaurado en torno a los últimos años setenta y primeros ochenta, formado por films que se hacen famosos entre los cinéfilos, a menudo proyectados en sesiones nocturnas (otro nombre, detestable: golfas); no es una condición esencial, pero está bien visto que sean «graciosas», «delirantes», deudoras del comic y aparentemente dinamitadoras de convenciones (no en el fondo: véase Arizona Baby).         

Chabrol, Claude: Feroz diseccionador de la pequeña burguesía francesa. Variante: feroz diseccionador de la pequeño-burguesía provinciana francesa.

Chaney, Lon: «El hombre de las mil caras».

Chaplin, Charles: Demasiado sentimental; perdió interés con la llegada del sonoro; «me gusta más Keaton»; «lo mejor de Chaplin son los cortos».

Dama de Shanghai (La): El director Orson Welles telefonea a Harry Cohn, capo de la Columbia, y le pide que le envíe por cable cincuenta mil dólares «a cambio de una historia extraordinaria»; al lado del teléfono hay un anaquel con novelas de bolsillo y Welles coge al azar una de ellas (alegremente tildada de mediocre por quienes, como sucede a menudo, no la han leído) y le dice el título: será la futura La dama de Shanghai. Siempre que se pueda, hablar de la secuencia final con los espejos y añadir que Woody Allen la homenajea en Misterioso asesinato en Manhattan.       

Daves, Delmer: Era un buen guionista y director, pero se echó a perder rodando para Warner Bros. unos films al servicio del mediocre Troy Donahue.

DeMille, Cecil B.: Especialista en películas bíblicas. Dirigía bien a las masas en las secuencias de gran espectáculo.

Desdeñable (Nada): Afirmar con suficiencia, hablando de un film, que es «nada desdeñable» o contiene cosas «nada desdeñables».

Desmitificación: Elemento al parecer imprescindible para que una película con personajes o temas «míticos» sea buena.

Dietrich, Marlene: Sus piernas; se lo debe todo a von Sternberg; la canción «Lili Marlen».

Discutible: El crítico utiliza este término para sugerir que no está de acuerdo con algunos aspectos de la película que comenta, y parece hacerlo con la convicción de que hay cosas indiscutibles. Pero olvida, iay!, que todo es discutible: hasta su opinión.

Disección: La practican algunos cineastas («el film es la disección de… »).

Easy Rider: Fue la película manifiesto de una generación.

Eastwood, Clint: Combinación de clasicismo y modernidad; es el último romántico (acotación personal: he oído hablar de últimos románticos desde que tengo uso de razón: cada año surge uno nuevo); le gusta mucho el jazz; queja de sus fans: antes era denostado por algunos críticos (incluso como actor) y ahora se ha convertido en el cineasta admirado por esos mismos críticos (de nuevo: incluso como actor).

Eiseinstein, S. M.: la secuencia de las escaleras de Odessa es una gran lección de cine; experimentador con el montaje; siempre que se hable de Alexander Nevsky o de lván el terrible hay que hablar también de la música de Prokofiev.

Entomólogo: A tenor del abuso que se hace de este término, parece tratarse de la vocación secreta de muchos cineastas (o de un oficio de reserva: «…con mirada de entomólogo»). Otra opción es el famoso “bisturí” (véase).

Continuará

Tópicos José María Latorre